1. Deep Purple - Fireball
2. Aretha Franklin - Jumpin' Jack Flash
3. Turbonegro - Get it on
4. The Gossip - Standing in the Way of Control
5. Queens of the Stone Age - Feel Good Hit of the Summer
6. The Flamin' Groovies - Milkcow Blues
7. Buckcherry - Lit Up
8. Sonic's Rendezvous Band - City Slang
9. Social Distorsion - Dear Lover
10. Beast of Bourbon - Let's get Funky
11. AC/DC - Jailbreak
12. Hawkwind - Motörhead
13. Black Crowes - Stare it Cold
miércoles, febrero 27, 2008
martes, febrero 26, 2008
Lo dijo un sabio
Política, políticas
por Antonio Muñoz Molina
Con ánimo aprensivo se dispone uno a sobrevivir a otra campaña electoral, en la que sabe que no va ahorrársele nada, desde la vulgaridad de la "tradicional pegada de carteles" hasta los chistosos insultos mitineros que degradan por igual al orador que los repite y a la masa partidista que los aclama. Si la política es una cosa tan seria y la democracia es tan valiosa y tan frágil, ¿por qué el espectáculo de los políticos y de los fervores de sus hooligans nos parece tan bajo? Decía Borges que al asistir en Buenos Aires a la manifestación de alegría que llenó las calles cuando se supo en mayo de 1945 la rendición de Alemania descubrió que algunas emociones colectivas podían no ser innobles. La democracia, para quienes nacimos sin ella, sigue siendo al cabo de los años un sueño personal y una noble emoción colectiva, pero el ruido y las bajas pasiones de la política la convierten con demasiada frecuencia en un espectáculo nauseabundo, protagonizado por personas que hablan y actúan con una irresponsabilidad y un grado de incompetencia que nadie puede permitirse en su propia vida.
Una campaña electoral sirve para exagerar diferencias, poner en ridículo al contrario y alentar los hervideros irracionales de la sangre, pero mientras tanto los problemas reales perduran obstinadamente, y uno se pregunta con escepticismo y desasosiego si su voto mínimo servirá para algo: para que todos los ciudadanos tengan los mismos derechos civiles a lo largo de todo el territorio, y todos los votos valgan lo mismo; para que haya por fin una división clara entre la Iglesia y el Estado y sean los creyentes quienes se paguen sus cultos y no tengamos que ver nunca más a un cargo público presidiendo una procesión; para que cualquiera pueda ser concejal sin jugarse la vida, y a ser posible sin hacerse multimillonario arrasando la costa con una urbanización; para que la escuela ofrezca a todos por igual la oportunidad de desarrollar sus mejores capacidades, sin embotar los cerebros con la indulgencia y la desgana o envenenarlos con un odio alimentado de ignorancia; para que la vida pública se base en la ciudadanía voluntaria y racional y no en la pertenencia étnica o religiosa o lingüística; para que no siga avanzando aterradoramente el desierto y el tesoro tan escaso del agua se administre con arreglo a la racionalidad y al bien común; para que las conquistas sagradas del derecho universal a la educación y a la salud no estén sometidas al lucro privado, aunque sí a la excelencia en su gestión pública y a la responsabilidad adulta de quienes nos beneficiamos de ellas. Todo lo demás es política.
Fuente: El blog de las Elecciones 2008 en ELPAÍS.com (22 febrero, 2008)
por Antonio Muñoz Molina
Con ánimo aprensivo se dispone uno a sobrevivir a otra campaña electoral, en la que sabe que no va ahorrársele nada, desde la vulgaridad de la "tradicional pegada de carteles" hasta los chistosos insultos mitineros que degradan por igual al orador que los repite y a la masa partidista que los aclama. Si la política es una cosa tan seria y la democracia es tan valiosa y tan frágil, ¿por qué el espectáculo de los políticos y de los fervores de sus hooligans nos parece tan bajo? Decía Borges que al asistir en Buenos Aires a la manifestación de alegría que llenó las calles cuando se supo en mayo de 1945 la rendición de Alemania descubrió que algunas emociones colectivas podían no ser innobles. La democracia, para quienes nacimos sin ella, sigue siendo al cabo de los años un sueño personal y una noble emoción colectiva, pero el ruido y las bajas pasiones de la política la convierten con demasiada frecuencia en un espectáculo nauseabundo, protagonizado por personas que hablan y actúan con una irresponsabilidad y un grado de incompetencia que nadie puede permitirse en su propia vida.
