jueves, julio 30, 2009

Chof: verano en remojo

¿Cansado de ser la croqueta más atractiva de las playas españolas? ¿odias el tufo a fritanga del chiringuito? ¿tienes alergia a la sal marina? Repámpanos rinde tributo a la piscina en su versión 2.0, la que supone la definitiva superación de aquellos complejos inolvidables de nuestra infancia, con señores mirones, delincuentes de cinco años, familias numerosas saltando la valla de acceso, toboganes asesinos y top-less amojamados.

Espacios públicos:

Les Bains des Docks, Le Havre (diseño de Jean Nouvel)


Leça de Palmeiras, Oporto (diseño de Álvaro Siza)


Hoteles:
Hilton Auckland, Auckland

Gansevoort, NYC


Termas de Vals, Suiza (diseño de Peter Zumthor)


La Purificadora, Puebla (diseño de Ricardo Legorreta)

Trisara, Phuket


Room Mate Grace, NYC


Caruso Ravello, Ravello


Axel, Barcelona

lunes, julio 27, 2009

Viva la cocina molecular, Francisco y Chimo Bayo

Regreso a Valencia casi un año después de nuestro último encuentro. Esta vez no nos adentramos en la capital del Túria sino que nos desviamos al norte dirección Sagunto y emprendemos viaje de interior, de huerta, parque natural y valle frondoso, el de Palancia. Guiados por la columna de humo y la flota de hidroaviones que tratan de sofocar el incendio más devastador de la provincia en este fin de semana abrasado, llegamos a Algimia de Alfara, con su pueblo simétrico, Alfara de Algimia, a unos pasos. A ambos flancos, La Calderona y la Sierra d'Espadá. En medio, un vergel cuajado de buganvillas, glicinas y naranjos. Nuestro hogar por un par de noches en las que reina el silencio conventual resquebrajado con las claritas a ritmo de gallo despertador. Qué digo claritas, antes de las seis de la mañana ya estiran el gaznate y hacen vibrar la campanilla para comunicarse con sus vecinos. Qué majos ellos, qué madrugadores. Por lo menos otros congéneres emplumados nos han dado sustento al permitirnos dar buena cuenta de sus ovodeposiciones. Huevos escalfados de gallinácea del Japón. Huevo frito de pava real. Manjares de toma pan y moja. Es parte de los placeres impartidos en El Secanet, lugar casi secreto pero voceado de boca a oreja, como un tesoro invisible al alcance de los dedos. No cuento más, mejor rastreen ustedes, investiguen, formen parte activa de su concepto revolucionario. Chitón, no lo griten. Shhhh, en bajito. Que sí, que forma parte de la misma tierra en la que Francisco, ese hombre que de puro alcoyano es todo voz de himno valenciano, brincara de la nadería al estrellato de cuarto y mitad de víscera, y de la misma tierra que vio nacer a Don Joaquín Bayo, de sobrenombre Chimo y de profesión entretenedor y mezclador de la fiesta.
Valencia, de todo menos aburrida. Valencia, de tó menos indiferente. El siguiente capítulo podrá versar sobre el mundo de las niñas mascachapas y las playas de color hez. Por cierto, se confirma: ponga en Valencia un puesto de implantes mamarios y hágase millonario.

martes, julio 21, 2009

La mayor historia (mentira) jamás contada

Pongo la tele anoche y me encuentro con los caretos de Donald Rumsfeld, Henry Kissinger y Richard Helms, éste último director de la CIA durante el mandato Nixon, los otros dos de fama sobradamente conocida allende los mares. Resulta que es el día de la luna y su conquista yanqui. Se trata de un documental que no he visto empezar. Estos tipos, además de algún otro de similar corte tenebroso, recuerdan orgullosos ante la cámara las circunstancias en las que Nixon –sí, esa cabezota loca que sale en Futurama- quiso llevar a cabo un plan tan inverosímil como fascinante. Como desde la NASA le auguraban que no se podrían mandar imágenes de los primeros pasos del hombre sobre la superficie lunar, ante la ira desatada del presidente, su fiel consejero Rumsfeld le sugirió al oído la posibilidad de rodar unas cuantas escenas y de hacer unas cuantas fotos de ese momento único en el devenir de la historia y clave en la victoria definitiva del imperio norteamericano sobre el gigante diablo ruso improvisando un tinglado hollywoodiense. El documental venía a corroborar las tesis conspiranoicas de tongo total pero multiplicado exponencialmente. La bandera ondeando al viento inexistente de la luna, la cámara Hasselblad resistiendo temperaturas extremas, la huella profunda del astronauta Armstrong en una gravedad que le hacía pesar no más de 30 kilos, la iluminación de estudio de las fotos que pasaron a la posteridad… ¡Hasta una foto de Kubrick –al que acudieron para poder filmar todo en los estudios de la MGM de Londres- abandonada en la superficie del falso satélite! Todo.

Bueno, todo no. También se abordaba el cague que le pudo entrar a Nixon ante la posibilidad de ser descubierta tan fantástica chapuza y la consiguiente operación puesta en marcha para buscar, cazar y eliminar todo testigo del rodaje. El doble de personal armado que fue destinado para dar con los huesos de Sadam. Todos muertos en accidentes sospechosos. Uno de los últimos supervivientes de aquello liquidado diez años después tras ser encontrado en una escuela judía de Nueva York. ¡Diez años después! Rumsfeld no se corta al justificar dicha decisión. Yo trago saliva. No doy crédito. El más divertido todavía lo pone Vernon Walters, un veterano general y diplomático norteamericano que accede a contar más de la cuenta pero a micrófono cerrado. Esa misma noche le da un yuyu cerebral y casca. Ayayay. Cuando los ojos se me salen ya de las órbitas y estoy a punto de preparar un kit de salvamento para huir del país por haber sido espectador de tanta información clasificada, aparecen de nuevo todos estos energúmenos más relajados, descojonándose a mandíbula batiente en plan tomas falsas. El documental es un vacile. Se llama Operación Luna (The dark side of the moon). Me lo había tragado enterito. Era todo mentira. ¿Seguro?
Aquí una persona de mi entorno más cercano, N.P.B. (doy sus iniciales porque todavía tengo mis recelos y hay que ser prudentes) sigue pensando que todo aquello fue un montaje, que la llegada del hombre a la luna pudo ser la gran mentira de la historia de la humanidad. Ver desfilar mentes tan siniestras y peligrosas como las que salen en la película, aunque sólo sea para ajustarse a un guión de sainete, no deja de ser poco tranquilizador. Si estas personas todavía gobiernan su país y el mundo desde las sombras estoy dispuesto a creerme casi todo. Lo que está claro es que Nixon y su época siempre proporcionará parte de la mejor literatura chunga del siglo pasado. Ustedes verán si se la creen o prefieren sonreír.

