miércoles, marzo 17, 2010

Los sesenta son moda



Hace unas semanas esta bitácora sacaba su lado más homo al rendirse a las gracias de George Clooney (por cierto, impagable verlo con bigotito y pelo largo haciendo de joven aprendiz de soldado hippie en Los hombres que miraban fijamente a las cabras). Pues bien, hoy este espacio tan machote y varonil vuelve a ponerse fino. Pero así nos las gastamos, somos capaces de destacar el nuevo álbum de Los Chicos (el mejor grupo cutre de la actualidad garagera) como el disco de la semana y al mismo tiempo hablar de algo tan opuesto como el look de una peli gayer tipo A single man. Que conste que cuando digo gayer es con todo el cariño, entendiendo que la historia que cuenta Tom Ford a partir de la novela de Christopher Isherwood es universal y no sólo afecta a una minoría concreta. Con todo, la minoría –descrita como aquella que produce temor en la mayoría- es parte esencial del relato, tanto intelectual como estéticamente. Pero más que destripar el argumento y las claves del guión de la película, prefiero centrarme en las apariencias. El esteta que llevo dentro (sin risas, por favor, que esto es muy serio) me atrajo a la sala de cine de la misma manera que me engancha a la pantalla de mi tele cuando echan Gilda (ayer mismo, sin ir más lejos) o cuando dan Mad Men, tramas aparte. Precisamente la serie de la HBO comparte tiempo con la peli del estrábico diseñador, aunque no espacio. Los primeros sesenta, en un caso en Manhattan y alrededores, en el otro en la soleada Los Angeles. Si en Mad Men podemos hablar de cierta atmósfera opresiva dibujada a través de claroscuros, de casas unifamiliares de suburbio de clase media, en A Single Man la atmósfera se tiñe en ocasiones de cálidos y favorecedores atardeceres al tiempo que los instantes más sombríos se dibujan con una exquisita sofisticación. Encuadres perfectos, vestuario a medida, viviendas de revista, belleza estomagante... No es lo mismo prepararse una copa en la cocina de Don Draper que hacerlo en el salón multicolor de Charley (Julianne Moore). No es lo mismo un revolcón en el camastro de alguna de las queridas ocasionales del héroe publicista que un revolcón en el dormitorio del profesor George Falconer (Colin Firth), practiquemos el sexo con quien lo practiquemos. Cada uno tendrá sus preferencias (visuales, me refiero). El caso es que ambos responden a dos ejercicios de virtuosismo escenográfico. Pero claro, entre ambas orillas, el abismo polvoriento, todo hay que decirlo, salvando las consiguientes excepciones metropolitanas de un país-continente. En cualquier caso, aquellos cincuenta y sesenta fueron aquellos maravillosos años. Recordémoslos escuchando el Manhattan de Ella Fitzgerald mientras nos servimos un dry martini y fumamos lucky strikes. Si no, siempre nos quedarán Los Chicos y su sonido apestoso y adictivo.








A continuación, las casas estudio fotografiadas por el gran Julius Shulman, fallecido el año pasado:




lunes, marzo 08, 2010

La vigencia de los mitos

La casualidad quiere que días después de asistir en El Matadero de Madrid a la obra de Tom Stoppard, Rock ’n’ Roll, el diario El País refleje la publicación del libro Bandera Roja en el que David Priestland reflexiona sobre las causas del fracaso del comunismo. Las contradicciones del sistema, la distancia entre teoría y puesta en práctica, la rigidez del dogma, la grisura de un mundo incapaz de imponer realidad moderna y, sobre todo, la cruenta aplicación de métodos depurativos de la doctrina en las visiones más radicales del catecismo marxista terminó por estrangular su futuro y por sepultar la aspiración de gran parte de aquellos ideales. Estas y otras muchas cuestiones parece abordar el libro de Priestland, al igual que el texto de Stoppard, auténtico renovador de la escena contemporánea y brillante guionista cinematográfico, entre otras muchas facetas de su vida laboral. Y es que al menos el libro, cuyo subtítulo reza Historia política y cultural del comunismo, irrumpe a colación de una ingenua tendencia a pensar que en estos tiempos de crisis global en los que el capitalismo parece tambalearse, tal vez haya espacio y oportunidad para un cambio de estructura, de valores, de sistema. No digo que sea el comunismo la alternativa elegida por esos incautos que creen ver luz en tanto drama financiero, pero sí que es el capitalismo el modelo que creen ver ajusticiado. Pobres. Bien claro lo deja Max, el personaje creado por Tom Stoppard para servir de eje dialéctico de la ortodoxia revolucionaria, en un momento de lucidez ya apartado del partido con mayúsculas y cargado de todo el cinismo que proporciona su experiencia: “el capitalismo, como la energía, no se destruye nunca, sólo se transforma”. Es también Max, desde su (des)enfoque pero desde el compromiso con su causa, el que se lamenta del inocuo manejo de la libertad por parte del estrato más bisoño de las sociedades actuales. Esa libertad que ni siquiera se la daba para sí mismo no es nada, a su juicio, en manos de perezosos e ignorantes que se hunden en la molicie frente al televisor. Algo desolador contiene esta reflexión si no fuera porque para muchos la libertad no se sujeta a condiciones por lo que precisamente uno de esos usos tiene que ver con el derecho a no cambiar el mundo, opción imposible de haber marcado en el formulario ministerial al otro lado del muro. Ello no resta significado a la paradoja de los últimos días del viejo Max, tan alejado –es un decir- ya del mito comunista, acomodado –es un decir, también- en tierras británicas recién consagradas al tatcherismo: el “después de tanto, ¿para qué?” frente al orgullo de haber consagrado su vida a algo. Pese a todo, Stoppard fue inmensamente feliz en la Inglaterra de la Swinging London, y el símbolo de aquel grupo de Praga, los Plastic People of the Universe, encarcelado por el régimen al identificar desideologización con subversión, todavía tiene vigencia. El mito de Syd Barrett –una de las inspiraciones de la obra teatral-, más que el de Lenin, también.

