martes, julio 07, 2009

Jornadas de convivencia

Perdonen mi silencio bloggero pero aún me estoy lamiendo las heridas tras un fin de semana cuya rutina empezó el jueves y se dio por concluida el domingo en condiciones físicas y mentales francamente mejorables. Como sobran las palabras y, sobre todo, los adjetivos, casi mejor ilustrar estos días alejados de toda clase de normalidad/moralidad con un par de instantáneas representativas.

Hay gente que jura haber visto a Hulk Hogan en la sección de lencería femenina del Centro Comercial de Sanchinarro

Si la montaña no va a Mahoma...

Actividades recreativas de fin de semana

jueves, julio 02, 2009

Pichar... discos


Como ya anticipamos ayer, esta noche tendrá lugar una de las celebérrimas sesiones musicales protagonizadas por el trío anteriormente presentado y que, en esta ocasión, será en una de sus residencias habituales: el FotomatónBar de Madrid. Haciendo memoria, me acordé de uno de los descubrimientos a los que nos tiene acostumbrados nuestro admirado Oswaldo Corneluis. Se trata de Lauren Pope, la simpática criatura platina de las imágenes. Resulta que la susudicha tiene un oficio de lo más particular. No queridos, no es el que están pensando. Bueno, igual tiene varios. El caso es que... ¡¡es DJ!! Y claro, desde aquí quiero hacer un llamamiento a los encargados de confeccionar los programas de los garitos más selectos de la capital. ¿No podrían contactar con semejante profesional? Lo digo porque siempre sería un placer poder ejercer plato con plato con una maestra como Pope, experta en el arte de la confección technotrónica y el house tribalero, entre otras especialidades amator... digooo discotequeras. Es una sugerencia, nada más.

¿Ven? No les engañaba...

Nuestra futura maestra envuelta (literal) en una de sus aclamadas sesiones musicales junto a una lugarteniente de semejante factura. Puede que incluso tengan dificultad para distinguirlas.

miércoles, julio 01, 2009

Pinchada en el FotomatónBar



Un soplo: este jueves, un trío a los platos hará las delicias de grandes y pequeños. La pinchada tendrá lugar en el FotomatónBar de Madrid dentro de su habitual programación y abriendo el mes de julio. Ya saben, no deben perdérselo, son de fiar. ¡El trío es salud!

sábado, junio 20, 2009

Errol Flynn, el pianista


Por encima de todos, Errol Flynn. Hoy Errol Flynn hubiera cumplido 100 añitos. Y si estuviera entre nosotros lo celebraría garrota en mano. O pene en mano aporreando un piano de cola, valga la redundancia. Aunque está bien claro que un personaje como él no podía sobrevivir mucho más de lo que ya buenamente hizo. Hace 50 años, cuando tenía 50 años, su corazón se paró. Y eso no lo pudo aguantar ni este machote. Claro, se murió.
Precisamente ahora que la calma chica de la siesta recuerda lo propicia que nos era para fantasear con mundos de mosqueteros, indios y piratas, y precisamente que en este sábado sabadete tuesto mis carnes morenas al sol de Formentera, cierro los ojos y me imagino al capitán Blood asomado a la cubierta de un gran velero, con sus ricitos de oro al viento y su media sonrisa de pícaro –o cabrón, como gusten- dibujada en la cara. Pero no fue este advenedizo filibustero el que marcó un antes y un después de mi infancia al borde de un viejo televisor en blanco y negro. Ni siquiera el militar de La carga de la brigada ligera. Ni el general Custer de Murieron con las botas puestas. Puede que decir que lo hizo su Robin Hood sea un topicazo, pero así fue. Porque a estas alturas, con unos cuantos kilómetros de celuloide en mi chepa, creo que esa sigue siendo la película que más veces he visto en mi vida. O al menos a la que más cariño tengo. No recuerdo la primera vez que contemplé a Flynn en mallas verdes –bueno, grises- pero sí tengo marcadas a fuego muchas de las noches en las que me acompañaron sus aventuras, que así se llamaba con precisión la peli de Curtiz: Las aventuras de Robin Hood, mi personaje favorito de la historia gracias a nuestro héroe. A Errol Flynn, quiero decir, aunque ya no sé quien sino él puede asociarse al justiciero de Sherwood. Recuerdo las noches del cine de verano de La Chopera, en El Retiro. No una, ni dos. Recuerdo el olor a tierra y a bocadillo. Recuerdo también las noches de un desangelado pueblo manchego –el de mi padre- en un caserón al calor del brasero y de una gran tele también en blanco y negro. O al menos así recuerdo por siempre a Errol Flynn y a Olivia de Havilland, en blanco y negro, a pesar de que luego los pintaran de colores pop y pudiera por fin ver el del tremendo pijama que se gastaba el mozo. ¿Os he contado que yo destrocé uno mío para que pudiera parecerse al de Robin Hood, con flecos y todo? Ejem, los niños que son muy majos. El caso es que para mí representa, mejor que cualquier otro, desde Burt Lancaster a Bogart, desde John Wayne a Anthony Quinn, la emoción más grande que el cine me haya podido nunca proporcionar: la emoción de la libertad absoluta. La aventura por antonomasia. La infancia como tesoro. Errol Flynn no fue el mejor actor ni hizo las mejores películas. Simplemente fue un hombre que vivió la vida como pocos, la devoró, traspasó su pantalla e impartió magisterio sobre cómo seducir al lado más hedonista de nosotros mismos. Su sonrisa bajo el bigotillo le delataba: él sabía cosas que nosotros sólo podíamos imaginar. La fantasía del cine es eso.