viernes, julio 17, 2009

El salvaje está cansado…

Un grupito de coleguitas en edad de merecer

… pero quiere más. Ayer Jerry Lee Lewis demostró en su concierto del Festival Veranos de la Villa de Madrid que es un adolescente en el cuerpo de un anciano. Pasado un buen rato en el que la banda de acompañamiento se dedicó a calentar al personal interpretando estándar tras estándar igual que lo vienen haciendo durante toda una vida, un punto rojo apareció en escena. Con camisa ídem, para destacar entre sus músicos enfundados en negro riguroso, un abuelo encorvado pero todavía con una buena mata de pelo rizado atraviesa el escenario. La gente se vuelve loca. Por fin. Es Jerry Lee. Se sienta en su piano negro acharolado y el animal de Louisiana balbucea frases de bienvenida y agradecimiento. Empieza el concierto. Down the line y los pies sobre el andamiaje de Puerta del Ángel sucumben al ritmo endiablado de las teclas aporreadas. No hay quien aguante sentado, mire usted. Por eso, servidor y compañía decidimos bajar a territorios más plebeyos y entregarnos a la danza demoníaca de un rock vacilón salpicado de otros ritmos sureños igualmente seductores. Un poco de gospel, un poco de balada country. Vuelta al rockabilly para alegría de algún que otro clon de Carlitos Segarra que luce sombrero cowboy entre los más de 2.000 espectadores de la gala. Eh, chitón. Georgia on my mind. Palabras mayores de licenciatura musical yanqui. ¡Jerry Lee, queremos boogie-woogie! Casi una hora después de arrimarse al piano, afronta el desenlace con Johnny B. Goode, y encadena los dos pelotazos esperados: Great balls of fire y Whole lotta shakin’ goin’ on. Cerramos los ojos y parece mentira, no tenemos que hacer muchos esfuerzos para transportarnos a un mundo lejano pero conocido. Volvemos a abrirlos y allí sigue Jerry Lee Lewis, el abuelo con camisa roja, deslizando el índice de la mano derecha por el teclado, moviendo sus manos más deprisa de lo que es capaz de hablar. Sin cerrar el último tema, se baja en marcha, se incorpora y saluda a su público bailón. Mientras la banda continúa el espectáculo, The Killer vuelve a atravesar el escenario en sentido apuesto. A medio camino, se da la vuelta como queriendo hacer la última intentona. Joder, soy Jerry Lee. Vuelve a saludar, acierta a mover sus largos brazos al son de la música en un pase de baile septuagenario, se vuelve a parar frustrado porque sus piernas ya no le responden. No ha pateado el piano. No lo ha incendiado. Se tiene que conformar con un recital domesticado a la fuerza. La edad y el tiempo no perdonan ni al más salvaje de los rockeros. La decrepitud de un anciano nos recuerda que la vida es un asco, que todo pasa, que Johnny Cash murió hace tiempo, que ya nadie (casi) baila con zapatos de gamuza azul y que Elvis para muchos siempre ha sido un espejismo deformado. Ni siquiera Jerry Lee Lewis puede ganar una guerra en la que tantas veces ha salido victorioso.

jueves, julio 16, 2009

¡Yo veré a The Killer!

Amiguitos y amiguitas, estoy emocionado. Esta noche me vestiré con mis mejores galas, me engominaré el tupé y pondré rumbo a Memphis. Lo último es figurado, que conste, el viaje es sólo mental, qué coño, espiritual, diría yo. Voy a ver a un tipo que pronto cumplirá 74 primaveras sentadito en su butaca. Se llama Jerry Lee Lewis y no es más viejo que cualquiera de nosotros. El último superviviente del clan de Sam Philips, el mítico Million Dollar Quartet, aporreará para mi y unos cuantos palurdos más su piano, ignífugo desde hace demasiado, pero siempre a la espera de que se le prenda la mecha. Mañana podré decir eso de: "yo vi a The Killer".



lunes, julio 13, 2009

Surfea el verano, insensato!!

El calor aprieta y nada mejor que música surf para levantar el ánimo. Desde la factoría de Muuu Dj Compilations queremos anunciar el próximo lanzamiento, el que será el séptimo volumen de la colección y que tendrá en el surf a su hilo conductor. Ventures, Link Wray, Beach Boys, Jean & Dean, Los Coronas, Man or Astro-man?, Straitjackets... Canelita fina de ayer y de siempre. Sean pacientes, por ahora se tendrán que conformar con un paipay y la esperanza de poder exprimirse el sudor en un chiringuito de Torrevieja a ritmo de Fender. Kawanga!!

viernes, julio 10, 2009

Las estrellas lo comparten todo

Puede que nuestro gurú social Oswaldo Cornelius sacase el suficiente jugo en su momento a estas dos imágenes tomadas con varias décadas de diferencia. A la izquierda, Britney Spears acudiendo a una fiesta de Halloween. A la derecha, David Lee Roth, cantante de Van Halen, en una ídem (o lo que sea) a mediados de los ochenta.
Cosas a destacar:
- Sí, al parecer comparten el mismo vestuario.
- Diamond Dave era más locaza que la rubia cantante. La rubia es Britney, no... Bueno, las dos son rubias, y más rubia que Diamond Dave no hay nadie... Vaya lío.
- El sello de Diamond Dave Enterprises nos indica el grado de carroña y avaricia empresarial que ha obsesionado al elástico frontman durante toda su carrera. Además, si es suya, ¿por qué no quiere esconder bajo llave la foto? Pues eso, se gusta.
- Si atendemos a la foto de abajo donde se muestra el disfraz de Britney en todo su esplendor, descubrimos que en realidad, como apuntaron los gacetilleros más resueltos, la cutrediva se disfrazó de su propia vagina. Tremendo.