miércoles, marzo 03, 2010

Johnny Cash en espíritu

Si en el último post hablábamos precisamente del pasado viernes, resulta que también el pasado viernes un tan Johnny Cash hubiera soplado 78 velas. Un buen día, a pesar de su ausencia, para publicar su disco póstumo, la colaboración definitiva con Rick Rubin, American VI: Ain't No Grave. Escribimos esto mientras lo escuchamos. Otra vez su voz anciana de plegaria sureña. Otra vez su voz palpitando en primer plano y otra vez un torrente de imágenes cuarteadas en blanco y negro y sepia. Paso directamente de las primeras canciones a la última, Aloha Oe, una balada hawaiana estremecedora en su garganta. Vuelvo a For The Good Times, de Kris Kristofferson, a un paso del gigante, y parece como si Cash nos hablara desde el otro lado, sonriente en su dignidad, relativizando su pérdida. Qué más le podemos pedir. Sólo nos queda agradecer una vez más a Rubin su perseverancia y al hombre de negro su mera existencia. ¡Salud!


Aprovechamos la ocasión e incluimos como ya hizo el blog del programa de Radio 3, 180 Grados, el vídeo de Snoop Dogg, My Medicine, un temazo en honor de Johnny Cash publicado en su disco Ego Trippin'. Sí, el viejuno es Willie Nelson. Cosas de Snoop y del country.

lunes, marzo 01, 2010

La memoria de Castro Prieto


El viernes pasado me pasé por el salón de actos del antiguo hospital de Santa María la Rica para asistir a una clase maestra con uno de los popes de la fotografía española, Juan Manuel Castro Prieto. El visionado de un videomontaje con algunas de sus mejores imágenes pasó a una interesante charla en la que este madrileño con más de 30 años de callo reconoció estar desde hace cinco desarrollándose en su verdadera madurez. Enfrascado en varios proyectos con el denominador común de la memoria (fotografía compulsivamente el pueblo de sus padres, fotografía museos...), explicó su paso radical y obligado del blanco y negro al color. Resulta que el hombre ya no ve el mundo en blanco y negro, sencillamente. Durante el coloquio, además de filosofar sobre lo humano y lo divino, también dio tiempo para confesar su protocolo de trabajo (tira en analógico, escanea el negativo y retoca digitalmente el resultado; la utilización de todos los formatos, desde el 35 mm a las placas de 20x25 -este último cacharo le sirve para sus famosos desenfoques selectivos como recursos narrativos relacionados con lo onírico y lo irreal; su rutina es esperar a que pase algo, él no construye puesta en escena...), así como para aligerar la conversación con determinados consejos técnicos. Estas revelaciones le valieron para desmitificar el papel de las cámaras e incluso se atreviera a dar valor a las fotos capturadas con teléfonos móviles. La cámara, en sus manos, no es más que una herramienta de traducción. Sin embargo, no puede evitar reconocer que sin ella él no sería nada. pues sin la fotografía no tendría manera de entablar relación con los demás, algo así como si a cualquier ser humano le extirparan la lengua y le incapacitaran para el lenguaje. Es su defensa de la fotografía como lenguaje autónomo (nunca habló de arte). Dentro de ese lenguaje considera imprescindible la evolución, el cambio constante. Los grandes nunca se acomodan. En su trabajo, por ejemplo, contempla una pérdida de potencia visual en favor de un mayor calado narrativo. Además, en tiempos de la tiranía digital impuesta a golpe de Photoshop, él ha ido rebajando el umbral de dramatismo, algo que permite a sus trabajos más simbólicos y a los últimos proyectos con la memoria como obsesión recurrente atrapar durante más tiempo la mirada del público y, por lo tanto, su reflexión. ¿Prefiere hacer cosquillas que pegar un puñetazo en el estómago?
Les dejo con algunas de sus fotos de sus diarios de viaje por Perú o de su interpretación del hombre ancestral y sin contaminar en algunas tribus de Etiopía. Yo me pongo con los apuntes de Chema Madoz en el canal de televisión de PhotoEspaña.

