miércoles, marzo 28, 2012

Huelga pensar...

Eh, cuidado, que les veo venir, aquí no vamos a lanzar un alegato prohuelguista. Eso es de sufridos currantes de la vida y no nos pone algo tan vulgar. A lo que nos queremos referir con un título tan brillante y tan oportuno es que, aprovechando que mañana nuestro país España se dispone a vivir con alegría una jornada de parón general y que uno vive por ley al margen de la ídem, nos solidarizaremos con la situación y Repámpanos echará el cierre -ja, cómo si no lo hiciera casi a diario- sin temor a piquetes virtuales.

Bueno, al margen de que el título del post haya colado como señuelo, les invitamos a una profunda reflexión. Atentos a las siguientes imágenes impactantes. Creemos que pueden herir sensibilidades córneas y neuronales pero maldita sea, este es un rincón de librepensamiento y todo sea por el librepensamiento. Si no conocen a esta criatura peliteñida que grácilmente se pasea por nuestro blog y por las finas arenas de la playa de Malibú, se la presentamos: responde al nombre de Courtney Stodden. Bien, señores y señoras, desde aquí  les podemos asegurar que esta dulce sirena enfundada en chicloso biquini es REAL. Por lo tanto, TODO, absolutamente TODO lo que ven sus ojos es REAL. No responde a ningún tipo de manipulación gráfica, no hay retoques en Photoshop, no hay trucos, no hay sofisticadas técnicas de alienación visual. No, ella es... así. Sus posturas, su atuendo, sus complementos... Ella es así.

Think pink! Seemingly chanelling Malibu Barbie, the teen bride opted for a pink and grey stripped bikini and pink beach accessories

Les dejamos con unos breves antecedentes antes de que puedan ustedes descansar la vista y el entendimiento, previos a una necesaria reflexión que les podrá llevar todo el día de mañana. Qué mejor manera de vivir el 29-M, nos preguntamos. Total, esta graciosa señorita resulta que no es tal sino que es señora, señora de Doug Hutchinson, un fulano que aparecía en Perdidos. Dicen que es actor. Dicen de ella que es modelo y cantante. Pero amigos todos del juicio y la sensatez, la polémica tiene casi un año de vida ya que en mayo de 2011 esta pareja contrajo matrimonio en Las Vegas bajo una dudosa combinación aleatoria de cifras. Él tenía 51 añazos.  Ella contaba entonces con... ¡16 añitos! Por favor, contemplen la instantánea nupcial... Ejem.



Así que no les costará gran trabajo hacer los cálculos necesarios hasta deducir que la diosa aprendiz de cocina vegana -como ilustra una de las fotografías de esta inenarrable sesión de posado naturalista- tiene en la actualidad... Sí, lo han adivinado. ¡¡¡17 años!!! Válganos el cielo. Qué males asolan nuestra civilización para dar a luz engendros... perdón, mujeres... perdón, bañistas.... sí, bañistas, tan... así. Ahí lo dejamos. Nos embarga una infinita desazón que procuramos haberles transmitido para que tengan un día de huelga entrañable y en familia. Cuando miren a sus hijas, piensen en Courtney. Y en sus tacones playeros.

Brushing up on her reading skills: The teenager also enjoyed a spot of reading, brushing up on her recipes with a Vegan cookbook

martes, marzo 20, 2012

Una de zombies

Necesito que alguien me fumigue la casa de zombies. Hasta octubre voy a tener que dormir con la luz encendida y una pistola bajo la almohada. Sí, amigos, estoy infectado por The Walking Dead. ¿Qué pasa?  


El pasado domingo, el final de la segunda temporada batió récords de audiencia en Estados Unidos. Ayer, la cadena Fox programó el último capítulo para España. Ya el anterior, el número doce titulado Better Angels, puso un broche de inquietud y desasosegante incertidumbre. Necesitábamos un desenlace y alguna respuesta irrenunciable. El capítulo trece, Beside the Dying Fire, ajusta nuestra ansiedad y nos prepara para un mono tiránico de casi siete meses de condena hasta que se estrenen las primeras entregas de la tercera temporada.
The Walking Dead es una serie aparentemente alimenticia, con un guión que patina demasiado a pesar de su fidelidad al cómic de origen, con algunas interpretaciones pasadas de rosca, pero no puedo sino reconocer la adicción siniestra que provoca. Ahí el objetivo funciona. Un apocalipsis zombie cuando ya parecía que el brote de fiebre por el género remitía podría parecer pastoso. Pero no puedo sino reconocer que el look, el score y el maquillaje agarran por las solapas y te cuesta zafarte. Es lo que tiene las historias de supervivencia. Muy malos tienen que ser planteamiento y técnica para que el espectador no se descubra a sí mismo buscando solución a dilemas existenciales, buscando salidas para salvar el pellejo de los caminantes y teniendo espasmos de puro miedito al desastre. El suicidio, el asesinato, la condición humana, los principios, la civilización, la esperanza... Una de zombies, al fin y al cabo.