No se pierdan la caprichosa silueta de la transparencia en su torso...

martes, julio 07, 2009

Jornadas de convivencia

Perdonen mi silencio bloggero pero aún me estoy lamiendo las heridas tras un fin de semana cuya rutina empezó el jueves y se dio por concluida el domingo en condiciones físicas y mentales francamente mejorables. Como sobran las palabras y, sobre todo, los adjetivos, casi mejor ilustrar estos días alejados de toda clase de normalidad/moralidad con un par de instantáneas representativas.

Hay gente que jura haber visto a Hulk Hogan en la sección de lencería femenina del Centro Comercial de Sanchinarro

Si la montaña no va a Mahoma...

Actividades recreativas de fin de semana

jueves, julio 02, 2009

Pichar... discos


Como ya anticipamos ayer, esta noche tendrá lugar una de las celebérrimas sesiones musicales protagonizadas por el trío anteriormente presentado y que, en esta ocasión, será en una de sus residencias habituales: el FotomatónBar de Madrid. Haciendo memoria, me acordé de uno de los descubrimientos a los que nos tiene acostumbrados nuestro admirado Oswaldo Corneluis. Se trata de Lauren Pope, la simpática criatura platina de las imágenes. Resulta que la susudicha tiene un oficio de lo más particular. No queridos, no es el que están pensando. Bueno, igual tiene varios. El caso es que... ¡¡es DJ!! Y claro, desde aquí quiero hacer un llamamiento a los encargados de confeccionar los programas de los garitos más selectos de la capital. ¿No podrían contactar con semejante profesional? Lo digo porque siempre sería un placer poder ejercer plato con plato con una maestra como Pope, experta en el arte de la confección technotrónica y el house tribalero, entre otras especialidades amator... digooo discotequeras. Es una sugerencia, nada más.

¿Ven? No les engañaba...

Nuestra futura maestra envuelta (literal) en una de sus aclamadas sesiones musicales junto a una lugarteniente de semejante factura. Puede que incluso tengan dificultad para distinguirlas.

miércoles, julio 01, 2009

Pinchada en el FotomatónBar



Un soplo: este jueves, un trío a los platos hará las delicias de grandes y pequeños. La pinchada tendrá lugar en el FotomatónBar de Madrid dentro de su habitual programación y abriendo el mes de julio. Ya saben, no deben perdérselo, son de fiar. ¡El trío es salud!

sábado, junio 20, 2009

Errol Flynn, el pianista


Por encima de todos, Errol Flynn. Hoy Errol Flynn hubiera cumplido 100 añitos. Y si estuviera entre nosotros lo celebraría garrota en mano. O pene en mano aporreando un piano de cola, valga la redundancia. Aunque está bien claro que un personaje como él no podía sobrevivir mucho más de lo que ya buenamente hizo. Hace 50 años, cuando tenía 50 años, su corazón se paró. Y eso no lo pudo aguantar ni este machote. Claro, se murió.
Precisamente ahora que la calma chica de la siesta recuerda lo propicia que nos era para fantasear con mundos de mosqueteros, indios y piratas, y precisamente que en este sábado sabadete tuesto mis carnes morenas al sol de Formentera, cierro los ojos y me imagino al capitán Blood asomado a la cubierta de un gran velero, con sus ricitos de oro al viento y su media sonrisa de pícaro –o cabrón, como gusten- dibujada en la cara. Pero no fue este advenedizo filibustero el que marcó un antes y un después de mi infancia al borde de un viejo televisor en blanco y negro. Ni siquiera el militar de La carga de la brigada ligera. Ni el general Custer de Murieron con las botas puestas. Puede que decir que lo hizo su Robin Hood sea un topicazo, pero así fue. Porque a estas alturas, con unos cuantos kilómetros de celuloide en mi chepa, creo que esa sigue siendo la película que más veces he visto en mi vida. O al menos a la que más cariño tengo. No recuerdo la primera vez que contemplé a Flynn en mallas verdes –bueno, grises- pero sí tengo marcadas a fuego muchas de las noches en las que me acompañaron sus aventuras, que así se llamaba con precisión la peli de Curtiz: Las aventuras de Robin Hood, mi personaje favorito de la historia gracias a nuestro héroe. A Errol Flynn, quiero decir, aunque ya no sé quien sino él puede asociarse al justiciero de Sherwood. Recuerdo las noches del cine de verano de La Chopera, en El Retiro. No una, ni dos. Recuerdo el olor a tierra y a bocadillo. Recuerdo también las noches de un desangelado pueblo manchego –el de mi padre- en un caserón al calor del brasero y de una gran tele también en blanco y negro. O al menos así recuerdo por siempre a Errol Flynn y a Olivia de Havilland, en blanco y negro, a pesar de que luego los pintaran de colores pop y pudiera por fin ver el del tremendo pijama que se gastaba el mozo. ¿Os he contado que yo destrocé uno mío para que pudiera parecerse al de Robin Hood, con flecos y todo? Ejem, los niños que son muy majos. El caso es que para mí representa, mejor que cualquier otro, desde Burt Lancaster a Bogart, desde John Wayne a Anthony Quinn, la emoción más grande que el cine me haya podido nunca proporcionar: la emoción de la libertad absoluta. La aventura por antonomasia. La infancia como tesoro. Errol Flynn no fue el mejor actor ni hizo las mejores películas. Simplemente fue un hombre que vivió la vida como pocos, la devoró, traspasó su pantalla e impartió magisterio sobre cómo seducir al lado más hedonista de nosotros mismos. Su sonrisa bajo el bigotillo le delataba: él sabía cosas que nosotros sólo podíamos imaginar. La fantasía del cine es eso.


miércoles, junio 17, 2009

Los rostros de un actor gordo y feo

Una chati belga va a que le tatúen tres estrellitas bajo el ojo. Se queda frita y cuando se levanta descubre que le han tatuado 56 estrellitas por toda la cara. Ehhhh… Perdón, estoy leyendo las noticias de alcance del día. A lo que iba. Con The Boat That Rocked todavía en mi memoria me apetece reservar un pequeño espacio al actor Philip Seymour Hoffman, uno de esos secundarios con físico –casi al estilo de los comicastros teatrales- que, poco a poco, van demostrando su imparable potencial para bordar papeles con enjundia. La pregunta es: ¿con cuál de sus mejores personajes se quedan? ¿Con el Lester Bangs que enloquece escuchando a Iggy Pop? ¿Con el clon de Capote? ¿Con el tímido homo de Boogie Nights? ¿Con el oscuro y enfermizo hombre de negocios de Antes que el diablo sepa que has muerto? ¿O con el delirante espía de origen griego de La guerra de Charlie Wilson? ¿Con otros? No es un galán, pero es un grande.
Elijan su hombre favorito de la siguiente galería.

