Más allá de sumarios Gürtel, de colas de parados, de jueces enjuiciados y de curas tocones, lo que hoy de verdad importa en el mundo es el clásico. Nada más. Que Obama y su gran país no se paralicen mañana ante este Madrid-Barça me parece un ultraje, una desfachatez, una osadía imperialista. El planeta entero debería rendirse al espectáculo más grande del mundo, del milenio, de la humanidad. Porque lo que mañana sucederá a partir de las diez de la noche, hora peninsular, representa una lucha de dos megapoderes metafísicos, dos maneras de entender la vida y dos maneras de morir peleando. No se puede quedar uno indiferente. Tampoco habrá prisioneros. O estás con unos o estás con otros. Quedarse fuera es de cobardes. Más que eso. Es imposible. Quién vea esto como una exageración, quién malinterprete mis palabras y entienda que mi lenguaje es una coña marinera y qué graciosillo está hoy el de Repámpanos, no se habrá enterado de nada y merecerá mi desprecio, años de apagón digital sumidos en una condena insufrible destinada a ser carne de derbis regionales de tercera. O de retransmisiones eternas enganchadas a Tele 5. Un JJ Santos infinito. Desde aquí y ahora, a esos les maldigo. Lo dicho, mañana al filo de la medianoche, nuestras vidas continuarán y se sumirán de nuevo en la rutina cotidiana de cada fin de semana, empuñaremos nuestros cubatas y nos refrescaremos las heridas en alcohol. Pero en el fondo, queridos, ya no seremos los mismos. Nos miraremos a los ojos y nuestro destino habrá cambiado. Tal vez no lo diremos, tal vez algunos no se darán cuenta, pero todo cuanto habíamos conocido nunca volverá a ser igual. Velen armas. Recen lo que sepan. Mañana... Mañana... Mañana es un movidón.