Una campaña electoral sirve para exagerar diferencias, poner en ridículo al contrario y alentar los hervideros irracionales de la sangre, pero mientras tanto los problemas reales perduran obstinadamente, y uno se pregunta con escepticismo y desasosiego si su voto mínimo servirá para algo: para que todos los ciudadanos tengan los mismos derechos civiles a lo largo de todo el territorio, y todos los votos valgan lo mismo; para que haya por fin una división clara entre la Iglesia y el Estado y sean los creyentes quienes se paguen sus cultos y no tengamos que ver nunca más a un cargo público presidiendo una procesión; para que cualquiera pueda ser concejal sin jugarse la vida, y a ser posible sin hacerse multimillonario arrasando la costa con una urbanización; para que la escuela ofrezca a todos por igual la oportunidad de desarrollar sus mejores capacidades, sin embotar los cerebros con la indulgencia y la desgana o envenenarlos con un odio alimentado de ignorancia; para que la vida pública se base en la ciudadanía voluntaria y racional y no en la pertenencia étnica o religiosa o lingüística; para que no siga avanzando aterradoramente el desierto y el tesoro tan escaso del agua se administre con arreglo a la racionalidad y al bien común; para que las conquistas sagradas del derecho universal a la educación y a la salud no estén sometidas al lucro privado, aunque sí a la excelencia en su gestión pública y a la responsabilidad adulta de quienes nos beneficiamos de ellas. Todo lo demás es política.
Fuente: El blog de las Elecciones 2008 en ELPAÍS.com (22 febrero, 2008)
lunes, febrero 25, 2008
OSCARIFABLE
Hay que ver lo que les gusta a los de Hollywood el aspaviento y el disfraz. Qué pocas veces triunfa la contención y la sobriedad. Tommy Lee Jones compone el mejor papel del año en En el valle de Elah. Punto.
viernes, febrero 22, 2008
jueves, febrero 21, 2008
MÚSICA NOCTURNA




No es ninguna novedad pero no por ello desmerece ser reseñado a estas alturas. Se trata de las series que el sello independiente Azuli Records ha venido lanzando desde 2001 bajo el nombre de Late Night Tales. Recopilaciones en las que bandas, artistas y DJ's seleccionan y mezclan las canciones que les gusta escuchar para finalizar el día. Howie B, Air, Flamin' Lips, Jamiroquai o Fatboy Slim son alguno de los nombres más famosos que se han prestado a confeccionar estos sabrosos discos de varios.
martes, febrero 19, 2008
POZOS DE AMBICIÓN Y OTRAS REFLEXIONES DEL MONTÓN
Y llegó Pozos de ambición. Dejando al margen la melodramática adaptación en español de su título, cabe decir que estamos ante la que podría haber sido una obra maestra del consentido director de Boogie nights y Magnolia, de no estar pasadísima de rosca. Pasadísimo el director y pasadísimos los actores en una historia ya de por sí un poco de culebrón. Pero ese culebrón comienza a atrapar porque bebe desde el arranque directamente de las epopeyas patrias de John Ford para, poco a poco, ir soltando amarras hasta disparar sin reparos la gestualidad y todo el histrionismo de Daniel Day-Lewis. Así, durante casi tres horas hasta llegar al cierre, un epílogo diseñado al más puro estilo Kubrick. El manierista y grandilocuente de Barry Lyndon, La naranja mecánica o El resplandor, claro está. A pesar de todo, la capacidad narrativa del director, aunque nulamente contenida, consigue plasmar un puñado de grandes momentos escenificados en una película de gran amplitud y factura. Por ello el espectador no da crédito en cuanto asoma la parodia, cuando los personajes, desagradables y monstruosos, adquieren tintes caricaturescos. Una historia tan excesiva como su título. Paul Thomas Anderson se ha quedado a gusto.

Ver Pozos de Ambición me reafirma en mis convicciones respecto al mundo del arte. Enfrentarse ante la belleza y las emociones suscitadas por un objeto implica un acto de absoluta libertad. A veces uno se estremece o conecta con algo sin saber el motivo y sin buscar respuestas racionales. Pero cuando se quiere ir más allá suele necesitar establecer referentes sólidos a los que anclarse para pisar suelo firme y no desvanecerse en el vacío infinito de eso que llamamos arte. Puede que en eso consistan los prejuicios. Sin embargo, las etiquetas son útiles para configurar un criterio y educar el paladar por lo que, a menudo, suelo recurrir a los aspectos más reconocibles del sujeto antes de valorar el objeto. Algo así como contextualizar la obra. De esta manera puedo encajar películas de Kubrick tan desmesuradas como 2001 o Eyes wide shut gracias a otras tan certeras y ahorrativas como Atraco perfecto. O puedo aproximarme con respeto a la locura de Dalí en su fase más surrealista y lunática después de haber constatado su versión figurativa. No es más que una manera de escapar del fraude.