martes, marzo 06, 2012

Un hotel, una historia

Sólo necesito una buena cama, un baño, un teléfono y un televisor para pasar el rato. 

Así pide consejo de alojamiento el agente Dale Cooper ante la perspectiva de alargar su estancia en el pueblo de los picos gemelos, en el estado Washington. Muy bien, amigos, no era difícil. Hablo de Twin Peaks y de su mejor hotel, el Gran Norte. ¿O era el Gran Hotel del Norte? Al borde de la cascada Snoqualmie, hoy pueden los fans de la serie pernoctar en sus aposentos, rehabilitados con muchos más lujos que en la versión catódica, en un estilo de nuevo lodge alpino, con todo el calor de la tradición maderera que también destila la mítica serie sacada de la masa neuronal de David Lynch. Es el hotel Salish, en realidad a media hora al este de Seattle y a la sombra de las imponentes crestas graníticas del Monte Si. Y es que Lynch sabe mucho de habitaciones de hotel. Sin ir más lejos produjo a mediados de los noventa Hotel Room, una miniserie para la HBO. 

Desde los inicios del cine, la intimidad y el misterio que encierra ese espacio por rellenar que es en realidad un hotel ha sido objeto de maquinaciones al servicio del guión y escenario de líos citando de paso la peli de los Hermanos Marx. Desde el glamour berlinés de entreguerras de Grand Hotel al motel de carretera más famoso, el de Norman Bates. Desde la delirante Four Rooms al rascacielos de un Tokio plomizo en Lost in Translation. Todos tenemos ejemplos. Algunos subyugantes.

Sin ir más lejos, ahora tenemos en cartel el más reciente. Brandon, el torturado personaje que interpreta con magnética sobriedad Michael Fassbender, suele acudir al hotel Standard de Manhattan donde canta su hermana, pirada al alimón. También acude a él para visitar sus exhibicionistas habitaciones acristaladas en compañía de sus ligues o de unas más llevaderas prostitutas. Desde la misma inauguración por el pope André Balazs de este nuevo icono neoyorquino atravesado bajo sus pilares por el High Line, y desde el estreno de Shame, la retorcida cinta de Steve McQueen a la que aludimos, más de una pareja ha jugado al folleteo voyeur en contacto con las cristaleras de suelo a techo.

A muchos nos fascina ese poder inquietante -y no hablamos de huéspedes fantasmas, que también- que puede alojarse en los pasillos, bares, saunas y suites de estos edificios desalmados, dispuestos a ser poseídos por historias anónimas que se pierden en el registro, a menudo falseado. Hoteles vanguardistas en metrópolis del siglo XXI, pensiones de mala muerte, moteles de carreteras secundarias o a pie de autopista nocturna, love hotels y hotelones de montaña perdidos en la nada, esperando a que ocurra algo, a que alguien llegue y se esconda, a que otro le siga y se encuentren, a que todo suceda dentro o a que se prepare con sigilo para lo que fuera pueda esperar. Y a ustedes, ¿también les fascina? Sólo hay que observar desde el coche si el neón anuncia vacancy rooms.



lunes, febrero 13, 2012

Hoy...

Estreno del último capítulo de la Temporada 2 de Boardwalk Empire

martes, enero 24, 2012

La clase, ¡qué clase!

Ay, la clase. Qué concepto más esquivo, más snob también, más difuso a veces, más invocado casi siempre y nulamente conseguido la mayoría del tiempo. Ejemplos: hoy me topo en el blog de Darío Manrique, Prueba de Sonido, con unas imágenes exquisitas de la estrella del momento, el orondo Kim Dotcom. De acuerdo, él nunca quiso tener clase. Ni falta que le ha hecho si ha tenido al alcance de sus lorzas zorronas exóticas, cadillacs rosas, armas de repetición, yates y jets privados. Este tío es la berza.


