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lunes, marzo 02, 2009

Reflexones sobre el arte. Y van...

Este es un blog de preguntas, incógnitas y mucha insustancialidad. Respuestas, casi ninguna. Por eso, la visita a la exposición de Murakami y la próxima cita con Francis Bacon en El Prado, así como los vapores etílicos de una noche animada, mueven a una catarata de divagaciones respecto de uno de nuestros temas favoritos: el arte, el Arte con mayúsculas, el arte del populacho, el arte individual, la belleza.
Preguntas desordenadas e inconexas:
¿Tiene más mérito una obra consagrada en las enciclopedias que una de consumo masivo, una obra basura?, ¿es menos admirable una obra industrial que una artesanal?, ¿es Rita Hayworth una obra de arte?, ¿tuvo por ello Rita algún mérito?, ¿fue ella una artista por ese motivo?, ¿tuvo menos méritos por haberse sometido a múltiples arreglos y operaciones?, ¿la belleza máxima sale de la naturaleza misma o puede verse superada por la belleza artificial?, ¿fue Francis Bacon un artista y por ello Murakami no?, ¿es conveniente separar a la obra del artista, como se plantea Oscar Wilde en El Cuadro de Dorian Gray?
Cuando alguien dice "es que eso no es arte", hay quien responde "¿y qué?". Una sugerencia: a veces es mejor contestar "¡mejor!"

miércoles, febrero 25, 2009

Ongi Etorri Murakami!

La camarera de Murakami, símbolo de sus inicios

Qué gran idea, fusionar el euskera y el japonés. Bonita herejía nacional. Pero qué se le va a hacer, la cosa funciona, el no versado en ambos idiomas y culturas hace mezcla mental y se imagina la misma cosa. Un recio vizcaíno chapela en testa chapurreando lengua nipona apoyado en el muro de los campos de Mallona. Un ojos rasgados enfundado en traje amarillo limón departiendo en euskera sobre las virtudes del txangurro. Menuda osadía globalizante. La reflexión viene al caso en parte por la magnífica retrospectiva del artista Takashi Murakami expuesta durante estos días (hasta el 31 de mayo) en el Guggenheim de Bilbao.

La obra del Warhol japonés gusta a grandes y pequeños, incluso a aquellos que no toleran el manga y el mundo infantiloide y a veces ultraviolento del anime. Un paseo por sus muchecajos, sus figuras relucientes y explosivas de color, sus enormes lienzos apocalípticos y su familia de personajes animados suscita buen rollo pero también mueve a la crítica -¿revolucionario?, ¿listo con jeta?, ¿colaborador de Louis Vuitton?, ¿un buda de plata maciza?, ¿un teórico del arte?-, la que él mismo provoca cuando basa todo su trabajo en la adecuación del arte al mundo hiperconsumista del país del sol naciente. ¿Les suena? No es nuevo, claro. Antes lo hizo el tipo raro de las latas Campbell, pero Murakami arroja diferencias. Descúbranlas, acérquense al museo de la titanoflexía.

El alter ego del artista, Mr. DOB
Última foto del menda antes de ser amonestado una vez más por la seguridad del museo

Como dirían los de Muchachada, "ahí va, qué chorrazo"

Una de las esculturas más apreciadas por los niños menores de siete años