jueves, febrero 25, 2010

Ilumina a patadas

Ya no hay que cambiar una bombilla fundida o cuidarse de una descarga fatal por un mal casquillo. La Magic Light puede ser una realidad. Miren el vídeo y descubran una fuente de luz aplicable no sólo a una habitación de hotel sino a cualquiera de nuestros hogares. Limpia, segura... y juguetona. Antes de que incluya algunas fotos de las habitaciones zen de Arata Isozaki en el hotel Silken Puerta de América de Madrid, les dejo con este apertivo de iluminación inteligente.

Magic Light Prototype from adrian333 on Vimeo.

martes, febrero 16, 2010

Tony Soprano en el diván

"La prueba es lo que ocurre en el fenómeno de lo unheimlich. Cada vez que, repentinamente, por algún incidente fomentado por el Otro, su imagen en el Otro le parece al sujeto privada de su mirada, se deshace toda la trama de la cadena de la que el sujeto es cautivo en la pulsión escópica, y es el retorno a la angustia más basal."


Esta frase escrita por Jacques Lacan en una de sus obras dedicadas al psicoanálisis y otras muchas plasmadas por él y por los autores -o capos- de Los Soprano Forever, Antimanual de una serie de culto, dan forma a un librito que trata de servir al mismo tiempo de homenaje y enfoque a la serie protagonizada por el gánster gordinflón de Nueva Jersey que nos provoca esa simpatía por el diablo -Tony- que tan bien queda razonada por Noël Carroll, uno de los inquietantes plumillas de esta obra publicada por la editorial Errata Naturae. No podría darse otro acercamiento más recurrente al meollo de este producto televisivo que el que parte desde los significados del inconsciente, amplificando las sesiones a las que Tony Soprano acudía con la doctora Melfi. Lectura densa y complicada como todo volumen donde se destripa al Ello, al deseo, a las imágenes en el espejo o a lo simbólico en relación a lo real o a lo imaginado, Los Soprano Forever cuanto menos es una confirmación más de la hipnosis y adicción que ha provocado la historia de esta familia mafiosa en un buen número de personas y la certeza de que la televisión lleva ocupando los últimos años un lugar de jerarquía respecto al cine -"no pasa semana sin que algún intelectual de renombre diga eso de Si Cervantes/Shakespeare/Austen/Dickens/Dumas/Proust viviera, hoy estaría escribiendo guiones para la HBO"-. En Los Soprano parece encontrase todo: la familia, la religión, la violencia, la abulia, la obesidad, la depresión, el sexo, la política, el cine... Y sus adeptos, enfermos de necesidad, hacen cosas como este libro o, en su defecto, ejercicios tan delirantes como el que se puede encontrar en la web http://www.masterofsoprano.wordpress.com/ donde se analiza pormenorizadamente posibles pistas, indicios o teorías que llevan a la conclusión de un posible asesinato de Tony oculto en el magistral final de la serie. De El Padrino al 11-S, de las inocentes palabras de David Chase a la reconstrucción plano a plano de la última secuencia. Reconozco no haber leído ni la mitad de semejante pajote mental, pero no dudo de su valor testimonial. Pirados hay en todas partes, y Los Soprano generan ese efecto.

