martes, junio 22, 2010

Retomando el pulso...

Toda vez que os hemos dejado suficiente tiempo para que os empapéis del espíritu de Hijadeputa del mal, ya va siendo hora de introducir novedades. Varias semanas de intenso trabajo dedicado a Solar Decathlon Europe (de la mano de PhotoEspaña y sus talleres), el concurso de casas solares que aterrizó a orillas del Manzanares y que finaliza esta misma semana, nos ha enclaustrado sin oportunidad de encender la luz virtual. Hoy compartimos parte de ese material pero ya preparamos el desembarco en tierras vitorianas. Una nueva edición del Azkena Rock 2010 nos obliga a dejar incluso la concentración del Mundial para hacer acto de presencia ante Bob Dylan, Chris Isaak, The Damned, El Vez, Bad Religion, The Saints, NRBQ o Robert Gordon. De Kiss, ni hablamos, aunque daremos cuenta de su circo y no descartamos tirar de rimel y sombra de ojos. Por lo demás, tendrán su informe correspondiente. Esperamos sobrevivir a la tormenta de sonido.


viernes, junio 04, 2010

Hijadeputa del mal


Repámpanos desea a todos sus lectores un buen fin de semana con una cancioncilla que, de verdad, nos emociona y nos tiene embelesados. El tema en cuestión se llama Hijadeputa del mal, y está compuesto e interpretado por Wicked Wanda, un grupillo de madrileños algo marranos que perpetran un sonido tosco y acelerado pero no exento de dulces rimas y prosa elegante. Vamos, unos Siniestro Total de nuestros días.




"Dame un masaje en la zona inginal, eres una hijadeputa del mal, te haré un bukake unilateral, eres una hijadeputa del mal". ¿Qué más se puede pedir a una canción? En fin, Wicked Wanda, dignos herederos de Rubén Darío.

martes, junio 01, 2010

Éxtasis indie, réditos comerciales

The Charlatans interpretando de pé a pá su Some Friendly. Hay quien afirma que Tim Burgess usa peluca. No seremos nosotros quienes lo desmintamos.

18.342… 60.190… 100.221 Ray-Ban… Ya, por fin, se acabó el recuento de gafas negras, rojas o de espejo. Se acabó el Primavera Sound 2010. Y nosotros que sobrevivimos a él, oigan. Bueno, tras el chascarrillo alusivo al principal complemento que uniformaba a la masa indie y que tan bien representaba el empacho de patrocinios y esponsorizaciones del evento –por lo menos se es coherente al reservar uno de los principales escenarios para que sea la famosa marca de lentes quien lo comisione-, vayamos al tema. Partimos de la base de que nos perdimos el que según muchos fue el momento más estelar del fin de semana: la actuación de Van Dyke Parks, a hora temprana en el Auditori. Partimos de la base de que no coincidimos en uno de los conciertos más aplaudidos de entre las bandas aspirantes a grandes: Beach House (aunque a un servidor su primer trabajo le aburra de manera notable). Sigamos partiendo de otras bases como la de apenas contar casi ninguna noche para el bailoteo chunda-chunda y el desenfreno zombie de fin de fiesta. Entre tantas bases sentadas, ¿qué nos queda, amigos de Repámpanos? Pues nos queda un mejor sabor de boca que el experimentado el año anterior, aunque aquella edición fuera para nosotros un breve encontronazo con el festival y este que coleó hasta el domingo con Kin Khan o Black Lips nos cundiera los tres días centrales prácticamente enteritos.
De entre los recuerdos aún sin evaporar: los chillidos esquizoides de Daniel Alonso al frente de sus inclasificables Pony Bravo –con un Curro de la Expo sevillana presidiendo el escenario!!!-, la contundencia de unos siempre efectivos Shellac, el ensimismamiento de un Mark E. Smith a medio consumir, el hit tras hit de Pavement, el sonido siempre excelente de Pixies, la puesta en escena (¿y la elegancia?) de Pet Shop Boys, los ritmos experimentales e hipernoises de Michael Rother (Neu) y su nuevo combo, algunos pasajes de Spoon, el concierto íntegro de Charlatans
No está mal para una edición más que multitudinaria -y millonaria- que sirvió de nostálgico homenaje a una generación que vivió como tiernos fans la plenitud de algunas bandas cabezas de cartel y que supera con bastante o con mucho la treintena. No ha llovido ni ná desde que Pavement empezara a apuntar maneras con su Slanted and Enchanted y se pusiera al frente del amateurismo garagero yanki. Más todavía desde el Come on Pilgrim, aquel mítico Ep de cuando Charles Thompson, luego Black Francis, estaba fino, antes de convertirse en el buda antipático que lideraría The Pixies. Por no hablar de The Fall o Wire, padres de casi todo esto, curiosamente ambos ingleses.
Muy indies todos, se entiende, por pertenecer a una batalla librada desde la libertad, aunque fuera dentro de mayors. Pero claro, la frescura se agota, el discurso se apolilla, las canas sustituyen a las melenas (los indies no suelen llevarlas, que conste), las carnes se aflojan y el carácter se agria aún más (todos sabemos de quienes hablamos). Se aguantan peor las críticas, la presión, las amistades se corrompen por la pasta y los egos. Y parece que se acaba todo. Hasta que, años después, unos avezados y pesados promotores consiguen recuperar el espíritu de rebeldía y aquella chavalería, ahora más talludita, vuelve a girar gracias a un sustancioso cheque. Y a girar y a girar. Pero claro, ya hay menos discos brillantes -a veces ni siquiera hay discos nuevos- y los grupos y su público se empiezan a conformar con los maravillosos rescoldos del pasado. Bueno, es lo que tiene el rock, y el indie. Ya ninguno somos unos niños.