Scotty J. (Boogie Nights)

Lester Bangs (Almost Famous)

Wilson Joel (Love Liza)

Truman Capote (Capote)

Andy Hanson (Before the Devil Knows You're Dead)

Gust Avrakotos (Charlie Wilson's War)

The Count (The Boat That Rocked)

lunes, junio 15, 2009

Las estrellas de ayer

Esta madrugada había programado mi despertador para no perderme el final del partido baloncestístico del año. Baloncestístico. Una palabra guay. Pues a medianoche he mandado al cuerno esos planes y he dormido a pierna suelta sin sobresaltos. Hace unos años, con Gasol o sin él, no me lo hubiera perdido. Ahora que tengo mi bonita pantalla plana al otro lado del pasillo y que el mundo entero entra por ella, la cosa ha perdido cierto encanto. El que tenía, por ejemplo, aquellas finales de cuando éramos más jóvenes, de cuando nos fabricábamos nuestras propias canastas con una simple percha del armario, de cuando Ramón Trecet era nuestro gurú, de cuando Fernando Martín era un señor muy alto y muy serio, de cuando Magic y Bird eran seres inalcanzables y Abdul-Jabbar una criatura extraterrestre oriundo de ese planeta llamado Estados Unidos.

martes, junio 09, 2009

Vidas corrientes: un día en la historia de Mötley Crüe



Ya estamos en un dilema habitual: trapiñarme su autobiografía (Trapos Sucios) o dosificarla para que el placer sea más largo. Al grano.
Pongamos que nuestros cuatro bandarras favoritos están de gira con su adorado Ozzy Orbourne. Una noche de farra en el autobús para llegar a una nueva ciudad donde volver a liarla parda…

En una ocasión, esa ciudad resultó ser Lakeland, Florida. Salimos del bus bajo el calor de la mañana, y nos fuimos directos al bar, el cual estaba separado de la piscina por una ventana de cristal. Ozzy se quitó los pantalones y metió un billete de un dólar en su raja del culo, entonces entró en el bar, y ofreció el billete a cada pareja que había dentro. Cuando una mujer mayor comenzó a maldecirlo, Ozzy cogió su bolso y comenzó a correr. Volvió a la piscina si ropa excepto con un minúsculo vestidito que había encontrado en el bolso de la anciana. Nos descojonábamos, sin estar muy seguros si sus travesuras eran fruto de un perverso sentido del humor o de un severo caso de esquizofrenia. Cada vez más, tiendo a pensar lo último. Allí estábamos todos, con camisetas y pantalones de cuero, Ozzy con su vestido, cuando de repente me dio un codazo.

"Hey, colega, me apetece meterme un tiro".
"Colega", dije, "nos hemos quedado sin coca. Quizá puedo enviar al conductor del bus a por más". "Dame el cilindro", dijo, sin inmutarse. "Pero, colega, no hay polvo". "Dame el cilindro. Tengo un antojo".
Le pasé el cilindro, y se fue hacia una grieta en la acera, agachándose sobre ella. Vi una larga columna de hormigas, marchando hacia una pequeña trinchera de arena construida justo donde el pavimento se topa con la porquería. Y mientras pensaba, "No, no lo hará", lo hizo. Puso el cilindro en su nariz y, con su desnudo blanco culo saliendo de debajo del vestido como una tajada de melón, tragó la columna entera de hormigas usando su nariz con una sola y monstruosa aspiración.
Se levantó, echó hacia atrás su cabeza, y terminó con una poderosa esnifada derecha que probablemente envió a una o dos hormigas descarriadas hacia el fondo de su garganta. Entonces se levantó el vestido, se sacó la polla y comenzó a mear en el pavimento. Sin ni siquiera mirar a la creciente audiencia (todo el mundo del tour lo estaba mirando, mientras la vieja señora y las familias en la piscina pretendían simular que no), se agachó, y metiendo el empapando vestido en el charco, lo lamió. No sólo lo rozó con su lengua, sino que dio una docena de largos, persistentes y sonoros lametones, como un gato. Entonces se levantó, ojos llameantes y boca húmeda de orina, me miró y dijo "!Haz lo mismo, Sixx¡".
Tragué saliva y comencé a sudar. Pero este era un reto que no podía rechazar. Después de todo, el había hecho mucho por Mötley Crüe. Y, si queríamos mantener nuestra reputación como la banda más cretina del rock, no podía echarme atrás, no con todo el mundo mirando. Me desabroché los pantalones, saqué mi polla delante de todo el mundo en el bar y en la piscina. "Me importa una mierda", pensé para darme coraje mientras creaba mi charco. "Chuparé mi meado, que más da, viene de mi cuerpo de todas formas."
Pero cuando me agaché para terminar lo que había comenzado, Ozzy apareció y me apartó. Allí estaba él, a cuatro patas delante de mí, lamiendo mi meada. Levanté mis manos: "Tú ganas", dije.
Y lo hizo: a partir de ese momento siempre sabríamos que, estuviéramos donde estuviéramos, fuera lo que fuera lo que hiciéramos, habría siempre alguien más enfermo y desagradable que todos nosotros.


Amén. Próximamente les ilustraremos con nuevas anécdotas y chascarrillos de este grupillo de parroquia.

sábado, junio 06, 2009

AC/DC desde el palco


Me se oyeeeee??