miércoles, junio 17, 2009

Los rostros de un actor gordo y feo

Una chati belga va a que le tatúen tres estrellitas bajo el ojo. Se queda frita y cuando se levanta descubre que le han tatuado 56 estrellitas por toda la cara. Ehhhh… Perdón, estoy leyendo las noticias de alcance del día. A lo que iba. Con The Boat That Rocked todavía en mi memoria me apetece reservar un pequeño espacio al actor Philip Seymour Hoffman, uno de esos secundarios con físico –casi al estilo de los comicastros teatrales- que, poco a poco, van demostrando su imparable potencial para bordar papeles con enjundia. La pregunta es: ¿con cuál de sus mejores personajes se quedan? ¿Con el Lester Bangs que enloquece escuchando a Iggy Pop? ¿Con el clon de Capote? ¿Con el tímido homo de Boogie Nights? ¿Con el oscuro y enfermizo hombre de negocios de Antes que el diablo sepa que has muerto? ¿O con el delirante espía de origen griego de La guerra de Charlie Wilson? ¿Con otros? No es un galán, pero es un grande.
Elijan su hombre favorito de la siguiente galería.

Scotty J. (Boogie Nights)

Lester Bangs (Almost Famous)

Wilson Joel (Love Liza)

Truman Capote (Capote)

Andy Hanson (Before the Devil Knows You're Dead)

Gust Avrakotos (Charlie Wilson's War)

The Count (The Boat That Rocked)

lunes, junio 15, 2009

Las estrellas de ayer

Esta madrugada había programado mi despertador para no perderme el final del partido baloncestístico del año. Baloncestístico. Una palabra guay. Pues a medianoche he mandado al cuerno esos planes y he dormido a pierna suelta sin sobresaltos. Hace unos años, con Gasol o sin él, no me lo hubiera perdido. Ahora que tengo mi bonita pantalla plana al otro lado del pasillo y que el mundo entero entra por ella, la cosa ha perdido cierto encanto. El que tenía, por ejemplo, aquellas finales de cuando éramos más jóvenes, de cuando nos fabricábamos nuestras propias canastas con una simple percha del armario, de cuando Ramón Trecet era nuestro gurú, de cuando Fernando Martín era un señor muy alto y muy serio, de cuando Magic y Bird eran seres inalcanzables y Abdul-Jabbar una criatura extraterrestre oriundo de ese planeta llamado Estados Unidos.