jueves, febrero 11, 2010

Quiero ser George Clooney

... o su colega, lo que sea. Vale, es imposible, sobre todo lo de parecerme a él, pero es verdad, ¿por qué no soy capaz de odiar a este señor? Es la encarnación de la perfección y eso debería irritarme, pero ahí tenemos una cualidad más de su impecable paso por el mundo de los vivos. El hombre más atractivo del mundo debería ser otra cosa. Un tonto a las tres, un pringao, un bobo, un ideal consorte de la Spice pija. Pero no, resulta que el señor más atractivo del mundo es un actor genial, con un gran talento para la comedia, es también un buen director de cine, un hombre que sabe rodearse de personas interesantes, y para joder más la estadística, es un progre de tomo y lomo, uno de verdad, un tipo que combina sensatez y algo parecido a la solidaridad o a la sensibilidad por los más desfavorecidos, o algo así. Un asco. Pero nos cae bien.
No hace más que asomar por la pantalla y ya me estoy partiendo. Da igual lo que haga, una media sonrisa de las suyas, un careto de clown, un susurro, un cortejo. Me hace reír, como a las chicas. Qué horror. ¿Dudas en mis sentimientos? No sé, creo que no porque -menos mal- sólo me pasa con él. Clooney, ¡te quiero! Perdón, lo decía en sentido muy machote. Pero es verdad, ayer ví Up in the air y la peli sin ser nada del otro jueves me encantó. ¿Por qué? Por él. Mira que hay herederos de Paul Newman, de Steve McQueen, reencarnaciones de Marlon Brando, imitadores de De Niro o de Pacino. Pero no hay nadie que nos recuerde a Cary Grant. Nadie excepto él. Alguien que no se tome en serio a sí mismo y que al mismo tiempo tenga una personalidad arrolladora, sea un conquistador nato y un tipo creíble. Clooney es todo eso, un actor capaz de salir indemne del ridículo, capaz de enamorar a ella y a él, un vividor al que el traje le sienta muy bien. Cary Grant era así. Eso es muy difícil de imitar.

martes, febrero 09, 2010

Bienvenidos al zoo

La noche temática de La 2 siempre es un buen caladero de freakadas que ponen la palambrera del revés. Mi repentina senectud me permitió plantarme un sábado por la noche delante de su última edición, dedicada al culto a la fama. En una de sus piezas documentales el protagonismo corría a cargo de los reporteros de la prensa rosa norteamericana, en especial un capo de nombre Règis Navarre, ex-corresponsal de Le Monde en la costa oeste y hoy en día responsable de uno de los chiringuitos más rentables de la caza al famoso en Hollywood. Un tipo con un empleo más o menos interesante y respetado que decide abandonar para montar un emporio mucho más jugoso basado en la rapiña, la busca y captura de presas con gafas de sol, la venta de instantáneas capturadas mediante métodos de comando de fuerzas especiales pero cuyos objetos a retratar en vez de ser instalaciones enemigas o puestos estratégicos son celebrities, carne de quirófano deambulando por Sunset Boulevard, paseando el chucho por Melrose o saliendo de un salón de belleza de Rodeo Drive. A su cargo, el tal Navarre tiene un ejército de noventa paparazzi, incluidos videopaparazzi -una nueva raza con nuevas posibilidades- y hasta ¡mendigos a sueldo! Ya se sabe, los homeless son invisibles y resultan ideales para estas misiones. Claro, que una vez que cobran la pasta que su jefe les paga por sus servicios -unas cuantas fotos tiradas desde su puesto anónimo sin ningún conocimiento técnico, ni falta que hace- supongo que dejarán de estar tirados en la calle y abandonarán su condición de invisibilidad social. Bueno, el caso es que como empleador este tipo no tiene precio. Tipo inteligente, a buen seguro con inquietudes que van más allá del despiadado ejercicio de su ruin trabajo, consciente de la banalidad del contenido de su rutina diaria pero capacitado para montar un operativo tecnológico que consigue optimizar su pequeña gran industria. Cómo mola ser bueno en algo estúpido, me pregunto. Despojarse de todo escrúpulo y arrojarse a la selva que en este caso representa la ciudad de Los Ángeles, posiblemente la más hostil y deshumanizada del mundo libre. Persecuciones, accidentes, peleas entre los reporteros a guantazo limpio en plena calle... Todo vale, absolutamente todo por pescar la exclusiva. La primera foto de la calva de Britney Spears y adiós competencia. Precisamente una de las escenas más espeluznantes de lo visto en el programa tiene que ver con esta número uno del ranking, justo en el momento en el que se afeita la cabeza. Un chivatazo y uno de los mercenarios del teleobjetivo tira unos cuantos disparos. La gente se agolpa en la calle. Ahora la freak de las freaks se está haciendo un tatuaje. Los medios empiezan a lanzar sus flashes. Las teles enfocan a sus reporteras recauchutadas porque la noticia es una bomba. Decenas y decenas de personas esperan la salida de la cantante. Todos están pirados, los de dentro y los de fuera de la jaula. La presa sale y se introduce en su vehículo escoltado por gorilas. El episodio se convierte en un pelotazo para la agencia de Règis Navarre. Las revistas y programas de todo el mundo pagan cantidades millonarias por las imágenes. Esto se ha convertido en un LA Confidential con cero glamour. Una mirada oligofrénica de la mujer de Beckham y un par de balbuceos en un aeropuerto o a la entrada de una boutique valen un dineral. Un trote con las cachas al aire de Paris Hilton otro tanto.