Tumulto en los alrededores. Día de fiesta en bares y tabernas aledañas al Vicente Calderón. Minis de cerveza en mano, riadas de gente uniformada con camiseta negra y cuernos rojos de pega parpadeando en lo alto de la testa. Fácil acceso escoltado hasta la zona noble del estadio, mientras la turba empieza a calentarse ante la intimidatoria presencia de la policía a caballo. Ya estamos dentro, falta poco menos de una hora para que AC/DC salga al escenario a romper la pana y nosotros vamos a ser testigos del espectáculo. Aunque esta vez la situación no nos es del todo familiar. Cuando salimos por el vomitorio conducidos por una atractiva azafata, apenas quedan huecos en la caldera en la que aún se atisba una brizna de césped. La grada hace la ola. Pero insisto, nosotros tenemos nuestra propia localidad y no nos juntamos con el pueblo. Nuestras butacas se encuentran en el mismísimo palco presidencial. No nos convencen nuestros asientos. Entramos a por unas cervezas. En la sala, el grifo echa humo. Al final del concierto, calculamos que se habrán dado cuenta de unos cinco o seis barriles de los que una buena parte fueron a parar a nuestras vejigas. Periodistas deportivos. Amigos de periodistas deportivos. Conocidos de amigos de periodistas deportivos. Familiares de periodistas deportivos. Chavales melenudos con brazaletes de cuero y tachuelas. Pibones siliconados. Algún responsable del club. Lumbreras que dicen esa horterada de “eisidisi”. De todo menos auténticos fanáticos del grupo australiano, de esos que se amontonan desde primera hora en los metros más cercanos al montaje de escena. Unas cuantas cervezas mediante, abrimos hueco, nos saltamos nuestras entradas numeradas a la torera y nos apostamos estratégicamente. La visión es privilegiada desde el balcón. Nos asomamos a tiempo para escuchar el pepinazo inicial y los acordes de Rock ´N Roll Train. El show ha empezado. Ya no habrá descanso durante las próximas dos horas. Aún así nos da tiempo para visitar religiosamente la barra libre y cerciorarnos de que hay gente que ni se pispa ni se quiere pispar del fiestón. El suyo está dentro. Alternar, picotear, pelar la pava, ni puto caso al ritual primario en el que se convierte todo concierto de AC/DC. Porque da igual que te sepas de pe a pa cada movimiento de Angus Young, el repertorio de la banda o la evolución milimetrada del bolo. Dan lo que la gente necesita. Tal vez un poco más. Por eso pueden ser los mejores representantes de eso que se empezó a llamar “rock de estadio” o “arena rock”, género que reinó en los ochenta. Abajo, Brian Johnson se columpia en la campana de Hells Bells. Arriba, un olor a hachís empieza a inundar la tribuna. Abajo, la pechugona Rosie hace acto de presencia. Arriba, un amago de pelea, porque los VIP también se zurran. Abajo, los cañones descargan sus salvas. Arriba, niños con la mano cornuda en alto ejemplifican este parque temático del rock, una completa colección de clichés cerriles de toda la vida de dios. Pero su fórmula siempre funciona. Incluso aunque estés completamente borracho en el palco de un campo de fútbol rodeado de personajes de pelaje muy poco “heavy”. Bueno, igual por eso funciona todavía más.



Antes y después


viernes, junio 05, 2009

La noche de Nessie y los Distortion



Le esperamos y apareció. Mike Ness y sus compinches (incluido por lo visto el batería de Rocket From The Crypt) salieron puntuales al escenario de La Riviera tras la contundente actuación de los siempre infalibles Sex Museum. No estuvo mal su versión del You gotta fight de los Beastie Boys, la verdad. Luego, todo el tropel de Peggy Sues tatuadas e impersonators del mismo Ness que se agolpaban en el bareto de enfrente tomaron posiciones para no perderse un ápice de una de las liturgias rockeras más esperadas en lo que para muchos no deja de ser un reducto mundial del rock&roll: Madrid, capital de España. Así son las cosas. El caso es que sin llenarse la sala ni mucho menos, la sensación final, a pesar del entusiasmo con el que se desenvolvió la chavalería de las primeras filas, fue un tanto agridulce. Y es que volvemos al tema de estos últimos días, el jodido sonido. La mayoría coincide en que no sonó muy allá, y mientras a una parte esto le pesó, a la otra no le impidió pasárselo teta. Bah, estoy harto. Me quedo con que sonó la voz de Billie Holiday antes de apagarse las luces y salir a escena unos tipos que abrieron con los acordes de Don’t drag me down. Que berreé Ring of fire. Que volví a ver a Social Distortion. Aunque una vez más me quedé con las ganas de escuchar mi canción favorita: Dear Lover. En fin, que 30 años no son nada, amigos (este año se cumple su aniversario). Larga vida a Social Distortion!!







jueves, junio 04, 2009

Esperando a Mike Ness

La vida debería ser como en Radio Encubierta, la golosina pseudohippy que firma el director Richard Curtis y que hará las delicias de los aficionados a las comedias británicas. También pasarán un buen rato todos aquellos que hayan hecho sus pinitos en el noble arte de la radiodifusión musical. Pude recordar con nostalgia programas perdidos en el tiempo, y en las ondas en general, en los que creímos cambiar nuestro mundo conocido a golpe de vinilo y cassette. El pinchadiscos como anónimo y sincero servidor de una causa justa y necesaria: la del proselitismo rockero. Así debería ser, por tanto, y no como la realidad nos demostró a los que sufrimos este pasado fin de semana el Primavera Sound de Barcelona. Precisamente, este tema centró ayer mismo una pequeña polémica en el post de En Estéreo, uno de nuestros blogs de cabecera. Como es natural, no todos comparten nuestra fatigada impresión del estado de las cosas, y no está mal que así sea. Necesitamos gente entusiasta y positiva, aunque sea a costa de relativizar en demasía situaciones que a un servidor se le antojan intolerables. ¡Rubias narcotizadas paseándose en bragas y descalzas por el asfalto del Fórum! Lo dicho, intolerable. En fin, la próxima vez prometo aderezar mi experiencia en este tipo de eventos con sustancias prescritas para estimular la relajación espiritual, la sonrisa permanente y el oído fino. O acudir al Viña Rock, que siempre me podré bañar en calimocho –tendría que decir kalimotxo, que si no allí me curten-.