Claro, la clase ni se compra ni se vende. Eso suele decirse. Al mismo tiempo, abro un correo electrónico y descubro el cartel promocional de un nuevo hallazgo hotelero de la cadena mexicana Habita, un exponente ejemplar de la distinción y la elegancia más cool. Imposible no contrastar ambos mundos.


martes, diciembre 27, 2011

Tony Montana existe


Estos días, Canal Plus está emitiendo un documental facturado en 2006 y que lleva por explícito título Cocaine Cowboys. Se trata de la historia de los violentos años ochenta en Florida, una época que precisamente recuerda al Chicago de los años de la prohibición, la época de los gángsters y de las armas automáticas vaciadas hasta el final en tiroteos salvajes por las calles desprotegidas de la ciudad del viento. Décadas más tarde, en un nuevo contexto de recesión económica en el país, con un alto índice de desempleo, los niveles de criminalidad fueron extrapolados tal cual a latitudes más templadas. El mapa de la droga, con sede neurálgica en las familias del cartel de Medellín, empezaba a reorganizarse. Como antaño el whisky, la cocaína era el nuevo maná y el clan Ochoa focalizó su negocio en tierras yankis en las soleadas palmeras de Miami. Este es el punto de arranque de una película que a una generación que ha crecido con las aventuras de Sonny Crockett y Ricardo Tubbs como la mía le puede impactar sobremanera. Miami Vice sólo fue una tímida postal del ambiente de glamour hortera, puterío y narices deshollinadas que floreció en la primera mitad de los años ochenta. Ni siquiera Tony Montana, una versión excesiva sepultada entre montañas de perico, hace justicia a la realidad. Porque la verdad siempre supera al relato. Aquello fue una guerra a sangre y fuego, con todo lujo de tintes macabros. Pero antes del estallido, los malotes miameros camparon a sus anchas. La policía corrupta o a por uvas. El lujo exhibido sin rubor. El consumo de cocaína disparado hasta contaminarlo todo.


Tenemos en el documental acceso a las declaraciones de algunos de los protagonistas de esta historia de excesos tropicales: Jon Roberts, narco hecho así mismo de frondoso bigotón y que en sus años mozos conducía un deportivo cuya matrícula rezaba "narcotraficante". Mickey Munday, el piloto de pelambrera rubia, un auténtico vaquero que, aunque siempre supo mantener el control, no podía decir que no a los favores de las hermanitas colombianas de sus compadres productores de coca. Jorge "Rivi" Ayala, el sicario, el matón, el asesino a sueldo sin escrúpulos de gatillo fácil. Griselda Blanco, la madrina, la dama de la muerte, la capo de la droga, la más mala de todas y todos, una señora de maldad bíblica. Todas criaturas sórdidas pero reales, decadentes pero en tiempos representantes de la sociedad del pelotazo, todas marcadas por el destino.


En 1983, Brian de Palma se acercó ya con su estilo, y con guión de Oliver Stone, a ese paisaje de pata de elefante y cuellos por encima de la chaqueta, de trajes de lino y oros en el pecho, donde también colgaba el frasquito de farlopa, de aston martins y descapotables, de testarossas blancos, de camisas floreadas y gafas de aviador para ir al hipódromo, de refugiados cubanos tras la expulsión del lumpen por Castro, de arsenal escondido en el maletero, de modelos drogadictas, de lavabos de discotecas ocupados por abogados, políticos y mafiosillos, de fardos y fajos, de coca y dólares, mucha coca y muchos más dólares. Pero Cocaine Cowboys no es una película de ficción. Es Miami años 80, una ciudad a todo color. Blanco (droga), rojo (sangre) y verde (pasta).