Como escribía el otro día en El País Barbara Celis acerca del misterioso Salinger, el raro no era él por querer huir de los horrores del mundo convencional, los raros son los otros, los que se apostaban delante de su casa para poder verle un segundo. Él no quería formar parte del zoo.


viernes, febrero 05, 2010

Pecado mortal

Antes de nada, saludos y disculpas por el abandono al que he sometido a este foro durante los últimos días. La razón de peso es una razón viajera además de mis escasas ganas por conectarme a la red desde latitudes lejanas. Qué saludable es la desconexión total, ya sea virtual o real, el romper el hilo que te une con la información, con el día a día, con (glups!) las redes sociales, con los medios de comunicación que te dispensan la dosis rutinaria de datos y malos rollos, esos pildorazos que sacian nuestra sed de querer formar parte de un todo interconectado en forma de sociedad moderna. Qué coño, qué bien sienta no encender la televisión en diez días. Luego llegas a casa, abatido por un agotador periplo de aviones y escalas, y es lo primero que haces. Porque es tu instinto. La llamada de la selva catódica. La dronga hertziana. Y vuelves al mundo de siempre, despiertas del letargo. Los gilis de toda la vida no se han cogido vacaciones, siguen ahí al pie del cañón. Las noticias de siempre siguen ahí. Los males no cesan. En fin, que ya estamos listos para continuar con nuestro rol dentro de esta maquinaria dulce que nos hace ser fuertes en la gran ciudad. Qué fea es la gran ciudad, por cierto. Bueno, que seguimos en crisis, ¿no? Vale, que no me entere yo que ha cambiado algo.

Los niños en el parque

Tras este pequeño desahogo, el verdadero motivo de este post era el de reflexionar sobre un sentimiento que me asalta de vez en cuando. Es malo que te cagas y se llama envidia. Hace unas semanas me corroyó un poco cuando ví a algunos de mis colegas cuadrarse un conciertazo en la sala Boite de Madrid. Esta noche preveo sentir algo parecido cuando los niñatos de los Arctic Monkeys hagan de las suyas en el Palacio de Vistalegre. Porque no puedo evitar sangrar por dentro al ver cómo unos tipos con espinillas hacen musicota como el que lava, y me da en la nariz que una cosa es verlos y escucharlos enlatados y otra tenerlos enfrente. Nunca he sentido envidia de Elvis Presley. Ser como él sería insoportable, una auténtica movida. Pero ser un pelín como Alex Turner y ser capaz de hacer un disco como el que esta semana reseñamos en la columna derecha del blog debe ser la hostia. Desde luego, no le deseo todo el bien que quisiera para mí si estuviera en su lugar. Porque la envidia sólo puede ser así, asquerosa y sucia. Eso nos hace más humanos. Dicen.

Los niños quieren ir de guapos. ¡Pues no lo son! Hombre, por favor, sólo faltaba eso

jueves, enero 21, 2010

La lista de la compra


-Hash afgano
-Galletas de hash con chocolate suministradas en paquetes etiquetados
-Cocaína peruana en copos, como esquirlas de coca nacarada. Con un gramo se llenaban dos frascos de un gramos.
-Cocaína boliviana en roca, dura y pura.
-Cocaína "chicle", una sustancia levemente rasácea que olía como el chicle.
-Marihuana colombiana, a 50 dólares la onza.
-Hierba thai: hojas de marihuana de Tailandia envuelta en palitos -la mejor hierba y la más de díficil de conseguir-, a 150 dólares la onza.
-Marihuana californiana sin semilla.
-Marihuana mexicana con semillitas.
-Marihuana hawaiana.
-Setas alucinógenas en bolsas grandes.
-Surtido de drogas en bolsitas de 10 dólares: una mezcla cuya composición desconocía el comprador.