Esto me sirve para anticipar el reencuentro de esta noche: la llegada a nuestra ciudad de Social Distortion. Tras el maravilloso momento que viví en el Azkena del 2005, hoy tengo de nuevo la oportunidad de dedicar mi mano cornuda al gran Mike Ness. Esperemos que nada ni nadie nos impida saborear de este recital como se merece. Aunque a mi novia las posturitas y los morritos de mr. Ness le parezcan un tanto censurables.

Don’t drag me down motherfucker!!


La familia de Ness retratada por Annie Leibowitz

lunes, junio 01, 2009

Uno y no más

Uno y no más. Y van… Nada, que no aprendo. Apretujado durante veinte minutos me hallo en una cola formada por guiris sudorosos y borrachos para conseguir un ticket que me ayude a conseguir una copa infame que me ayude a entonarme para no quedarme demasiado atrás en la carrera por pasárselo bien en un festival de música. “Este es el último, lo juro”, rezo para mis adentros. “Odio a la gente”, acierto a mascullar mientras mis ojos se me empiezan a salir de las órbitas. Conseguí el ticket, conseguí la copa, y me entoné algo. Sin embargo, el trabajo ya estaba hecho. Había cantado con Jayhawks, había maldecido con Neil Young y había flipado con Sonic Youth. Era hora de retirarse y no volver jamás. ¿Cómo es posible que para escuchar a My Bloody Valentine sea necesario ponerse tapones y para escuchar a Neil Young ni con una trompetilla pudiera asirse un miligramo de decibelio? A lo lejos se entona un lacónico “My my, hey hey, rock and roll is here to stay” y antes de llegar a “it's better to burn out, than to fade away” el zumbido de una mosca distrae mi atención. En seguida, el murmullo de un corrillo, la conversación estúpida de unos cuarentones de pasado toxicómano, los gritos balbuceantes de unos ingleses cangrejeros. Unas pesadas a mi espalda hacen planes para los próximos conciertos gafapasta. Berreo Are You Ready For The Country? con los puños cerrados y experimento la impotencia de ver pasar de largo media actuación. Cierro los ojos y parece que puedo abstraerme del caos. Siento el hilo de voz. Es Cortez The Killer. Por fin, el escenario se desenchufa y la parte acústica parece llegar cristalina, sutil, aunque algo encogida por un silencio frágil que si se rompe es hacer añicos mis nervios y algunas de las melodías más excelsas de la música del pasado. Puedo escuchar tres cortes más del Harvest y de nuevo la electricidad se adueña del repertorio, esta vez con más llegada. Aún así, no pegué ni un bote cuando el mundo entero coreaba Rockin' In The Free World. No quería que mis oídos se perdieran una migaja. Al menos, un par de horas más tarde sí me sumí con entrega a los placeres de la distorsión. Sonic Youth cubrieron el mar de cabezas con una manta de ruido elegante y aliviaron así mi desazón.
No hay hielo, no hay vodka, no hay cerveza, no hay tabaco. No hay sonido. Hay mucha gente. A tomar por culo. A tomar por culo la música en directo. A tomar por culo los festivales. Nos veremos el año que viene, claro.

viernes, mayo 29, 2009

Objetivo: Neil Young en Barcelona



Faltan unas horas. Mañana amaneceremos en Barcelona y podremos volver a formar parte de una ceremonia única. No se trata de celebrar el triplete del Barça, que también, sino de acudir al Primavera Sound y presenciar los tres conciertos estrella de la noche: Jayhawks, Sonic Youth y Neil Young. Allí estaremos y aquí se lo contaremos.

jueves, mayo 28, 2009

El gol en la cabeza



Tal y como recuerda hoy el periódico Sport, Guardiola auguró que Messi metería algún día un gran gol de cabeza. Los periodistas, tras un partido de liga, le insistieron al técnico sobre las dificultades del crack argentino con el juego aéreo y el tipo soltó que estaba seguro que
más tarde o más temprano se destaparía con una genialidad como la de ayer. Todavía no sé cómo remató pero lo hizo.

Amigos, todavía me duele la celebración. Sarna con gusto no pica, claro. Pasé por La Cibeles, flipé con lo que ví, me encerré en la fiesta del Aguacate y salí como pude. Qué duro es el jurgol.

miércoles, mayo 27, 2009

Mmmm, cerveza con cereales...

En un día en el que hiperventilo y acuso una creciente taquicardia futbolera, no me apetece más que distraer la mente y pensar en cosas agradables, contenidos intrascendentes, alimento futil para el espíritu. Los de JBS saben de lo que hablo...

lunes, mayo 25, 2009

Vértigo en NYC

Los lunes siempre son poco propicios para casi todo. Sin embargo, sí son días en los que la mente suele ir más por libre, aquejada de un doloroso fin de semana de impacto neuronal. Tal es así, que nos permitimos recomendar un auténtico viaje virtual. A través de la siempre aconsejable visita al blog de Edgar González nos lanzamos al vacío colgados desde el cielo de Nueva York. Pinchen en Aerial Virtual tour of New York y su lunes despegará. Sigan pinchando en New Bonus Tours.

jueves, mayo 21, 2009

Adivinanza: el cascanueces

Una pregunta fácil. Adivinen quién es la dueña (o dueño) de semejante tren inferior.
Pistas:

1. Está arrasando en nuestro país. De hecho lo ha dejado arrasado estos días.
2. No es Soraya.
3. No es Soraya Sáenz de Santamaría.

Reflexión: Por lo menos hay dos Sorayas que acaparan cierto espacio (no va con segundas) público. Es cuanto menos inquietante. ¡Conozco a dos Sorayas! Lo nunca visto.

Respuesta: Jamonaaaaaaarlll Beyoncé. Claro.