Un aperitivo...

jueves, diciembre 22, 2011

Pasos de claqué

Vivimos tiempos difíciles. Es uno de los mantras de este Repámpanos. Saludamos a nuestra alcaldesa con todo respeto cuando las hordas acuden en masa a las salas de cine ansiosas por lucir ojos verdes y rojos y poder así lanzarse al frenesí de emociones que el formato 3D les promete. Un tobogán trepidante del todo tridimensional. Ya sea Tintín, ya sea El Gato con Botas, ya sea Pirañas 3D, película ésta de alto contenido gore que casi me da la digestión hace no muchas noches. Advertencia: este homenaje al cine de terror marino adolescente es teóricamente muy palomitero, pero recomiendo su visionado con el estómago vacío. Eso sí, la mera presencia de Kelly Brook ya merece unas cuantas arcadas. Total, todo esta divagación previa proviene de la necesidad de clamar por esa maravilla llamada The Artist, la peli franchute, mudita y en blanco y negro de la que la gente tanto habla. Gocen con ella, y si no sienten nada no es que estén vacíos por dentro y sean unos destemplados, es que no les gusta el cine. Asín de clarinete. No ya por demostrar la potencia del cine pre-sonoro, es decir, cine de esencia, reducido a lo que es: imagen más imagen. También por haber tenido el buen gusto de incluir como broche final un delicioso número de claqué. Porque efectivamente, queridos lectores, soy un tremendo fan del claqué. ¿Qué pasa? He crecido viendo toneladas de cine mudo. Y no soy tan canoso, ni mucho menos. Era lo que tocaba: Charles Chaplin, Buster Keaton, Harold Lloyd, Laurel & Hardy... Sobre todo, un chorro de slapstick comedy entre pelis sonoras de indios y vaqueros, de espadachines, de piratas... Buenos tiempos para los niños en hora de siesta. Y, mientras jugábamos con floretes artificiales y trabucos de filibustero de palo, se colaban Fred Astaire y Ginger Rogers con frac y vestido de noche, una pareja viejuna, mucho, pero quién no ha querido bailar como ellos. Joder, cómo bailaban... Cómo bailaba también Gene Kelly, con sus coreografías endiabladas y su sonrisa profident. La misma que hace "clinkkk" al ser esbozada por Jean Dujardin, el actor que borda el papel protagonista de The Artist. Una sonriosa mezcla entre la de Kelly y la de Errol Flynn. ¿Qué más se puede pedir? Una pizca de luz en tiempos sombríos.


PD. Aprovecho el momento para felicitar a Mr. Spielberg. El Rey Midas cumplió el pasado 18 de diciembre 65 añazos. Él forma parte de todo lo que acabo de contar. No es coetáneo de las estrellas del Hollywood dorado, él pertenece a la generación de los rebeldes, pero él sabe de magia. Lo sabe todo.
Álex de la Iglesia publicó este tuit: "Hoy Spielberg cumple 65 años. Y todavia recuerdo con 10 años mi careto petrificado viendo Tiburón en el estreno. #dioslebendigaporsiempre." Cambio yo Tiburón y pongo E.T. Tal cual. 

miércoles, noviembre 30, 2011

Al rico pussy


La lujosa editorial Taschen culmina su colección más anatómica y guarrindonga. Tras el tributo rendido al trasero, a las piernas y a los senos femeninos, lanza The Big Book os Pussy, un bonito e ilustrativo tratado sobre el origen del hombre; esto es, la vulva en primer plano, antropológica, conceptual, cultural y fotográficamente. Las partes pudendas de un buen número de señoritas desde todo tipo de ángulos. Las acrobacias de Mouse, artista vaginal. El fotógrafo Terry Richardson chapoteando en su salsa. La exuberancia de Vanessa del Río... Disfrútenlo. Se les hará la boca agua...

miércoles, noviembre 16, 2011

El oscuro guerrero del rock and roll

Delicioso.
En este vídeo publicado por la revista digital Vice para la serie On the Road de Marshall Headphones, el líder de Eagles of Death Metal, Jesse Hughes, nos presenta a Hutch, el brujo de Queens of the Stone Age, su puto rodie, el último y confesable secreto de la potencia y calidad de cada uno de los conciertos de la banda de Josh Homme.



No perderse el resto de los vídeos.

miércoles, noviembre 02, 2011

Pornotectura

Hoy sería día de dar cuenta de nuestras andanzas en Jalogüin o de nuestras impresiones tras el concierto de Wilco ayer por la noche en Madrid. Sin embargo, nos desmarcamos con esto mucho menos pegado a la actualidad.

Vía Edgar González accedimos hace meses, dentro de su sección de los vídeoviernes, a esta sugerente sucesión de imágenes protagonizadas por la actriz porno Sasha Grey y la célebre casa angelina Chemosphere de John Lautner. La música la pone la californiana Chelsea Wolfe y el clip resultante dirigido por Richard Philips está auspiciado por la Gagosian Gallery de Beverly Hills.