Este es el listado de estupefacientes que se podían adquirir en una de las fiestas relatadas en Wired: The Short Life and Fast Times of John Belushi, editado en España el año pasado bajo el título Como una moto. La vida galopante de Jon Belushi. Está claro que ya no se hacen fiestas como las de antes.

martes, enero 19, 2010

Diferencias

En 1989 un terremoto 6.9 grados en la escala Richter sacudió la bahía de San Francisco. Fallecieron 62 personas. En 2010, un terremoto de similar magnitud hizo desaparecer Haití. Todavía hay gente que cree que las mayores catástrofes humanas son consecuencia de la acción de la naturaleza.

viernes, enero 15, 2010

Habita, hotel del 2010

Ya hemos hablado alguna vez de la cadena mexicana Habita, un grupo hotelero que lidera la apuesta del país por la renovación estética y conceptual de su paisaje arquitectónico y social. La Purificadora, Condesa df, Deseo... Nombres sugerentes para unos hoteles que rejuvenecen la alianza de México con sus propias raíces culturales. La vanguardia no se desliga de la potente imaginería de un pueblo con un talento innato para el diseño. Bien, pues Wallpaper, la biblia del diseño, acaba de incluir al hotel Habita como el mejor hotel dentro de sus Design Awards 2010.

viernes, enero 08, 2010

Garotas y comunismo

Aún os quedan unas horas para visitar la exposición dedicada en la Fundación Telefónica de Madrid a la obra del arquitecto Oscar Niemeyer. Podríamos decir que este mozalbete de 102 años recién cumplidos es un hombre que por ahora trasciende su trabajo, pues una vida tan longeva refleja más arrugas y pliegues que las que puedan exhibir todavía sus esbeltas construcciones, aún jóvenes y modernas. De su primer boceto allá por 1936, junto a Le Corbusier para el Ministerio de Educación y Sanidad de Río, a los más recientes, todavía en curso y sobre el papel, la exposición hace un conciso repaso de vida y obra -lástima la reducida escala de las maquetas mostradas, algunas merecerían mayor tamaño-, si ambas pueden desligarse. Su visión sensual de la vida, su obsesión por la belleza femenina o esa mirada constante a los morros del paisaje de su Río de Janeiro se plasman al idear un mundo de curvas en conflicto con el estatismo de la arquitectura racionalista. Maestro de cúpulas, cubiertas y pasarelas, Niemeyer ha exprimido las posibilidades del hormigón como elemento estructural básico, flexible y moldeable, llevándolo a límites nunca practicados con anterioridad. Ligereza y sencillez son esenciales en su visión, de ahí la necesidad siempre de liberar a sus edificios de la mayor parte de apoyos lógicos para cualquier otro arquitecto. El rojo simboliza, como su color favorito, la pasión con la que sigue abordando cada proyecto, aunque cada vez le quede menos aliento. La búsqueda del ideal de belleza no ha cesado, tal vez por esa fidelidad a sus principios que le lleva a afirmar con descaro que “la vida es más importante que la arquitectura” o que “la vida es la mujer de al lado y que sea lo que Dios quiera”. La misma labia con la que se desmarca de toda falsa modestia al ser consciente de sus logros o la misma falta de escrúpulos al escupir por esa boca todo aquello que le viene en gana. Por algo me sigue recordando a Marlon Brando, por tener esa misma presencia física intimidante, y por guardar la misma capacidad para no hacer prisioneros. Así no se corta al tratar de imbéciles a las autoridades de Sao Paulo por maltratar su proyecto del parque de Ibirapuera. Y es que no todo el mundo llega a entender su particular concepción del arte que practica como si fuera una ideología: la universalización de los espacios. Por ahora le queda cuerda para rato, pues pronto veremos alumbrar nuevos edificios blancos y sinuosos. El Centro Cultural Internacional de Avilés, el de Valparaíso, la Catedral de Cristo Rey de Belo Horizonte, el Centro de la Música en Rosario… Suma y sigue.



lunes, enero 04, 2010

Empieza el año a ritmo de chic&basic

Bonito título promocional nos hemos gastado para inaugurar el nuevo curso. No nos llevamos comisión, que conste, pero nos pone la nueva radio online de la cadena hotelera chic&basic. Pincha en ella, como casi todo lo que hacen estos tipos, lo hacen bien y con gusto.

martes, diciembre 29, 2009

Valor por el nuevo año

Bee on lips

Me despido des ustedes hasta el año que viene con una impactante foto del maestro Irving Penn para Vogue, perteneciente a su preciosa obra Still Life, un regalazo para estas Navidades. ¿A cuento de qué esta foto?, se preguntarán. A cuento de nada. La pego ahora porque me da la gana, el blog es mío y hago de mi capa un sayo, faltaría más.
Los que me conocen saben lo inquietante que puede ser para mí la situación mostrada en la imagen, por lo que reproducirla ahora bien puede valer a modo de declaración de intenciones para el año futuro: ser aún más valiente de lo que soy, si es que eso es posible. Lo dicho, que ustedes la entren y la saquen bien. ¡Salud!

miércoles, diciembre 23, 2009

¿Hay algo más?