martes, junio 09, 2009

Vidas corrientes: un día en la historia de Mötley Crüe



Ya estamos en un dilema habitual: trapiñarme su autobiografía (Trapos Sucios) o dosificarla para que el placer sea más largo. Al grano.
Pongamos que nuestros cuatro bandarras favoritos están de gira con su adorado Ozzy Orbourne. Una noche de farra en el autobús para llegar a una nueva ciudad donde volver a liarla parda…

En una ocasión, esa ciudad resultó ser Lakeland, Florida. Salimos del bus bajo el calor de la mañana, y nos fuimos directos al bar, el cual estaba separado de la piscina por una ventana de cristal. Ozzy se quitó los pantalones y metió un billete de un dólar en su raja del culo, entonces entró en el bar, y ofreció el billete a cada pareja que había dentro. Cuando una mujer mayor comenzó a maldecirlo, Ozzy cogió su bolso y comenzó a correr. Volvió a la piscina si ropa excepto con un minúsculo vestidito que había encontrado en el bolso de la anciana. Nos descojonábamos, sin estar muy seguros si sus travesuras eran fruto de un perverso sentido del humor o de un severo caso de esquizofrenia. Cada vez más, tiendo a pensar lo último. Allí estábamos todos, con camisetas y pantalones de cuero, Ozzy con su vestido, cuando de repente me dio un codazo.

"Hey, colega, me apetece meterme un tiro".
"Colega", dije, "nos hemos quedado sin coca. Quizá puedo enviar al conductor del bus a por más". "Dame el cilindro", dijo, sin inmutarse. "Pero, colega, no hay polvo". "Dame el cilindro. Tengo un antojo".
Le pasé el cilindro, y se fue hacia una grieta en la acera, agachándose sobre ella. Vi una larga columna de hormigas, marchando hacia una pequeña trinchera de arena construida justo donde el pavimento se topa con la porquería. Y mientras pensaba, "No, no lo hará", lo hizo. Puso el cilindro en su nariz y, con su desnudo blanco culo saliendo de debajo del vestido como una tajada de melón, tragó la columna entera de hormigas usando su nariz con una sola y monstruosa aspiración.
Se levantó, echó hacia atrás su cabeza, y terminó con una poderosa esnifada derecha que probablemente envió a una o dos hormigas descarriadas hacia el fondo de su garganta. Entonces se levantó el vestido, se sacó la polla y comenzó a mear en el pavimento. Sin ni siquiera mirar a la creciente audiencia (todo el mundo del tour lo estaba mirando, mientras la vieja señora y las familias en la piscina pretendían simular que no), se agachó, y metiendo el empapando vestido en el charco, lo lamió. No sólo lo rozó con su lengua, sino que dio una docena de largos, persistentes y sonoros lametones, como un gato. Entonces se levantó, ojos llameantes y boca húmeda de orina, me miró y dijo "!Haz lo mismo, Sixx¡".
Tragué saliva y comencé a sudar. Pero este era un reto que no podía rechazar. Después de todo, el había hecho mucho por Mötley Crüe. Y, si queríamos mantener nuestra reputación como la banda más cretina del rock, no podía echarme atrás, no con todo el mundo mirando. Me desabroché los pantalones, saqué mi polla delante de todo el mundo en el bar y en la piscina. "Me importa una mierda", pensé para darme coraje mientras creaba mi charco. "Chuparé mi meado, que más da, viene de mi cuerpo de todas formas."
Pero cuando me agaché para terminar lo que había comenzado, Ozzy apareció y me apartó. Allí estaba él, a cuatro patas delante de mí, lamiendo mi meada. Levanté mis manos: "Tú ganas", dije.
Y lo hizo: a partir de ese momento siempre sabríamos que, estuviéramos donde estuviéramos, fuera lo que fuera lo que hiciéramos, habría siempre alguien más enfermo y desagradable que todos nosotros.


Amén. Próximamente les ilustraremos con nuevas anécdotas y chascarrillos de este grupillo de parroquia.