Y esta reflexión me lleva directamente a recordar mi noche del viernes pasado. Una invitación rebotada cae en mis manos y me desplazo hasta una galería de arte donde supuestamente se presenta un chef para un par de hoteles portugueses. La cosa se celebra en un primer piso y nada más subir las escaleras el barullo que fluye a ambos lados, en dos casas enfrentadas, confirma la llegada a las señas correctas. Sin nadie que ejerza de anfitrión, con un pelotón de gente cruzando de lado a lado, decidimos pasar a una de las casas en las que parece se instala la galería y la presentación. Nuestra curiosidad no se ve satisfecha pues tras echar unos cuantos vistazos todo parece reducirse a un par de habitaciones aparentemente vacías. Bueno, vacías. En una de ellas, una gran jaula no contiene más que la caída de una bombilla que luce intermitentemente. En la otra, la más grande, todo es diáfano salvo por una proyección estática de una foto y un detalle en el que más de uno repara porque sirve para que los incautos asistentes, copa y canapé en mano, tropiecen sin remisión. El detalle no es más que una especie de plancha de hierro, de estas que pueden utilizarse para fijar un baldosín, con un asa y bien colocadita en mitad del paso, sobre el frío mármol. Un par de vinos más tarde nos convencemos de que aquel conjunto es en realidad la exposición de marras. Fascinante. La fauna no desentona: mujeres estiradas de cutis y tacón alto, corrillos de guiris cuchicheantes, tipos extravagantes enfundados en gabanes negros con calaveras amarillas, chuzos de postín, gorrones de bandeja. Gente del arte. Gente que de vez en cuando se asoma por una cortina de goma negra, como las que tienen los talleres de coches para dividir espacios. Mi curiosidad ante la costumbre del personal me lleva a sospechar y no puedo remediar traspasar la cortina. Al otro lado, la penumbra envuelve la continuación de la habitación en la que estaba y, como si me viera atrapado en un cortometraje sin apenas guión, enfilé hasta la luz que se filtraba por el hueco de la única puerta por la que los fisgones podrían haberse colado. Justo antes de que pudiera llegar hasta ella, una mujer me indica que aquello es un despacho y me sugiere media vuelta, con lo que mis pesquisas y esperanzas morbosas por encontrar un nido de depravación donde la cultura y el arte dieran paso a sexo grupal y esnifadas compartidas se fueron al garete. Después de este episodio y cuando ya enfilábamos el descansillo, todavía atónitos por el despliegue, sin tener ni rastro del chef y con el buche vacío por la escasez de piscolabis, cuando comentábamos la última media trompada con la plancha de la instalación, entreveo en la puerta de enfrente un gentío desproporcionado con lo que acabábamos de dejar atrás. Confirmo que allí está la fiesta y, tras superar el franqueo de la barrera a pesar de no contar con la necesaria pero no avisada invitación física, accedemos a lo que bien pudiera ser una escena sacada de una película de Woody Allen o del guateque de Desayuno con Diamantes. Una auténtica jauría de personajillos poseídos por el espíritu depredador de la alta cultura debaten en mesas redondas, en rincones y en cualquier resquicio de lo que es una especie de hogar del galerista, decorado con cuadros y esculturas, con habitaciones destinadas al almacenaje, con estanterías llenas de libros, con alfombras absurdas y distribución caótica. Gordos trajeados y suripantas emperifolladas corretean entre la gente sosteniendo en equilibrio platos repletos de jamón y albóndigas. Al fondo del salón, parte de la masa se agolpa alrededor de las copas, vino con tufo a coles y cerveza de litrona, que los camareros a duras penas van sacando y repartiendo. Al otro lado de la estancia, una mesa adaptada para bufé es asaltada por la manada hambrienta. Los invitados comen con las manos, ríen a carcajadas, se empujan y se apelotonan mientras comentan la jugada o se ligan descaradamente a mandíbula llena. Atenazados por el estupor, no conseguimos encontrarnos cómodos en ningún momento, aunque sí salvamos la proeza de rellenar un plato con algunas de las exquisiteces cocinadas por el chef fantasma, siempre y cuando ibéricos y quesos puedan ser susceptibles de formar parte de sus méritos cocineros, claro está. De pie, con las dos manos ocupadas en sostener copa, servilleta, cubiertos y plato, con la americana puesta y la bufanda mojando la salsa, intentamos mimetizarnos con el paisaje, ser parte del argumento con naturalidad pero el camuflaje no basta. Hace falta mucho más alcohol y más maneras.
Si la vida fuese así...

Ver Pozos de Ambición me reafirma en mis convicciones respecto al mundo del arte. Enfrentarse ante la belleza y las emociones suscitadas por un objeto implica un acto de absoluta libertad. A veces uno se estremece o conecta con algo sin saber el motivo y sin buscar respuestas racionales. Pero cuando se quiere ir más allá suele necesitar establecer referentes sólidos a los que anclarse para pisar suelo firme y no desvanecerse en el vacío infinito de eso que llamamos arte. Puede que en eso consistan los prejuicios. Sin embargo, las etiquetas son útiles para configurar un criterio y educar el paladar por lo que, a menudo, suelo recurrir a los aspectos más reconocibles del sujeto antes de valorar el objeto. Algo así como contextualizar la obra. De esta manera puedo encajar películas de Kubrick tan desmesuradas como 2001 o Eyes wide shut gracias a otras tan certeras y ahorrativas como Atraco perfecto. O puedo aproximarme con respeto a la locura de Dalí en su fase más surrealista y lunática después de haber constatado su versión figurativa. No es más que una manera de escapar del fraude.