Llevaba unos días entre la ansiedad y la represión por acercarme al final de la serie de televisión que me ha tenido literalmente ocupado un año entero de mi vida. Empecé a ver los primeros capítulos del Ala Oeste de la Casa Blanca en diciembre de 2008 y, el destino y mi hambre voraz, me han llevado a tener que cerrar su círculo de siete largas temporadas precisamente ahora. Ayer para ser más exactos. Yo no quería, se lo juro, pero resulta que la ficción también tiene un final, por mucho que puedas rebobinarla una y otra vez, dilatar su último aliento, repetir el penúltimo diálogo o retardar el fotograma de adiós. Hay un momento en que la gente coge sus bártulos y te deja con cara de tonto plantado en el sofá, sin poder reaccionar, sin tiempo para recobrar la compostura, como mucho con la gracia bondadosa de poder empezar de nuevo como el que no quiere la cosa, como si los personajes que aparecen en la pantalla te fueran presentados por primera vez, así por sorpresa.
Pero lo que es imposible es poder rellenar eso que se ha venido extendiendo en foros y conversaciones y que tanto nos ha hecho compartir y que no es otra cosa que un auténtico, real, desasosegante, un poco patético, vacío existencial. Un agujero en la boca del estómago que con el fundido a negro definitivo te lleva a preguntarte: ¿Y ahora qué? Una película puede marcarte para siempre pero sus tiempos son distintos. Con una serie de televisión, sus historias y las criaturas que las protagonizan avanzan contigo casi en tiempo real, se cuelan en tu vida cotidiana, rellenan huecos libres y ocupan el resto viviendo en tu mente, esperando a que se les de cuerda en el próximo capítulo. Desprenderse de todo esto no es agradable.
Mi consuelo es no haberme asomado todavía a The Wire, un mundo que me espera y en el que pienso zambullirme a modo de terapia y así desengancharme de este mono cruel, que fue desperezado por primera vez a mediados de la última temporada de la serie con una doble desaparición, la del actor John Spencer y, consiguientemente, la de su personaje Leo McGarry. La muerte de ambos funcionó como un triste anticipo de la paulatina despedida de todos y cada uno de esos rostros y voces que te han acompañado durante tantos ratos, ratos convertidos en vida producto de una obsesión, la del espectador con la ficción.
A estas alturas sobra halagar la sofisticación del producto facturado por el genio de Aaron Sorkin, no pienso haceros perder el tiempo con pajas mentales acerca de la complejidad de su puesta en escena, de la brillantez de su guión, de la solvencia de su reparto, de la potencia de alguna de sus ideas o, incluso de su capacidad premonitoria que en ocasiones nos hace mirar a ese extraño país de reojo pensando: “¿será capaz de guiar sus pasos siguiendo un guión televisivo?” No, como buen yonqui podría pontificar sobre el placer causado por cada dosis pero prefiero hacerme el sentimental, acordarme una vez más de estos tipos que han formado parte de mi vida y que desgraciadamente ya no volverán a ella.


Homenaje: momento en el que John Spencer ganó un Emmy por su papel en The West Wing. Gracias a la información del blog de Ángela Armero, incluida la transcripción de las palabras de agradecimiento del actor.

martes, diciembre 22, 2009

Menuda Misa del Gallo

Escondido por tradición y prescripción facultativa de la jarana navideña, hecho un ovillo en mi residencia de invierno, con las ventanas tapiadas y enfundado en batín y pañuelo de cuello, escribo estas líneas mientras prenso tabaco en mi pipa de madera holandesa. Hasta lucimos por unos días un hermoso y tupido bigote con el que por fin podemos entonar eso de: "soy un truhán, soy un señor". Cof, cof... En fin, al lío. Hace unas semanas nos hacíamos eco del impactante diseño de la iglesia de Santa Mónica de Rivas Vaciamadrid, premiada el año pasado por la revista Wallpaper como el Mejor diseño de iglesias. Pues bien, la última edición Swarovski Elle, en la que la Pataki nos muestra su buena salud abrigada tan sólo por una paella de pedrería, seleccionó un puñado de templos que a más de uno puede hacerle replantearse su agnosticismo. En estas fechas tan espirituales, en las que la gente es buena, pero buena, buena de verdad, qué mejores lugares para refugiarse del temporal consumista. Del salón a la iglesia y de la iglesia a la cama. Así debería ser. Estas son algunas iglesias que con su diseño intentan acercarnos a Dios:

CAPILLA FAREWELL (Ljubljana, Eslovenia)

Sinuosa y minimalista, se integra en el paisaje de un cementerio de la capital eslovena.