Pony Bravo desplegando en el escenario Vice todo su arsenal de sonidos sureños, rítmicos y hasta folclóricos. Bueno, y sacando a escena a Curro, la mascota olvidada de aquel 92 que Barcelona absorbiera para sí. Larga vida a Curro!!

miércoles, mayo 26, 2010

Hotel itinerante y planes de futuro

Esta mañana hemos sido testigos de la llegada del primer hotel ambulante de Europa. Como parte de la estrategia promocional del grupo Accor para lanzar su marca de hoteles urbanos y económicos All Seasons, ha comprimido en la caja de un trailer una habitación tipo de este tipo de establecimientos y lo ha embarcado en el All Seasons Tour, una gira que comenzó el 17 de mayo en París y que finalizará el 24 de junio en Bruselas. Entre medias, el camión repostará junto al Castillo Sforza de Milán o en el Centro Sony de Berlín. Tras su paso por Los Campos Elíseos y el corazón de Toulouse, el hotel sobre ruedas ha echado el freno en Madrid. Próxima parada: Roma. Además, un concurso organizado por la cadena da la posibilidad de pernoctar una noche en esta habitación y amanecer en su escaparate.



Por otra parte, informar que Repámpanos cubrirá -como participante en los talleres fotográficos organizados por PhotoEspaña- la primera edición de Solar Decathlon Europe 2010, una competición universitaria internacional en el que se valora la puesta en práctica de proyectos de Arquitectura Sostenible. En esta ocasion, 20 viviendas solares se instalarán entre el 17 y el 27 de junio junto al río Manzanares.

Pero antes, la bitácora huirá un año más al Primavera Sound porque no quiere perderse a bandas como The Fall, Wire, Pavement, Shellac, Pixies o Titus Andronicus. De hecho, ya he metido en la maleta mi disfraz de indie profesional. Saludos anticipados desde Barcelona.

jueves, mayo 20, 2010

Exilio en la dolce vita

Feliz en el exilio

Escucho los temas extras de la reedición del Exile On Main Street, el mítico disco de los Rolling Stones que motivó un documental que hace un par de días se pasó por primera vez en nuestra televisión coincidiendo con su presentación en el festival de Cannes. Yo lo ví ayer y, a pesar de que no me conmocionó, todavía resuena en mi cabeza la pegajosa música de aquella grabación. Para empezar, el resultado del doble álbum lanzado en 1972 como una colección algo inconexa de canciones grabadas principalmente un año antes en la mansión de Nellcôte, en la Costa Azul, sigue sonando con toda su vigencia. La que fue vituperada obra de una banda excesivamente relajada en sus excesos, con el tiempo pasó a convertirse en pieza de culto para muchos que al principio sólo adivinaban un collage torpemente dirigido por un Keith Richards pasado de caballo. Como afirma de manera ácida Jack White en la película, se trata de un disco con temas inetiquetables, algo que críticos y periodistas odian.