Y esta reflexión me lleva directamente a recordar mi noche del viernes pasado. Una invitación rebotada cae en mis manos y me desplazo hasta una galería de arte donde supuestamente se presenta un chef para un par de hoteles portugueses. La cosa se celebra en un primer piso y nada más subir las escaleras el barullo que fluye a ambos lados, en dos casas enfrentadas, confirma la llegada a las señas correctas. Sin nadie que ejerza de anfitrión, con un pelotón de gente cruzando de lado a lado, decidimos pasar a una de las casas en las que parece se instala la galería y la presentación. Nuestra curiosidad no se ve satisfecha pues tras echar unos cuantos vistazos todo parece reducirse a un par de habitaciones aparentemente vacías. Bueno, vacías. En una de ellas, una gran jaula no contiene más que la caída de una bombilla que luce intermitentemente. En la otra, la más grande, todo es diáfano salvo por una proyección estática de una foto y un detalle en el que más de uno repara porque sirve para que los incautos asistentes, copa y canapé en mano, tropiecen sin remisión. El detalle no es más que una especie de plancha de hierro, de estas que pueden utilizarse para fijar un baldosín, con un asa y bien colocadita en mitad del paso, sobre el frío mármol. Un par de vinos más tarde nos convencemos de que aquel conjunto es en realidad la exposición de marras. Fascinante. La fauna no desentona: mujeres estiradas de cutis y tacón alto, corrillos de guiris cuchicheantes, tipos extravagantes enfundados en gabanes negros con calaveras amarillas, chuzos de postín, gorrones de bandeja. Gente del arte. Gente que de vez en cuando se asoma por una cortina de goma negra, como las que tienen los talleres de coches para dividir espacios. Mi curiosidad ante la costumbre del personal me lleva a sospechar y no puedo remediar traspasar la cortina. Al otro lado, la penumbra envuelve la continuación de la habitación en la que estaba y, como si me viera atrapado en un cortometraje sin apenas guión, enfilé hasta la luz que se filtraba por el hueco de la única puerta por la que los fisgones podrían haberse colado. Justo antes de que pudiera llegar hasta ella, una mujer me indica que aquello es un despacho y me sugiere media vuelta, con lo que mis pesquisas y esperanzas morbosas por encontrar un nido de depravación donde la cultura y el arte dieran paso a sexo grupal y esnifadas compartidas se fueron al garete. Después de este episodio y cuando ya enfilábamos el descansillo, todavía atónitos por el despliegue, sin tener ni rastro del chef y con el buche vacío por la escasez de piscolabis, cuando comentábamos la última media trompada con la plancha de la instalación, entreveo en la puerta de enfrente un gentío desproporcionado con lo que acabábamos de dejar atrás. Confirmo que allí está la fiesta y, tras superar el franqueo de la barrera a pesar de no contar con la necesaria pero no avisada invitación física, accedemos a lo que bien pudiera ser una escena sacada de una película de Woody Allen o del guateque de Desayuno con Diamantes. Una auténtica jauría de personajillos poseídos por el espíritu depredador de la alta cultura debaten en mesas redondas, en rincones y en cualquier resquicio de lo que es una especie de hogar del galerista, decorado con cuadros y esculturas, con habitaciones destinadas al almacenaje, con estanterías llenas de libros, con alfombras absurdas y distribución caótica. Gordos trajeados y suripantas emperifolladas corretean entre la gente sosteniendo en equilibrio platos repletos de jamón y albóndigas. Al fondo del salón, parte de la masa se agolpa alrededor de las copas, vino con tufo a coles y cerveza de litrona, que los camareros a duras penas van sacando y repartiendo. Al otro lado de la estancia, una mesa adaptada para bufé es asaltada por la manada hambrienta. Los invitados comen con las manos, ríen a carcajadas, se empujan y se apelotonan mientras comentan la jugada o se ligan descaradamente a mandíbula llena. Atenazados por el estupor, no conseguimos encontrarnos cómodos en ningún momento, aunque sí salvamos la proeza de rellenar un plato con algunas de las exquisiteces cocinadas por el chef fantasma, siempre y cuando ibéricos y quesos puedan ser susceptibles de formar parte de sus méritos cocineros, claro está. De pie, con las dos manos ocupadas en sostener copa, servilleta, cubiertos y plato, con la americana puesta y la bufanda mojando la salsa, intentamos mimetizarnos con el paisaje, ser parte del argumento con naturalidad pero el camuflaje no basta. Hace falta mucho más alcohol y más maneras.
Si la vida fuese así...
miércoles, febrero 13, 2008
Tanta imperfección
No preocuparse, ya estoy aquí. Mi dilatada ausencia se debe a mi enclaustramiento voluntario con el fin de adquirir aún más sabiduría. Entre volúmenes enciclopédicos de ciencia y saberes arcanos me paso día y noche, y mi ocio se reduce a mínimos contactos con la actualidad a través de escapadas furtivas a salas de fiestas y cines de extrarradio.