SASHA GREY from V Magazine on Vimeo.

lunes, octubre 24, 2011

La vida como género negro



Últimamente se agolpan noticias y situaciones en las que la negrura como tinte de la realidad parece querer protagonizar nuestras vidas. En estos días convulsos -¿alguien sabe desde cuándo no se puede encabezar esto con "en estos días plácidos"?- aparece publicada, por ejemplo, una columna de Enric González con el título de Expiación en el nuevo medio digital Jot Down. En ella, el flamante fichaje afirma sentirse más cercano a los que, una vez pringados hasta los codos, sienten la tierra quebrarse bajo sus pies, que a esos otros orgullosos e íntegros de sus maniobras y faenas de aliño. Da en el clavo el corresponsal metido a analista de lo humano y lo divino cuando detecta los síntomas de los que a buen seguro han traspasado la línea roja y diagnostica a los que parece no enterarse de ello o se ufanan al admitirlo.
Este cuadro clínico parece reconocerse en esa película negra como el hollín que ha perpetrado otro Enrique menos finolis, Enrique Urbizu, y que ya sólo el título invita a un viaje a los infiernos de la psique humana y, por descontado, a las calles y antros de toda ciudad que se precie: No habrá paz para los malvados. También lo veo reflejado en Retorno al pasado, ahora que la acabo de revisitar para deleite de mis sentidos gracias al cada vez más apolillado programa de Garci. El noir es el género que mejor imita esta vida de bastidores porque la del escenario no es más que una representación. Por eso, políticos, policías y periodistas, entre otros oficiantes, participan del engrasado de piezas cuyo mecanismo hace funcionar lo que sale en primera plana. Otro enlace casual nos remite a las recientes opiniones de Vargas Llosa acerca de la maestría de la serie policíaca The Wire en Los dioses indiferentes. Ejecutores del aparato, detectives de patilla de hacha o gabardina sin planchar, periodistas "de la vieja guardia"... Ellos son lo que se dan cita en la vida negra como acompañantes del reparto principal: a un lado, las víctimas del sistema, al otro, los vencedores del mismo, sea cual sea. No hay más que ver Margin Call, una película de economía reciente pero con ingredientes de relato negro. Al final, el tiburón permanece. Siempre gana, o al menos, sus pérdidas no lo desbancan de su estatus. Los ejecutores se debaten entre el suicidio, la amargura o el huir hacía delante. Nos fiaremos al menos, si es que nos podemos permitir fiarnos de alguien, de los que tienen problemas para conciliar el sueño por las noches una vez han sido partícipes del mayor crack financiero de nuestra era.      
Si admitimos que los problemas tienen que ser resueltos y pagamos para mirar hacia otro lado mientras otros los resuelven, no podemos pensar que estos utilicen nuestros mismos escrúpulos. La actualidad con cierta banda armada así vuelve a demandarlo. A veces hacer bien el trabajo -ya de por sí esto suena mal, suena a encarguito, a deshacerse del cuerpo del delito, a operación maloliente- implica recibir una margin call, pero en vez del broker, quien pega el telefonazo es la conciencia. Entra entonces el sujeto en el terreno de la fatalidad, muy propio de la historieta negra, aunque no siempre hay una mujer fatal fumando un pitillo bajo el umbral de la puerta. Pringarse es algo muy duro y no puede resolverse con un polvo de borrón y cuenta nueva. Es la vida la que te folletea a su aire y la única exculpación es el mal dormir. Su consecuencia, la soledad. Si no es así, es que das asco de verdad. 

miércoles, octubre 12, 2011

Foto globales

William Klein - Gun 1, New York, 1955. Modified using instagram. View original version here.