Más allá del poder de la música contenida en aquel artefacto infeccioso, sucio, desordenado e inmortal, Stones in exile aparece en un formato demasiado comprimido para poder reflejar la intensa y publicitada convivencia del grupo en la villa francesa. No puede centrarse en la leyenda, no puede echar mano de documentos filmados porque casi no se produjeron, no se adentra en el morbo de las pantagruélicas dietas a base de drogas y alcohol, no hay demasiados testigos de aquella Sodoma y Gomorra que den la cara, no hay excesiva chicha. Tan sólo, que no es poco, se medio comprenden las (precarias) condiciones en las que se dieron unas maratonianas jornadas de grabación sometidas al peculiar biorritmo de Keef. Sus declaraciones más expresivas de lo feliz que llegó a ser ejerciendo de anfitrión de decenas de músicos, estrellas del cine, gorrones, colgados, yonquis y desconocidos que pasaban por allí: "era el sitio perfecto. A un lado, Marsella y su facilidad para encontrar sustancias prohibidas; al otro, Italia y la mafia". Sí, el paraíso. Un niño de ocho años encargado de liar porros en serie. Un tipo que confiesa el haber entrado en la casa a pasar una tarde y quedarse seis meses. Cosas de esta troupe de gitanos del rock. Por lo menos queda clara la confrontación Jagger-Richards ("Mick es rock, yo soy roll", dice el guitarrista), la influencia bluesera a la hora de pergeñar el disco, así como el ambiente de decadencia en el que se convirtió la fiesta de pijamas, entre muebles dieciochescos y mujeres con las tetas al aire.

Dos enamorados... Ah, no, que es Gram Parsons

Pues vaya aburrimiento...





Una pena no poder comparar el documental de Stephen Kijak con el Cocksucker Blues, la peli semicensurada que dirigió el fotógrafo Robert Frank (el mismo que diseñó la portada del Exile On Main Street a partir de fotogramas de Super 8) sobre la gira de los Stones por Estados Unidos en 1972. Sus satánicas majestades ya habían dejado su exilio en la dolce vita y se habían lanzado de nuevo a propagar la palabra prohibida.

martes, mayo 18, 2010

Robin Flynn


Antes de nada, que conste en acta que se trata de una de mis historias preferidas de siempre. Además, no es la primera vez que en Repámpanos nos centramos en ella. Más que el tema de robar a los ricos para dárselo a los pobres, lo que me atrajo de la leyenda de Robin Hood fue que en realidad era Errol Flynn en leotardos de la Rana Gustavo. Hubo otros antes y muchos otros después, pero para un servidor aquel héroe tenía la sonrisa y los rulos del actor de aventuras por excelencia (con permiso de Douglas Fairbanks que además también lo interpretó más de una década antes): el pícaro de Tasmania. Evocar la vigorosa película dirigida por Michael Curtiz en 1938 significa retrotraerme al cine de verano de La Chopera y a las viejas teles en blanco y negro que por entonces se gastaban en mi casa y en la del pueblo familiar. The Adventures of Robin Hood, o mejor, Robin de los Bosques, siempre olerá a tierra mojada de fin de verano y siempre me hará sentir la calima nocturna de aquellas noches del Retiro. Es, sin duda, mi película más querida de todos los tiempos.

Pinchar aquí para ver el duelo final entre Robin Hood y sir Guy, una de las mejores escenas de espadachines de la historia del cine.

Alrededor de Robin de Locksley, de las pugnas entre sajones y normandos, entre Ricardo Corazón de León y su hermano Juan sin Tierra, también guardo recuerdos de la versión animada de Disney, de su aparición en el Ivanhoe de Robert Taylor y, sobre todo, de la cassette de los CuentaCuentos, aquella imborrable colección de cuentos y cintas habladas de Salvat que todavía conservo. Luego Richard Lester rodó Robin y Marian para años más tarde Sean Connery recliclarse de Robin maduro en perfecto rey Ricardo en el Príncipe de los Ladrones, con Kevin Costner de todos los santos en el papel del afeitado arquero y con un estupendo elenco de secundarios, al mismo tiempo que se lanzaba una tv movie mucho más cutre. Incluso Mel Brooks se atrevió con una parodia.