En fin, que la última de estas aproximaciones con el exterior me ha llevado a ver En el valle de Elah, la última peli de Paul Haggis. Si bien Crash me pareció la obra de un listillo, una película un tanto mentirosa y manipuladora, he de reconocer que aquí está mucho más acertado. De hecho, la película me entusiasmó. Además de contar con un gigante como Tommy Lee Jones, un tipo que cada vez me gusta más, con una solvente Charlize Theron y con una siemprealquite Susan Sarandon, es difícil cuestionar el valor propio del director y también guionista. La historia es suya y la sabe llevar hasta el final sin la retórica y la panfletería encubierta de su anterior éxito. Dota a los personajes, sobre todo al interpretado por un cada vez más agrietado Lee Jones, de capacidad de rectificación en unos tiempos de valores absolutos y de posicionamientos irrenunciables. Esa es tal vez la cualidad más sobresaliente de la película, la de haber construido unas personalidades imperfectas capaces de reconocerse y de superarse con humildad. Hasta el carácter más fuerte, el forjado durante años con mano de hierro en un ejército salvador, puede resquebrajarse y darse cuenta de que su país no es tan perfecto, de que su hijo no es tan perfecto y, lo que es más importante, de que él mismo tampoco lo es. Por eso la película sale de la escena final no sólo indemne sino reforzada, demostrando Haggis que un solo plano bastaba para cargarse todo lo anterior o para encumbrarlo. El espectador, yo al menos, sopla de alivio al constatar que la elección ha sido la correcta, a un paso de haber montado en cólera ante lo que hubiera sido un intragable ejercicio de cinismo patriotero.
En fin, que la última de estas aproximaciones con el exterior me ha llevado a ver En el valle de Elah, la última peli de Paul Haggis. Si bien Crash me pareció la obra de un listillo, una película un tanto mentirosa y manipuladora, he de reconocer que aquí está mucho más acertado. De hecho, la película me entusiasmó. Además de contar con un gigante como Tommy Lee Jones, un tipo que cada vez me gusta más, con una solvente Charlize Theron y con una siemprealquite Susan Sarandon, es difícil cuestionar el valor propio del director y también guionista. La historia es suya y la sabe llevar hasta el final sin la retórica y la panfletería encubierta de su anterior éxito. Dota a los personajes, sobre todo al interpretado por un cada vez más agrietado Lee Jones, de capacidad de rectificación en unos tiempos de valores absolutos y de posicionamientos irrenunciables. Esa es tal vez la cualidad más sobresaliente de la película, la de haber construido unas personalidades imperfectas capaces de reconocerse y de superarse con humildad. Hasta el carácter más fuerte, el forjado durante años con mano de hierro en un ejército salvador, puede resquebrajarse y darse cuenta de que su país no es tan perfecto, de que su hijo no es tan perfecto y, lo que es más importante, de que él mismo tampoco lo es. Por eso la película sale de la escena final no sólo indemne sino reforzada, demostrando Haggis que un solo plano bastaba para cargarse todo lo anterior o para encumbrarlo. El espectador, yo al menos, sopla de alivio al constatar que la elección ha sido la correcta, a un paso de haber montado en cólera ante lo que hubiera sido un intragable ejercicio de cinismo patriotero.
jueves, enero 24, 2008
TOP TEN 2007
Todo quisqui ya ha publicado sus top ten y sus listados de los mejores discos del 2007. Aquí va el mío:
1 American Gangster – Jay-Z
2 Sky Blue Sky – Wilco
3 Sound of Silver – LCD Soundsystem
4 Neon Bible – Arcade Fire
5 Grinderman – Grinderman
6 Myth Takes – !!!
7 Raising Sand – Robert Plant and Alison Krauss
8 The Hair the TV the Baby & the Band – Imperial Teen
9 Era Vulgaris – Queens Of The Stone Age
10 Hey Venus – Super Furry Animals
Vaya, qué moderno y previsible. Ehh, que no he metido a Radiohead. Eso ya me convierte en un revolucionario.
1 American Gangster – Jay-Z
2 Sky Blue Sky – Wilco
3 Sound of Silver – LCD Soundsystem
4 Neon Bible – Arcade Fire
5 Grinderman – Grinderman
6 Myth Takes – !!!
7 Raising Sand – Robert Plant and Alison Krauss
8 The Hair the TV the Baby & the Band – Imperial Teen
9 Era Vulgaris – Queens Of The Stone Age
10 Hey Venus – Super Furry Animals
Vaya, qué moderno y previsible. Ehh, que no he metido a Radiohead. Eso ya me convierte en un revolucionario.
martes, enero 15, 2008
La tiranía del buenismo
Gentes hasta los huevos de esa suerte de dictadura de lo políticamente correcto: uníos!!! Hastiado por el feminismo rancio me hallo, arrinconado por la portavocía oficial del hecho progre, asqueado por una sociedad sometida por el imperio de un machismo que, lejos de contentarse con causar muerte y dolor, engendró criaturas que golpean y golpean la puerta equivocada, chillan y patalean asidas a un altavoz con la esperanza de cambiar un mundo que en parte ya ha cambiado. No puedo con tanta tontuna maquillada, con confundir educación con baba y revolución con pose. No es tanto una cuestión de hipocresía o de falsa moral, sino de no darse cuenta de las prioridades. Dejadnos en paz de tanta memez, de esta repentina ecología barata, de españoles y españolas, de amig@s y arrob@s, de cojones y cojonas. Síííí, ZP es el culpable, el caudillo de este maquiavélico plan de buenrollismo general que nos va a llevar a entonar el himno de los verdes valles y los cielos azules. Malvado eres tú y tu sonrisa boba de justiciero social. ¡Qué vuelva Solchaga! ¿Qué digo? ¡Qué vuelva Camacho! Joder, si sigo así voy a tener que pedir asilo en Libertad Digital.