Aquí les presentamos un experimento fotográfico de lo más curioso. Mastergram es un proyecto creado por el fotógrafo Andrew Emond en el que aplica los filtros de la app Instagram a un puñado de fotos ilustres del siglo XX. El resultado es sorprendente. Tanto si el espectador reconoce o no cada una de las instantáneas de los maestros, la cosa funciona. El efecto de turno homogeneiza el paso del tiempo y, por ejemplo, una foto de Man Ray parece tomada anteayer. El autor de esta curiosa bitácora publica el enlace para poder visionar la foto original.
La democratización de la fotografía en la última década consigue acercar el arte a nivel usuario. Cada vez es más fácil encontrar blogs y galerías online dedicadas a exhibir la obra personal de aficionados o nuevos profesionales cuyo lenguaje expresivo tiene su propio hueco y su propio discurso. Todo parece más sencillo y accesible. Las posibilidades parecen no tener fin. Mastergram juega con algunas de ellas, herramientas del presente popularizadas en plena revolución digital y aplicadas sobre formatos antiguos. Ejercicio didáctico de presentación que no invalida las célebres fotografías aunque difumine por un momento los soportes primigenios.

Man Ray -Sleeping Woman, 1929 Modified using instagram. View original version here.

Richard Prince - Untitled (Cowboy), 1989. Modified using instagram. View original version here.

lunes, septiembre 12, 2011

Recuerdos y algo más...

En un día como hoy todo el mundo se suma al ejercicio de una moviola entre solemne y morbosa. Lo que pasó hace una década, los acontecimientos que dieron inicio al nuevo milenio, probablemente los más telegénicos y más asombrosos de la historia, todavía parece estar vigente en la piel de un mundo que ha mutado en parte su propia sensibilidad. No en vano, la llaga en el skyline neoyorquino sigue presente y de plena actualidad. Las guerras y conflictos desatados desde entonces no han cesado y, lejos de encontrarse soluciones airosas, el quiste se ha vuelto pústula. Eso sí, Osama ha caído. Sin ser retransmitida a las televisiones de todo el planeta la operación que lo derribó -de la manera más cutre, todo hay que decirlo-, no como la que él llevó a cabo sincronizando telediarios españoles. Hay foto de Obama y Hillary frente a la pantalla, bien atentos al desenlace. Hay foto de la suite doméstica del terrorista, encharcada de su sangre. Pero no hay peli. Como la que -aquí viene mi recuerdo- sintonicé aquel día después de comer, un día normal, tranquilo y plácido de mi entonces vida de parado. Ana Blanco o Matias Prats, a partes iguales, fueron los presentadores de un largometraje al que asistí boquiabierto mientras daba la señal de alarma a mis padres de siesta y a mi novia... bueno, a ella le pegué un telefonazo y no recuerdo su paradero en este momento. Tuve "suerte" de estar desocupado y poder ser testigo en tiempo real de lo que tan lejos sucedía. Incluso me dio por grabar en VHS parte de las espectaculares secuencias, logrando crear un rec-zapping para la posteridad, al que curiosamente el destino decidió esquivar como aviso divino o suerte de justicia poética. La cinta se perdió para siempre. Nunca encontré las imágenes. Debí grabar encima por error y el 11-S casero se esfumó mucho más rápido que el humo negro del cráter que dejó el World Trade Center.

A otra cosa: uno de los hijos más aplicados de ese país en su penúltima generación es James Franco, un bicho rarito que en sus ratos libres se dedica a salir en películas. En horario de trabajo, entre tesis y doctorados, factura proyectos como este: Made in Polaroid. Junto con otros famosetes dedica recursos al mecenazgo de jóvenes fotógrafos.

Esta es una muestra de una de tantas habilidades made in Franco (con perdón del apellido). Sí, el de la foto es él.

miércoles, agosto 24, 2011

Al agua, patos, nioyorquinos

Acostumbramos los veranos a publicar entradas refrescantes. Qué mejor manera para combatir la crispación y el sopor estival que echarse unos largos en mitad del East River, con el puente de Brooklyn de testigo. Por gentileza, una vez más, de Edgar Gonzalez, les presentamos +Pool, un proyecto que podrá sumarse al rejuvenecimiento de la ciudad al tiempo que van desapareciendo hitos históricos sin que sus más sentimentales seguidores podamos hacer nada para remediarlo. En fin, qué le vamos a hacer. Si no podemos bajarnos unas Bud en el Mars Bar ni pasar la noche en el Chelsea Hotel, tendremos que enfriar nuestra ira haciendo la bomba en esta piscina con forma de cruz.


Eg tiene todos los detalles.

miércoles, agosto 17, 2011

El Veranito (febril)

Que el calor ablanda la mollera es un hecho constatado. Que el exponerse a altísimas temperaturas provoca calentura y desvarío, también.