La jaca preferida de este blog interpretando el ballet Cascanueces de Tchaikovski

lunes, mayo 18, 2009

La ciudad desnuda de Weegee

Un hombre yace sobre el cemento. Su cuerpo desmadejado, su flequillo despeluchado cede y se rebela contra la fría quietud de la imagen. Un hilo de sangre recorre el rostro del cadáver. Un arma abandonada en primer plano encañona todavía el cuerpo. El flashazo enfoca la escena de un crimen y enmascara la oscura calle sin testigos. Esta fotografía fue elegida para la portada del Naked City de John Zorn. Es una de las fotografías más famosas de Weegee.
Ayer se apagaron las luces de la exposición Weegee’s New York, una selección de casi 300 fotos de la colección privada de los suizos Michel y Michèle Auer presentada en la Fundación Telefónica de Madrid, en la que se visita el cuarto oscuro de las distintas etapas evolutivas de un fotógrafo fuera de lo común, un personaje fruto de su época y su entorno. Entender el carácter del Nueva York de los años 30 y 40 es casi imposible sin descender al asfalto que pisaba cada noche este húngaro cuya historia es una más de las muchas que nos han sido contadas por quienes se asomaron por primera vez desde la cubierta de un barco a la isla prometida y vieron como su esperanza se hacía más y más grande. Como muchos otros, ese inmigrante llamado Arthur Fellig fue prototipo, ya convertido en Weegee, del neoyorquino de pura cepa, del que no nace sino que se hace.
Sin centrarme en su biografía, sí lo hago en la exposición, un poco tarde ya para aquellos que quisieran visitarla, lo reconozco, pero es que este blog nunca se ha caracterizado por hacer saltar la liebre sino por su oportunismo a posteriori. Excusas aparte, aquí se conoce una ciudad que es un mundo en sí misma, y que, siendo también la que centra Retratos de Nueva York, la otra gran exposición de estos días, no puede dejar de ser otra distinta. Esta es la Nueva York del circo, donde una nube de humo vaída envuelve el disparo de la mujer obús y donde los animales parecen gozar de una ternura que el fotógrafo no aplica a según que seres humanos. Es la Nueva York de la juerga de Harlem y su estallido hedonista, donde los negros se vuelven dandys y el sudor brilla más por la intensidad del blanco y negro. Es la Nueva York del manoseo en los cines, la de los programas de terror y 3D. Es la Nueva York de las strippers del Village y la de los garitos de Bowery frecuentados por enanos y viejas obesas siempre a carcajadas. Es la Nueva York de los travestis y la de los borrachos tirados en las aceras, la de los gangsters y la de los hombres que se parecen a James Cagney. Pero también es la Nueva York de los que son protagonistas de la muerte o de los que son testigos de ella. Y, frente a esa mirada aterrorizada, la desorbitada por los estragos de las fiestas grotescas, fellinianas. A pesar de que las escenas diurnas devuelven algo de normalidad a una sociedad en mitad de la Gran Depresión, Nueva York es, por encima de Coney Island, noche y humo. Es blanco y negro. Una ciudad sin futuro, desesperada, aterida y ardiente, sucia, ebria y mísera. La gente se mata y se besa, descansa en los bordillos o lo hace eternamente. Esa ciudad que nunca duerme se desparrama en los garitos de jazz, en las calles, en los portales y en sus casas hacinadas. No hay tristeza, tampoco esperanza. Con este panorama, Weegee acuñó eso de: “What’s abnormal to you... is normal to me!” Menudo era.

miércoles, mayo 13, 2009

Noches de Copa... con Arús



Hoy todo el mundo rememora las finales de antaño. Por supuesto, la más sonada, la de la batalla campal entre Barça y Athletic. Pero me quiero acordar de la de 1990 jugada en Mestalla por el primer Barcelona de Cruyff y el penúltimo Madrid de la Quinta. Más allá del resultado y el partido, el gran Arús y su tropa de chiflados fanánicos culés. En esta retransmisión dejaron perlitas como: "¡Lo odio!", refiriéndose a Buyo; "¡Qué fantasma!", refiriéndose a Buyo; "Hubiera reído un año entero", refiriéndose a Buyo, personaje al que adoraban; o ese sentido "a ver si aprendemos a perder", pronunciado en el momento en que a Zubi le dan la famosa pedrada. Luego dicen del Carrusel...

martes, mayo 12, 2009

Narconación

El verano pasado pasé unos días de turismo en México. De turismo, con todos sus condicionantes y gratificaciones, viaje del que ya dimos cuenta en su momento. Ayer Cuatro reemitió el reportaje Narcoméxico con el reportero Jon Sistiaga a la cabeza. El país que aparecía por la tele, aún pareciéndose, aún siendo el mismo, era otro, más de verdad sin ser engañoso el que yo visité, más estremecedor sin dejar de ser inquietante el que yo descubrí, conociendo eso sí el límite que nos negamos a traspasar en aquel momento y conociendo la chicha a la que el producto televisivo no puede renunciar.
Aunque aplaudo el reportaje, me pregunto si ha sido oportuna la fecha elegida para recuperar su emisión, justo en plena desbandada turística provocada por la dichosa gripe. Desde luego, México no se lo merece. Con todo, no puedo evitar volver a sentir una fascinación especial por un país extremo cuando contemplo el DF más confuso, el que te aturulla con su sobreinformación, el que en enormes marquesinas y muros desconchados se confunden los rostros de secuestrados y secuestradores, ambos buscados bajo recompensa. Un país en el que cabe un guión de acción a diario, como el firmado por la madre coraje de todos los mexicanos, la que tuvo que hacer el trabajo de la policía para enchironar a los culpables del secuestro y asesinato de su hijo. La visita al barrio de Tepito y a la catedral de la Santa Muerte reabre una ansiedad ya difuminada y que nos llevó el agosto pasado a coquetear con su frontera. El culto a la Blanca Dama contextualiza el mundo narco que todo lo cubre. Pedraza, el jefe custodio del reclusorio, ejerce su papel de cicerone y traductor canero en el recorrido por la Universidad de la delincuencia. Unos amigos que yo me sé tragarían saliva si vieran lo que sus muros esconden. La mordida los salvó de sabe dios qué experiencias. Metido ya en harina, el reportaje viaja a Sinaloa tras dejar muy clara la premonición de cabezas cortadas hecha por Carlos Fuentes. Descubrimos la cultura-narco y la narco-estética, el museo-narco y los actuales estragos que la hermandad del polvo blanco provoca en la rutina diaria. Que si una pistola bañada de oro, que si un sombrero de cowboy, que si unas botas de piel de pitón… Que si un narcocorrido encargado por el cartel de turno. El fervor popular llega hasta el punto de santificar a uno de estos temidos líderes, Jesús Malverde, venerado incluso por aquellos que se encuentran en el bando contrario, el de los “buenos”, un bando en el que nueve de cada diez integrantes están untados. La corrupción encuentra en Culiacán su paraíso más corrosivo. Asiste Sistiaga atónito al levantamiento de un cadáver, toda una parafernalia morbosa en donde el escenario del crimen se muestra al alcance de cualquier cámara. Mientras nos adiestran en su espectacularización de la violencia, recuerdo las noticias que nos llegaban entonces de la Península del Yucatán. La guerra deja un reguero de cuerpos sin cabeza. Las imágenes en la tele saltan entre decapitaciones, lenguas cercenadas y baños de ácido. Y, por fin, se llega a Tijuana, la plaza grande. Droga pura hecha ciudad, en la que un brazo que traspasa un agujero espera a que alguien en su interior le inyecte la dosis. Vivimos con el reportero un tiroteo cotidiano. Armas confiscadas en las oficinas de homicidios. Un puño americano se muestra a cámara. Es la mano de Lobezno. Sistiaga es certero, puntilloso e incisivo, pero no puede evitar el morbo, algo inevitable ya que no todos los días uno comparte sala con un puñado de cadáveres balaseados. Como se apunta en el cierre del reportaje, una guerra que deja trece muertos al día es una guerra muy difícil de ganar. Y es que no es lo mismo ley que justicia.