jueves, enero 10, 2008
Recopilaciones Muuu DJ: tonadillas impostoras
miércoles, enero 09, 2008
GANGSTA-STYLE
En las librerías aparece el libro Los Verdaderos Gangster en el Cine y en las carteleras la última peli de Ridley Scott, American Gangster. Va a ser que el hampa está de moda. Salgo de ver la película y necesito reposar. Tras dos horas de metraje no tengo muy claro si lo que he visto me gusta o no. A veces me pasa. Un par de cervezas y un pitillo más tarde me voy dando cuenta de que puede que el veredicto vaya a ser negativo. Lo sabía. Sabía que no podía confiar en el señor Scott. Sabía que la primera mitad de su carrera quedaba muy lejos, anclada en la memoria con nostalgia pero también con asombro hasta el punto de llegar a sospechar sobre la verdadera autoría de un puñado de obras maestras y peliculones de nuestra infancia.
La factura de American Gangster no es del todo rebatible. La interpretación de sus dos famosos actores desborda profesionalidad. La historia es jugosa. ¿Qué coño le falta o le sobra entonces a una peli donde se juntan tantos factores tan atractivos a priori? En mi opinión le sobra metraje, aunque no es el peor de sus defectos pues las horas pueden pasar volando si la dicha es buena. El ritmo, de una densidad sostenida en sensibles altibajos y arreones que incluso coquetean con el letargo, tampoco ayuda. También le sobra ambición, la de un tipo que anda a la búsqueda de Óscar tras Óscar y pretende, a través de una recopilación de planos y secuencias arquetípicas del género, legar su particular El Padrino o Godfellas –mientras Coppola trasciende el género y Scorsese lo representa en su quintaesencia, Scott se limita a fusilarlo al pie de la letra-. Y ahí es cuando percibo lo que le falta. Le falta alma. Y magia.


Eso sí, háganse con el último disco de Jay-Z. Ése sí que es un trabajo a la altura.
La factura de American Gangster no es del todo rebatible. La interpretación de sus dos famosos actores desborda profesionalidad. La historia es jugosa. ¿Qué coño le falta o le sobra entonces a una peli donde se juntan tantos factores tan atractivos a priori? En mi opinión le sobra metraje, aunque no es el peor de sus defectos pues las horas pueden pasar volando si la dicha es buena. El ritmo, de una densidad sostenida en sensibles altibajos y arreones que incluso coquetean con el letargo, tampoco ayuda. También le sobra ambición, la de un tipo que anda a la búsqueda de Óscar tras Óscar y pretende, a través de una recopilación de planos y secuencias arquetípicas del género, legar su particular El Padrino o Godfellas –mientras Coppola trasciende el género y Scorsese lo representa en su quintaesencia, Scott se limita a fusilarlo al pie de la letra-. Y ahí es cuando percibo lo que le falta. Le falta alma. Y magia.


Eso sí, háganse con el último disco de Jay-Z. Ése sí que es un trabajo a la altura.
jueves, enero 03, 2008
Noche de Reyes: pinchada Real

Pinchen en la tarjeta de presentación para ver quiénes son los que pinchan de verdad. No se pierdan la cita en el Bar Badulake, en el madrileñísimo barrio de Lavapiés. Será la fies!
Serpentinas y villancicos a gogó.
Go-gós matarifes.
Folclore y refrescos.
Death metal y retro-funk-speed.
Carcajadas y roscón anfetamínico.
viernes, diciembre 14, 2007
Modas gilipollas de niñ@s pij@s. O al revés.
Sí, o modas pijas de niñ@s gilipollas. Vayan buscando las suyas. Yo en estas Navidades me voy a dedicar a pensar en ello. Pantalones pesqueros, camisetas de acid, calcetines de rombos, flequillo de Aznar, jerséis anudados sobre los hombros... Historia viva de nuestra estupidez. Ya verán qué gracia
miércoles, noviembre 28, 2007
Muerte al hilo musical
El portal Tablet Hoteles reivindica la asociación entre música y hoteles. Una manera de hacerlo es que los propios establecimientos creen sus propias compilaciones temáticas. Como la que el californiano Hotel Healdsburg elabora bajo el título Love Supreme:
In A Sentimental Mood John Coltrane
Take Five Dave Brubeck
When I Fall In Love Miles Davis
Search for Peace McCoy Tyner
Autumn Leaves The Cannonball Adderley Sextet
Hullo Bolinas Bill Evans
Say It (Over and Over Again) John Coltrane Quartet
Mood Indigo Marcus Roberts
Blue Monk Thelonious Monk
Flamenco Sketches Miles Davis
In A Sentimental Mood John ColtraneTake Five Dave Brubeck
When I Fall In Love Miles Davis
Search for Peace McCoy Tyner
Autumn Leaves The Cannonball Adderley Sextet
Hullo Bolinas Bill Evans
Say It (Over and Over Again) John Coltrane Quartet
Mood Indigo Marcus Roberts
Blue Monk Thelonious Monk
Flamenco Sketches Miles Davis
Poor Innocent Boys Cazals
Final Ahh (Nicky Remix) Hiltmeyer Inc/Parker Frisby
Juicebox The Strokes
I Bet You Look Good On the Dancefloor Arctic Monkeys
Neighborhood #3 (Power Out) Arcade Fire
Love Is an Unfamiliar Name The Duke Spirit
Pulsatron (Hugo Nicholson Vocal Mix) Siobhan Fahey
Love Is a Number White Rose Movement
Hate Cat Power
Final Ahh (Nicky Remix) Hiltmeyer Inc/Parker Frisby
Juicebox The Strokes
I Bet You Look Good On the Dancefloor Arctic Monkeys
Neighborhood #3 (Power Out) Arcade Fire
Love Is an Unfamiliar Name The Duke Spirit
Pulsatron (Hugo Nicholson Vocal Mix) Siobhan Fahey
Love Is a Number White Rose Movement
Hate Cat Power
martes, noviembre 20, 2007
La Carretera
miércoles, noviembre 14, 2007
martes, noviembre 13, 2007
Cuánta contradicción
Mira que no tenía pensado dar más cobertura de la que ya tiene al celebérrimo incidente de la Cumbre Iberoamericana. Pero ¡ay, qué mundo de locos! Cuánta contradicción concentrada en unos instantes. Un líder incompatible con cualquier sistema democrático aunque representante de un país con una democracia más o menos efectiva achantando a otro, supuestamente elegido por el pueblo pero a todas luces responsable del alejamiento de su país de toda frontera democrática. Qué juego de equívocos éste.