He aquí un verano en el que no nos libramos de ejemplos palmarios de cómo un agosto de tomo y lomo, de los que parecía que ya no quedaban, puede derivar en zozobra individual y colectiva. Ejemplos, pues:

-que viene el santo padre, queviene, queviene...
- unos señores se apuntan a un partido racista y se escandalizan porque el partido al que se han apuntado es racista.
- las fiestas de los pueblos cada vez exhiben comportamientos más edificantes. Toda una oda a la oligofrenia vacacional.
- los poligoneros. Siempre los poligoneros...
- las autoridades municipales de La Roda, población manchega mundialmente conocida por la venta de sus Miguelitos. Unos tontos del higo los que deciden multar por no poner ticket de aparcamiento a aquellos viajeros que paran cinco minutos en su villorrio a las ocho menos diez de la tarde en pleno agosto para dejar unos euros en la economía del pueblo.
- yo qué sé... el mundo en general, todo él aunque en algunas partes no azote el calor
- están en lo cierto, tales circunstancias del género humano nada tienen que ver con la coyuntura estacional. Semos asín de tontuelos siempre, con frío y con calorcito en las nalgas. Pero oye, el veranito dispara el termómetro de la estupidez, qué le vamos a hacer... ¡Nos vemos en la verbena!

jueves, agosto 04, 2011

Vecinitas

Aloha!

No me olvidado de vosotr@s, simplemente me he tomado un merecido descanso vacacional en un pequeño paraíso ibérico. Ya les contaré... o no. El caso es que una de las lecturas obligadas que desde Repámpanos recomendamos encarecidamente si les gusta ir por la vida con el tupé bien alto es la revista Esquire, sin duda Man at his best, que este número doble estival, entre homenaje a Gay Talese y recopilación de discos imprescindibles para el veranito (así, en plan Georgie Dann), publica un sugerente reportaje acerca de un proyecto la mar de didáctico: meinmyplace.com. Un fotógrafo se dedica al noble arte de retratar en posturas calentorras a un buen surtido de jovencitas anónimas. Sus propios trapitos y en su propio domicilio. Sin potochop ni nada. Todo natural. El resultado es fresco, fresco, fresco... ¿Qué cada vez esta bitácora se está convirtiendo en un cajón de sastre erotizado? Puede, pero es que el regreso al asfalto de la urbe se tiene que sobrellevar como buenamente se puede. Atentos, igual las conocen...

Kat.

martes, julio 05, 2011

Pesca (muy) deportiva

Gracias de nuevo a la revista Vice por tantos buenos momentos. Hoy nos ayuda sin ir más lejos a retomar uno de nuestros géneros favoritos: el sexo por cualquier motivo. Henrik Saltzstein se hace eco de un descubrimiento, el de la pesca en cueros o, como él mismo denomina, el del soft porn anfibio gracias a la iniciativa del fotógrafo Oliver Portrat. Tías alegres y desenfadadas que se echan a la mar sin complejos a la búsqueda del mejor atún o pez espada. Feliz captura. ¡Seguro que pican!

martes, junio 28, 2011

Mars Bar RIP

Me lo advirtió hace días un colega recién llegado de Nueva York: el Mars Bar cierra. Efectivamente, el mejor garito de la ciudad, genuino representante del antro made in NYC, será demolido para levantar un moderno bloque de apartamentos. De los trece nuevos pisos, nueve serán ofrecidos por un precio ridículo a los actuales inquilinos que llevan viviendo desde siempre sobre el mítico bar del East Village. Una drag queen o un dramaturgo octogenario, entre otra fauna. A pesar de este aparente privilegio y ante la perspectiva de una vida más confortable y tranquila, el dramaturgo retirado ha expresado su consternación ante el cariz urbanístico que lleva tiempo adoptando la ciudad de sus entretelas. Es un hecho, Nueva York no es lo que era, cada vez quedan menos lugares con alma, los bares, los locales de toda la vida poco a poco se han ido transformando en sucursales bancarias, en pisos de lujo o en tiendas franquicia. Desde Repámpanos nos queremos sumar al duelo por nuestro bar favorito. Su fachada destartalada, sus mosaicos pintarrajeados, su barra trillada, sus neones a través de los cristales grasientos, sus baños de desastre nuclear, su jodida jukebox, su clientela loser... Ya nada será como antes, te echaremos de menos.