miércoles, mayo 06, 2009

Historias del abuelo cebolleta (culé)

Hola amiguitos, hubo un tiempo en el que este ya mayor seguidor blaugrana se revolcaba de nervios y canguelo por el parqué de una modesta sala de estar de una casa cualquiera de clase media madrileña. A toda la camada culé, mientras visito periódicamente el escusado ante lo que se avecina esta noche, le dedico este entrañable vídeo en el que se rememoran viejas glorias de un club que poco a poco se ha hecho más grande. Aquella semifinal tuvo un triste broche en la cita definitiva, pero sirve para recordaros algo importante, queridos compañeros del alma, queridos seguidores de mis entretelas, algo mágico, un acontecimiento emotivo, vibrante, estremecedor... ¡¡¡Pichi Alonso metió los tres goles del partido!!! Qué gran tipo el Pichi, hasta tiene su propio blog. Pincha en Pichi (aplausos por una frase tan brillante, por favor).


miércoles, abril 29, 2009

La frivolidad es cosa seria

Por lo visto, además de Lorenzo Lamas nos ha visitado esta semana alguien, si no tan glamouroso y escultural, si bien no tan latino y actorazo, por lo menos alguien que ha acaparado las miradas, y los focos, y los flashes, y las portadas. ¿Dónde está la cobertura mediática que se merece el Rey de las Camas? Nada, todo para la Bruni y su consorte napoleónico. Ni una mísera instantánea de su trasero, de su pecho lobo, de su mirada estrábica y su sonrisa en escorzo aguantando el chaparrón mientras un aluvión de fans se le agarran del cuello mazacote para improvisar pose delante de los teléfonos móviles de turno al tiempo que firma como un profesional curtido en mil batallas de mall las carátulas de Falcon Crest. Me cago en la agenda-setting.

Y es que menuda semanita llevamos. Que si la foto a todo color de Sam, un perro labrador que ha tenido la fortuna de encontrar un amo justo y recto, y con un innegable parecido fisonómico –hablamos de nuestro ex presidente del Gobierno-, que si los culazos –perdón, esbeltas figuras- de las geishas de la cumbre hispano-francesa, que si Oswaldo Cornelius publicando una demoledora imagen de nuestra amada Kathleen Turner convertida en Meat Loaf… Y, entre medias, una pandemia para estropearnos el choteo. Inoportuna a más no poder. Por lo menos, nos queda la política, la misma que me hace suspirar y reflexionar y saltar desde las páginas de Anatomía de un instante (el libro de Javier Cercas que arrasa esta primavera), en las que un Gutiérrez Mellado se resiste a caer de rodillas frente a los mismos golpistas que él educó, a las de El País y su entrevista a Sarko, ese personaje fascinante y excesivo, ese líder terremoto que, entre gesto y gesto, bravuconada y hostieja, dice cosas. Buenas, malas o regulares. Pero las dice. O parece decirlas. O creemos que las dice. Claro que la nadería a la que nos acostumbran en España nubla nuestro entendimiento. En fin, para frívolos, el Jóse (con acento en la o).

lunes, abril 27, 2009

Hoy el protagonista es… Lorenzo Lamas

Pues sí, amigos (no se me entusiasmen, seguimos siendo un blog concienzudamente hetero). Nuestro foro siempre ha demostrado ser un pozo de tendencias y celebridad. Les pongo en antecedentes: con motivo de la llegada a las tiendas de la primera temporada en DVD de la mítica serie de televisión Falcon Crest, uno de sus protagonistas más recordados, Lorenzo Lamas, acude a Madrid a firmar autógrafos. Tan surrealista como eso. La estrella de la pequeña pantalla (hagan todos los chistes que quieran) todavía pulula por los saraos. ¿De qué oscuro rincón de serie b le habrán tenido que sacar? ¿A la puerta de qué mansión decadente habrán tenido que llamar? ¿Hay alguien en el mundo del espectáculo que represente como más empaque el concepto de ostracismo? Visiten su maravillosa web y saldrán de dudas. Lorenzo Lamas. Lorenzo Lamas. ¡Qué combinación nombre-apellido! Porque claro, él es y siempre será, LA-TI-NO.



Impagable "testimonio" de nuestro renegado favorito.




Les dejo con los títulos de crédito más famosos de la historia de la televisión. Lance Cumson, nietísimo de Angela Channing, era un mozo atractivo, mujeriego y misterioso. Tonto como él solo, pero misterioso. De las guarrillas tipo Ana Alicia, Morgan Fairchild, Jane Badler o Assumpta Serna hablaremos otro día. El tema es infinito.