IGLESIA DE ST. BARTHOLOMEW (Chodovice, República Checa)

Alfombras persas, lámparas de araña y sillas Panton con su cruz perforada en el respaldo contrastan con los fríos desconchones de los muros originales de la iglesia.

IGLESIA-MUSEO DE SAINT PIERRE (Firminy, Francia)

Icono de la arquitectura religiosa, el cono asimétrico de Le Corbusier fue su último proyecto.

CAPILLA DE VALLEACERÓN (Almadenejos, Ciudad Real)

Arquitectura patria, este contenedor de hormigón tensionado en mitad de la nada fue expuesto en el MOMA.

martes, diciembre 15, 2009

Mansa juventud ante Lightning Bolt

Mira por dónde vamos a dejaros con un par de fiestecillas de los cafres de Lightning Bolt. No me digan que mientras escuchan estas dulces melodias no les da por farfullar: morder-sajar-rasgar-machacar-arrancar-masticar-golpear-arjjjjj



lunes, diciembre 14, 2009

Paz en el agujero negro


Ya era hora. Les tengo un tanto abandonados y eso que les prometí saldar una cuenta: hablar del último retiro para el viajero descubierto en nuestra ajada piel de toro. Hablo de un escondite perdido en el vértice formado por las provincias de Tarragona, Castellón y Teruel y que responde al nombre de hotel Consolación. Camino de Monroyo, una pequeña ermita del siglo XIV asoma su espadaña y señala la senda hasta un hotelito recompuesto bajo la inspiración de Craig Ellwood, el arquitecto que revolucionó el concepto del habitáculo doméstico. Desde el armazón barroco de piedra soleada, rellenado de acero y buenos alimentos, hay que adentrarse en un paseo hasta los diez cubos de madera cuperizada instalados de cara a los montes del Matarraña, al borde del abismo. Cada uno de ellos depara una agradable puesta en escena abocada a una terraza íntima y abierta de par en par a la puesta de sol. Una bañera escavada en el piso del dormitorio, una chimenea suspendida del techo, una melodía que sale de la estación de iPod, y una cama desde la que no mover ni un músculo. El espectáculo está ahí fuera. Es Teruel, justo cuando se cumplen 10 años de su grito ahogado de reivindicación metafísica. Existe, se lo juro.


jueves, diciembre 03, 2009

Huir de la realidad

A golpe de esputo y gargajo escribo estas líneas, mientras me invade ese delicioso sopor provocado por una noche de sudores, expectoraciones y delirios. Hasta las piedras más inquebrantables tienen sus fisuras. Pero no se alarmen, saldremos de esta. Pues bien, tal vez mi actual estado se deba a la intensa y prolongada exposición durante la última semana a una suerte de criptonita vulgaris que en su versión genérica podríamos identificar con los medios de comunicación de masas, y que en su versión más nociva lleva por nombre televisión. En ella hemos asistido a demostraciones in fraganti del tongo en el que se basan esos divertidos, interminables pero, a la postre, fraudulentos programas llamados call tv. También hemos comprobado el nivel de periodismo científico y de investigación, a todas luces independiente y por encima de todo, liberal, exhibido desde la plataforma Intereconomía –impagable su campaña anti-condón, trufadita de datos, estadísticas, declaraciones expertas, toneladas de rigor y, bueno, una miaja de racismo y crutrerío patrío-. Medios más serios, sin embargo, tampoco han tenido su mejor semana al no cortarse un cacho en el tratamiento de alguno de los últimos episodios estrella de las crónicas de sucesos. Total, un asesino que igual no lo es tanto. Bah, la tirada ya está justificada, ayer lo petamos y hoy somos víctimas de un sistema que a veces no funciona. Y a otra cosa, mariposa, y si está muerta, casi mejor. Pero en vez de ojipláticos, seguimos en punto muerto, tiramos millas, zapeamos y zapeamos, nos lo comemos todo crudo, hasta el fondo. Joder, no me extraña que últimamente me haya dado por el insomnio…
Por eso, nuestra próxima entrada del blog versará sobre caminos alternativos para huir de la realidad -al menos para huir de Madrid, la ciudad de los costurones eternos gracias a nuestro gran faraón aniquilador, la ciudad del terremoto termonuclear- y, como la apología de las drogas duras sigue sin ser una práctica muy bien vista, recomendaremos un viaje algo diferente, una escapada a uno de los rincones más tonificantes de nuestra piel de toro. No se la pierdan.