Antes de coger carretera para adentrarnos en las tierras románicas de la Palencia del nuevo siglo -y visitar las habitaciones sensoriales de
El Convento de Mave- a duras penas logro dejar entreabiertas las persianas frente a la pantalla. Un mísero día de fiesta de lo más tonto y el fin de semana empieza cuesta arriba. Por lo menos, aún retumba en mi cabeza la aceleración de
69 Revoluciones, grupo amigo y representante de un rock patrio con dos cojones basado, eso sí, en referencias elementales de la costa oeste norteamericana y de la swinging london más furibunda. Todavía muevo compulsivamente el occipital al ritmo de Wild Flower de los
Cult. Clavaito lo llevo, oigan. Y eso que parte de los parroquianos del
Gruta 77 nos retiramos a tiempo, aquellos que el día anterior sí lo dimos todo atornillados a la barra de
El Último Vals, garito hermanado a los Revoluciones. Total, que todo sea por la música, por la cerveza, por la amistad y por envejecer deprisa.