Y así llega el bueno de Ridley Scott, al que hace tiempo le perdí la fe, y se presenta en Cannes con una nueva versión del mito, mucho más veritè y en la que precisamente los franceses no quedan muy bien parados. El director de Blade Runner y Alien (me quedo con las ganas de ponerlo en duda) consigue que las dos horas y poco que dura su película se dilaten mentalmente mucho más aburriendo a las ovejas (perdón, a los corderos, que de ellos trata bastante). Desprovisto de toda picardía y sentido del humor, este Gladiator inglés se pasa a la épica que es donde Scott suele chapotear porque el hombre, hay que reconocerlo, sigue rodando como dios. Además, todo el rigor de una historia que pretende redescubrir queda aniquilado con detalles como los que abundan en su desenlace final, una batalla a lo desembarco de Normandia versión Soldado Ryan en la que unos niños desnutridos -la licencia poética con la que trata de enlazar a Robin con el bosque de Sherwood- se lanzan al combate a lomos de unos encantadores ponis y liderados por una Marian, antes granjera, ahora guerrera, de armas tomar. Todo un desperdicio que en ocasiones entretiene pero que no hace justicia a un personaje que siempre sonará a carcajada de Errol Flynn.

lunes, mayo 17, 2010

MadridFoto

Ayer finalizó la única feria española dedicada a la fotografía y el arte audiovisual: MadridFoto. Estuvimos en ella, entre stands y stands de galerías, entre la obra de jóvenes promesas, figuras consolidadas y mitos del siglo XX. Os dejo una pequeña muestra de lo que más nos llamó la atención, simplemente a modo de recordatorio visual.
(pinchar en las fotos para verlas en tamaño original)

The Shining del mexicano Arturo Zavala


La poética serie Granpa Goes to Heaven de Duane Michals


Las polaroids de Andrei Tarkovski, el director de cine ruso


Las bolsas de plástico de Huang Xu


El delicioso blanco y negro de Josef Hoflehner


Las fotos-teatro de Oswaldo Ruiz


El gorila de Mikel Uribetxeberria


Las estilizadas estructuras arquitectónicas de Aitor Ruiz



Las serie de pájaros de Carolyn Marks Blackwood


Los apocalipsis terrenales, bélicos y humanos, de Álvaro Ybarra Zavala



Las originales imágenes de sincro de Alinka Echeverria


Las 3D de Robert Morat


Las oníricas angulares de Israel Ariño


El perro saltarín de Álvaro Sánchez-Montañés



Además: Fernando Bayona, el Lachapelle español, las macro de Rafael Navarro, La España de los cincuenta de Christer Strömholm, la Barcelona de Colita, el retrato de Isabella Rossellini de Mapplethorpe, los 27.000 euros de uno de los paisajes perfectos de Ansel Adams...

lunes, mayo 10, 2010

Un robo con nostalgia

Este fin de semana se volvía a la escena del crimen. Otra final y los fantasmas de un equipo perdedor. En 1996, París fue escenario de uno de esos atracos deportivos que hacen historia. Cuando faltaba menos de un minuto para que el Panathinaikos se alzara con el título de campeón de Europa, uno de sus jugadores más célebres, el insigne Giannakis, perdía un balón absurdo que botando, botando fue a parar a manos de Montero cuya reacción, iluso él, fue la de soltar una inocente baldejita que hubiera dado un vuelco al partido. Con cuatro segundos en el cronómetro, el bicharraco Vrankovic se alzó hasta contactar con el balón e impedir la canasta. Aquel balón tocó claramente el tablero pero el árbitro principal prefirió dejarlo correr y dejar que se esfumaran las esperanzas de un equipo que se había estrellado año a año contra su destino. De las finales memorables con Kukoc de verdugo a la paliza de un año después de ese fatídico tapón precisamente antes Olympiacos, el rival con el que se medio vengó ayer la afrenta pasada, hasta por fin ser campeones por primera vez en 2003. Un camino extraño y memorable que merece ser recordado.

Para siempre quedará este documento con Ramón Trecet en pleno ataque de histeria.