Y todo esto para que el señor Chávez se afiance en su cruzada populista contra los imperios –qué mejor demostración que conseguir que el símbolo del imperio español te levante el dedo y la voz- y para que las dudas arrojadas por él mismo acerca de una serie de interesantes cuestiones como el golpe de estado en Venezuela en el año 2002 o el papel de algunas empresas patrias en suelo latinoamericano se ensombrezcan todavía más. No somos ná y menos en calzoncillos.
Y todo esto para que el señor Chávez se afiance en su cruzada populista contra los imperios –qué mejor demostración que conseguir que el símbolo del imperio español te levante el dedo y la voz- y para que las dudas arrojadas por él mismo acerca de una serie de interesantes cuestiones como el golpe de estado en Venezuela en el año 2002 o el papel de algunas empresas patrias en suelo latinoamericano se ensombrezcan todavía más. No somos ná y menos en calzoncillos.
Leones vs Corderos
Sin alcanzar la quintaesencia, Leones por Corderos continúa el legado de Sydney Pollack o Costa-Gavras y resiste el encontronazo con la realidad, uno de los aspectos que más me interesan pues Robert Redford demuestra arrojo al dirigir su mirada al presente y no a hechos pasados. Un paso más en la distancia con la que el cine español parece saludar al norteamericano, probablemente como un acto reflejo de una sociedad no demasiado madura para sentarse frente a la gran pantalla a presenciar una realidad ficcionada cuando se siente hastiada en su relación diaria con la realidad a secas frente a la pequeña pantalla. Aquí nos va más hacer una peli sobre Yoyes o el GAL pero a nadie se le ocurre tocar el 11-M o acontecimientos delicados de reciente impacto. El tiempo amortigua lo suyo.
El caso es que la nueva película de Robert Redford, concebida desde la progresía yanqui, enfoca tanto a unos como a otros. De hecho, se autoenfoca. Apela a los de derechas, representados por un hombre de acción –política, claro- encarnado en el papel de Tom Cruise, a desembarazarse de cobardes y mentirosos que a día de hoy lideran su partido, su país y la acción armada mundial. De hecho, el peor parado de la película aunque sea de forma velada parece ser el actual presidente de los Estados Unidos, un tipo que manda su país a la guerra pero que nunca quiso enfundarse en un uniforme cuando tuvo la oportunidad. Redford dibuja el perfil de un senador dispuesto a todo por sacar adelante la victoria en el campo de batalla, pero es también el perfil de un tipo decidido, inteligente y capaz. No un papanatas. Enfoca también a la izquierda, y apela en este caso a su dirección moral, dirigible en función de tantas y tantas cosas. La periodista interpretada por la llorona Meryl Streep descubre el conflicto interior al ser definida por el senador como una veleta, una hipócrita. Ella lo reconoce. Los republicanos siempre apoyarán la guerra. Los otros a veces sí, a veces no.
Por último, apela a cualquiera de nosotros, al espectador mismo, a rebelarse contra la inercia y la falta de decisión, a no ser cordero ni siquiera para dominar el rebaño. Siempre será mejor ser león, aunque sólo seamos uno entre tanto cordero.
Origen del título Leones por Corderos
El caso es que la nueva película de Robert Redford, concebida desde la progresía yanqui, enfoca tanto a unos como a otros. De hecho, se autoenfoca. Apela a los de derechas, representados por un hombre de acción –política, claro- encarnado en el papel de Tom Cruise, a desembarazarse de cobardes y mentirosos que a día de hoy lideran su partido, su país y la acción armada mundial. De hecho, el peor parado de la película aunque sea de forma velada parece ser el actual presidente de los Estados Unidos, un tipo que manda su país a la guerra pero que nunca quiso enfundarse en un uniforme cuando tuvo la oportunidad. Redford dibuja el perfil de un senador dispuesto a todo por sacar adelante la victoria en el campo de batalla, pero es también el perfil de un tipo decidido, inteligente y capaz. No un papanatas. Enfoca también a la izquierda, y apela en este caso a su dirección moral, dirigible en función de tantas y tantas cosas. La periodista interpretada por la llorona Meryl Streep descubre el conflicto interior al ser definida por el senador como una veleta, una hipócrita. Ella lo reconoce. Los republicanos siempre apoyarán la guerra. Los otros a veces sí, a veces no.