Curiosamente y casi sin precedentes en el deporte mundial, la FIBA envió una misiva en la que proclamaba al Barça "campeón moral" de la contienda. Esta carta se exhibe en el museo del club como una de las reliquias más codiciadas de su trayectoria llorona.

jueves, mayo 06, 2010

Consejos de viaje

Ayer volví a ver El Turista Accidental. Asistí a su estreno allá por los últimos años ochenta -sí, con un par mis papis me llevaron de la manita a ver una peli tan indescifrable para un mico todavía con los mocos colgando- y confieso que tenía ganas de verla otra vez. Lawrence Kasdan, la pareja William Hurt y Kathleen Turner que se reencontraba tras su fogoso encontronazo en Body Heat siete años antes, y el recuerdo de unas imágenes nubladas y sombrías que reconozco no me dejaron una huella definida. ¡Estaría bueno que con poco más de diez años me hubiera gustado El Turista Accidental! Menudo ser repelente estaría hecho, seguro que mi vida se habría convertido en una especie de triste existencia al estilo de la de Macon Leary, el personaje interpretado por Hurt, un actor que siempre me ha intrigado, tal vez por mi densa influencia del cine de aquella década en donde él brilló y tuvo su apogeo. El beso de la mujer araña (Oscar incluido), Hijos de un dios menor, Reencuentro y, mi favorita claro, Fuego en el cuerpo (ambas también con Kasdan).
Total, que aunque la persona con la que compartí el visionado de la peli se me desnucara sobre el hombro a mitad de metraje y a pesar de que no terminara de encajarme del todo ese tono excéntrico en el que a veces parece sumirse la historia y que llega a parecerse a una especie de parada de los monstruos versión vecinos de mediana edad, me sedujo el retrato del protagonista cuyo trabajo consiste en ser un peculiar escritor de guías de viaje. La descripción de su manera de proceder, con esa voz en off tan ausente, nos recuerda a las rutinas del personaje de George Clooney en Up in the air, película mucho más luminosa, por supuesto. En El Turista Accidental vemos al prescriptor Macon Leary inspeccionando grises hoteles y tomando notas sobre la comida local o, sin ir más lejos en el mismo arranque de la película, dando consejos sobre cómo debe ser la maleta del perfecto viajero, ese que lo mismo debe saber pasar la noche en la terminal de un aeropuerto que debe incluir en el maletín un traje que no desentone en un funeral. Porque nunca se sabe.

lunes, mayo 03, 2010

Cosmonauta


La Vostok 100 tiene una masa de 4.713 kg, una inclinación de 64,95°. Su Periodo orbital es de 88,30 min. El viaje arrancó a las 12:02, en posición inicial en la fecha requerida. La duración real de despegue fue de 357 segundos. La duración del viaje: Desconocida. La misión consiste en avanzar. Somos la misión humana que alcanzará los lugares más remotos que hasta ahora se hayan alcanzado. Nuestro objetivo es recapitular información y conocer el vasto universo.

Estas son las primeras líneas de presentación con las que Cosmonauta saluda al mundo desde su nave de pop espacial o, como también la han llegado a definir, de psicodelia soviética. Más atmosférico enlatado, más orgánico en vivo, el grupo tendrá tirón y futuro. El viernes pasado aterrizaron de nuevo en la sala madrileña Contraclub para presentar las canciones que formarán parte de su primer disco. Con las limitaciones de espacio y medios, sonaron frescas y trabajadas. Después de ganar la final del Rock is Record, Cosmonauta sobrepasará los límites de la velocidad absurda.

Cosmonauta son:

NIKOLAY PETROV: Batería y coros
LUDOVICH BOGDÁNOV: Guitarra, xilófono y coros
DAVIDOVICH KARENSKI: Bajo y coros
ILIA IGNATIEV: Guitarra, teclados y coros
MIJAIL VALÚEV: Voz y guitarra

martes, abril 27, 2010

Pelillos a la mar

Ondea la cabellera al viento. Los mechones se rebelan entre ellos. Se secan con el primer sol de primavera y se inflan como macarrones en la olla. La cabeza crece y se hace visible. Qué cabeza. Vaya cabeza. Anda y que te ondulen. ¿Más? Cuán rizado me he visto reflejado. Cuánto ensortijamiento castaño. Qué salud pilosa. Fortaleza de Sansón. Filamentos canosos que brillan y se retuercen como alambres. Todo, todo, casi todo, afeitado, rapado, cortado, tijereteado, rasurado, cepillado, esquilado, arrojado al frío suelo. Barrido poco después. Confundido entre otros pelos, juntado con adn desconocido, extraños mezclados en una masa informe de hebras a medio deshilachar, amontonado como una peluca de gigante cabezudo. Desaparecido para siempre. Pero surge un nuevo busto esculpido que nace a la vida en flor. Sopladas las últimas briznas negras y limpiados los restos de viruta sobrante, una cabeza olvidada reluce ante su propia imagen. He aquí una criatura medio desnuda. Saluda como si respirara por primera vez, como el renacuajo humano en su primera bocanada. Ya anda de nuevo. Se aleja. Todo vuelve a empezar. Volverá. Ni que hubiera tenido coleta. Jamás.

martes, abril 20, 2010

4/20/02

Seguimos con nuestra perversa tradición de rendir culto a los muertos. Hoy le toca turno a Layne Staley, cantante de Alice in Chains. Perdido en su espectral mundo, llevaba semanas sin dar señales de vida, mucho más sin aparecer en público. Un día como ayer, hace ocho años, alguien dio la patada en su puerta y encontraba el cuerpo sin vida de Staley, en un estado que fechaba su muerte muchos días antes. La noticia se difundió al día siguiente, el 20 de abril. El grunge y su generación X se había cobrado una nueva víctima, otro mártir para la colección. Casual o no, ocho años atrás, el mismo número en el calendario -se fijó la muerte de Staley el 5 de abril-, el líder de aquella generación también firmó su epitafio. Kurt Cobain se había suicidado. Para no entrar en crónicas truculentas, detalles escabrosos ni anécdotas personales sin mayor trascendencia, mejor será que demos paso a una pequeña muestra de la que para mí fue la voz con más carisma de todas cuantas se aglutinaron en torno al sonido Seattle. Eso sí, un repaso como este siempre es ideal para un día de pesadilla, si quieres hundirte en las sombras y odiar la vida. En fin, los pollos de pelos. La voz de Layne Staley suena por fin en Repámpanos, aunque sea desde las tinieblas.


ay, esos pitiditos...



Eddie Vedder compuso y grabó con su ukelele este homenaje, 4/20/02, en cuanto escuchó la noticia de la muerte de su amigo.


Una de las canciones más estremecedoras de Alice in Chains, fiel espejo de la personalidad y estado mental de Layne. Aquel unplugged, como todos los firmados por las bandas grungeras, fue tremendo.


Una de las alegres tonadillas de Mad Season: Layne junto a Mike McCready (Pearl Jam), Barrett Martin (Screaming Trees) y John Baker Saunders (The Walkabouts), también finado por una sobredosis.

viernes, abril 16, 2010

Dedicado a Alex Chilton

Ayer concilié el sueño a las tantas después de una horita radiofónica dedicada a la figura de Alex Chilton, fallecido hace un mes. Fue en El Sótano de Radio 3, que para la ocasión contó con una clase maestra de Iñigo Munster, personaje de saber enciclopédico y capo del underground patrio. No es plan de hacer a estas alturas un obituario ni voy a resumir en unas líneas lo que es casi imposible de meter en la biografía de un mortal que a los 16 añitos ya componía para sus Box Tops canciones de pop pluscuamperfecto. Sus primeros años de carrera en plena pubertad, sus discos con Big Star, su "década perdida", sus correrías en el Nueva York más punk y nuevaolero, sus hallazgos como productor, su legado, su sonido, las decenas de bandas que le deben casi todo, el homenaje de Los Replacements... Pfff, casi ná. Por lo tanto, les dejo con algunas gemas que exhiben su maestría en el power pop pero, sobre todo, la fragilidad de un tipo que transmitía magia incluso desde un desafinado. Canciones perfectas en su concepción y composición pero bellamente imperfectas en muchas de sus ejecuciones, a pesar de que la mayoría estemos acostumbrados a paladear los tres primeros discos de Big Star, grabados en Memphis, como ejemplo para muchos de la mejor innovación y genialidad acústica.
Dedicado a los sotaneros, a Alex Chilton y a todos sus fans:


Unos 16 años muy bien llevados...


Una de las canciones más bonitas jamás compuestas...


Uno de sus temas más representativos de su fase experimental...