Por último, apela a cualquiera de nosotros, al espectador mismo, a rebelarse contra la inercia y la falta de decisión, a no ser cordero ni siquiera para dominar el rebaño. Siempre será mejor ser león, aunque sólo seamos uno entre tanto cordero.
Origen del título Leones por Corderos
lunes, octubre 29, 2007
Loado sea
Fernando Martín, presidente de Fadesa, del lobby inmobiliario G14 y ex-presidente del Real Madrid, aquel del peluquín encementado y de verbo ridículo que duró tanto en la Casa Blanca, asegura que si se reduce el índice de construcción de viviendas, con el consecuente aumento de paro en el sector, se “provocará importantes conflictos sociales”, ya que los primeros que se irán al paro serán los inmigrantes. El tipo no se corta y con una entonación paternalista da por seguro que así se estará incitando a toda esta gente a involucrarse en actividades nada beneficiosas para la sociedad. La jugada, pues, es magnífica.
El señor Martín con estas declaraciones no sólo desvela una sospechosa desconfianza en la masa inmigrante –la ecuación al sustraerse el factor del empleo en la construcción da como resultado el comportamiento delictivo, como si no hubiera otra solución- sino que ejemplifica la visión piramidal que atornilla los estratos sociales a su condición de ricos y pobres. Algo así como: no se preocupen que aquí estamos nosotros, garantes de la estabilidad, den gracias porque les damos empleos que mientras seamos quienes organicemos el tinglado no les van a entrar ganas de montar una revolución. Ustedes a trabajar en nuestras obras de vivienda, que nosotros nos dedicamos a que nunca les falte una, aunque no puedan permitirse luego vivir en ninguna de ellas. Porque la burbuja no la pincha ni dios.
Lo dicho, la perpetuación de la pirámide. Démosle gracias.
El señor Martín con estas declaraciones no sólo desvela una sospechosa desconfianza en la masa inmigrante –la ecuación al sustraerse el factor del empleo en la construcción da como resultado el comportamiento delictivo, como si no hubiera otra solución- sino que ejemplifica la visión piramidal que atornilla los estratos sociales a su condición de ricos y pobres. Algo así como: no se preocupen que aquí estamos nosotros, garantes de la estabilidad, den gracias porque les damos empleos que mientras seamos quienes organicemos el tinglado no les van a entrar ganas de montar una revolución. Ustedes a trabajar en nuestras obras de vivienda, que nosotros nos dedicamos a que nunca les falte una, aunque no puedan permitirse luego vivir en ninguna de ellas. Porque la burbuja no la pincha ni dios.
Lo dicho, la perpetuación de la pirámide. Démosle gracias.
jueves, octubre 04, 2007
El poder de lo invisible
O el poder de la radio. Amanece con la noticia de la muerte de Carlos Llamas, el director del programa Hora 25 de la SER. Lo cierto es que consterna, más cuando te tragas casi toda la programación que va dirigida a él, horas y horas de homenaje repleto de emotivos testimonios de compañeros, amigos y oyentes. Yo fui uno más de esta nutrida legión de fieles, aunque reconozco que me desconecté por completo del programa tras la victoria socialista del 14M. Y tampoco es que fuera fan, ni mucho menos. El señor Llamas nunca me hizo tilín y alguno de sus tertulianos llegaba a exasperarme. Aún así, escuchar los duelos entre Miguel Ángel Aguilar y Carlos Mendo merecía la pena. Durante los últimos meses del gobierno popular, Hora 25 ocupó un lugar decisivo en mi parrilla personal, en mi agenda diaria. Sus duros análisis de la situación política respecto a temas como la guerra de Irak o el 11M alteraban mis pensamientos. Hasta casi me quitaban el sueño. Y esa relación íntima es la que me lleva a escribir esta reflexión. La emoción que provoca la radio es incontenible. Yo escuchaba más a Carlos Llamas que a mi propia madre, pero nunca charlé con él. Su voz, como la de tantos otros, penetra en nuestra conciencia cotidiana sin que nos enteremos. Y, al final, como pasa hoy con esta triste noticia, te das cuenta de que forma parte de ti mismo. Sientes la pérdida aunque hacía ya mucho que no encontrabas su nombre en las sintonías.
La radio es poderosa, es el medio más caliente, más personal, más humano, más cercano, más inmediato y con el que mejor se puede combatir la soledad. Pero se guarda para sí todos sus secretos.
La radio es poderosa, es el medio más caliente, más personal, más humano, más cercano, más inmediato y con el que mejor se puede combatir la soledad. Pero se guarda para sí todos sus secretos.
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