La maravillosa canción que Paul Westerberg y compañia escribieron en homenaje a su ídolo...
If he was from Venus, would he meet us on the moon?
If he died in Memphis, then that'd be cool, babe.

miércoles, abril 14, 2010

Ciudad de vida y muerte

Pfff, menudo trago. Te has comido la pantalla a pesar de la incomodidad de la historia contada. Has sufrido toda una experiencia cinematográfica de primer orden y sales tambaleándote. Durante las más de dos horas de película, te han venido a la mente pelis como Senderos de Gloria, El Pianista, La Lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan. El responsable de ello es el prometedor Lu Chuan, director que no llega a los cuarenta y que pudo tirarse unos cuatro añitos para conseguir parir esta inmensa obra bélica cuyo escenario es la antigua capital china Nanjing en el momento de ser arrasada por los japoneses (1937, inicio de la segunda guerra chino-japonesa). La sorpresa por lo que las imágenes cuentan es relativa (los japoneses entrando a saco y el genocidio chino resultante), incluso el clasicismo que desprende la narración forma parte de las previsiones. Un bien elegido blanco y negro -el director reconoce su aversión al color de la sangre-, sin embargo, contiene algo más de poesía de lo esperado y, en ocasiones, sus encuadres despiden cierto tufillo a manierismo. En cualquier caso, no adolecen de potencia ni de enorme belleza. Otros serán los que juzguen el resultado desde ángulos políticos, no olvidando que el tipo alumbra su trabajo desde el meollo del sistema, rozando el mismo aparato comunista chino. Otros tendrán que dictaminar si la mejor manera de romper el molde es hacerlo desde dentro.

lunes, abril 12, 2010

El pase

Llegó la victoria. No sólo sobrevivimos sino que nos superamos. Salimos de nuestro refugio. Nos congraciamos con la vida. Al menos, de momento.
Les dejo con una recopilación de todas las asistencias de gol de Xavi durante la pasada temporada. Otro día dará lecciones sobre el control, el quite y el disparo.

viernes, abril 09, 2010

La penúltima gran batalla

Más allá de sumarios Gürtel, de colas de parados, de jueces enjuiciados y de curas tocones, lo que hoy de verdad importa en el mundo es el clásico. Nada más. Que Obama y su gran país no se paralicen mañana ante este Madrid-Barça me parece un ultraje, una desfachatez, una osadía imperialista. El planeta entero debería rendirse al espectáculo más grande del mundo, del milenio, de la humanidad. Porque lo que mañana sucederá a partir de las diez de la noche, hora peninsular, representa una lucha de dos megapoderes metafísicos, dos maneras de entender la vida y dos maneras de morir peleando. No se puede quedar uno indiferente. Tampoco habrá prisioneros. O estás con unos o estás con otros. Quedarse fuera es de cobardes. Más que eso. Es imposible. Quién vea esto como una exageración, quién malinterprete mis palabras y entienda que mi lenguaje es una coña marinera y qué graciosillo está hoy el de Repámpanos, no se habrá enterado de nada y merecerá mi desprecio, años de apagón digital sumidos en una condena insufrible destinada a ser carne de derbis regionales de tercera. O de retransmisiones eternas enganchadas a Tele 5. Un JJ Santos infinito. Desde aquí y ahora, a esos les maldigo. Lo dicho, mañana al filo de la medianoche, nuestras vidas continuarán y se sumirán de nuevo en la rutina cotidiana de cada fin de semana, empuñaremos nuestros cubatas y nos refrescaremos las heridas en alcohol. Pero en el fondo, queridos, ya no seremos los mismos. Nos miraremos a los ojos y nuestro destino habrá cambiado. Tal vez no lo diremos, tal vez algunos no se darán cuenta, pero todo cuanto habíamos conocido nunca volverá a ser igual. Velen armas. Recen lo que sepan. Mañana... Mañana... Mañana es un movidón.

martes, abril 06, 2010

Los surferos del agujero del c...

Hacía tiempo que no me limitaba a pinchar vídeos de clips musicales. Bien, rellenamos espacio en un nuevo post de Repámpanos con mis amados Butthole Surfers. Un grupo que se llama Los surferos del agujero del culo nunca será suficientemente reivindicado. Un grupo que siempre sonó como unos REM pasados de ácido. Un grupo con un cantante inmenso, Gibby Haynes. Un grupo con un particular sentido del humor, como lo demuestran discos así titulados: Hairway to Steven, Electriclarryland o Rembrandt Pussyhorse. Lástima no encontrar un vídeo del temazo Ah Ha. En su defecto, les dejo con otras perlas de rock deliciosamente psicótico.

Por cierto, no dejen de escuchar la radio de Butthole Surfers.



Con algún invitado especial…



Su oportunidad de formar parte del mainstream



Qué formalitos...



Raritos son, oyes (no hace mucho)

martes, marzo 30, 2010

L.A. Arquitectura: la mala de la película (y con Polanski más)

La última película de Roman Polanski me recuerda algo que siempre me ha hecho gracia y con lo que casualmente me topé hace poco en YouTube. Se trata de la utilización de la mejor arquitectura del siglo XX como un personaje más del reparto cinematográfico, pero concreta y curiosamente como un villano. La demonización de algunas de las casas más revolucionarias de nuestro tiempo al servir de misteriosas residencias de malos malísimos en pelis de cine negro no es un hecho casual. El vídeo que enlazamos a continuación forma parte del documental de Thom Andersen Los Angeles Plays Itself en el que trata de posicionar la visión de Hollywood frente a la ciudad negra y pulp por excelencia. Aquellas maravillosas casas fotografiadas por la estilizada mirada de Julius Shulman –y que hace unos días incluimos en un post- sirven de cuartel general de tipos muy chungos de vida oscura pero que, ay amigo, tenían pasta y muy buen gusto. Así vemos la Lovell House de Richard Neutra en L.A. Confidential, la Casa Malin (Chemosphere) en Body Doble, la Casa Reiner en Less than zero, la Casa Elrod en Diamantes para la eternidad –todas de John Lautner-, o la mansión de Palm Springs de Stewart Williams o las casas de Pierre Koening y Frank Lloyd Wright en El gran Lebowski, Blade Runner, Ella siempre dice sí, Twilight… Y hasta podemos ver en Alta Letal 2 al machote de Mel Gibson tirar abajo con su 4x4 la mismísima Casa García, también de John Lautner. Qué tacto, madre.
Cómo olvidar la mansión de James Mason en Con la muerte en los talones, aunque la maqueta de una casa de Frank Lloyd Wright nos situase junto al Monte Rushmore en Dakota del Sur y no en Los Angeles. Pues con The Ghost Writer, Polanski ha querido estar otra vez un poquito más cerca de Hitchcock, además de por múltiples referencias y similitudes –un protagonista sin nombre, una música asfixiante a lo Bernard Hermann, unos personajes con pasados alambicados, una atmósfera desasosegante…- por presentarnos una casa que cumple, como muchas de las anteriormente citadas, un papel protagonista, en este caso, una casa que esconde importantes secretos. La casa-oficina del ex-primer ministro es un fortín de corte industrial anclado en una playa de una isla de un Boston ficticio que en realidad se localiza en una isla alemana del Báltico, casualmente la misma donde Murnau rodó su Nosferatu. Otro aliciente de esta película, rodada con la mejor sobriedad del director de La muerte y la doncella o El quimérico inquilino, por citar dos películas que me recuerdan a El Escritor, es poder ver de nuevo a Eli Wallach a sus casi 95 castañas. Tremendo.

jueves, marzo 25, 2010

¡Urruti, t'estimo!

Ayer se cumplieron 25 años de la liga de Terry Venables con el Barça. Los jugadores de aquel año salieron al Camp Nou a recibir aplausos y homenajes. Carrasco, Víctor, Moratalla, Rojo, Schuster, Alexanco, Pedraza, Archibald, "Pichi" Alonso, Marcos... Entre todos, faltaba Javier Urruticoechea, aquel gran Urruti que yo tenía en los cromos junto con Artola y que murió en accidente de coche hace nueve años. El mismo del que me vestía con su traje azul cuando yo era pequeño, el eterno portero suplente de Arconada en la selección (tres mundiales sin rascar bola, el de México ya bajo la sombra de Zubi), un hombre bueno que en aquel marzo del 85 paró un penalti que significó la consecución de un título de liga que el Barça no alcanzaba desde mediados de los setenta. Casi nada. Para siempre quedará la narración de Joaquim Maria Puyal y su ya mítico ¡Urruti, t'estimo! Pues eso, portero.

miércoles, marzo 24, 2010

Y dale...

La cosa no había acabado. Habrá que rastrear más por si la tendencia se manifiesta de nuevo pero ayer me acerqué otra vez hasta un cine para ver una obra ambientada en la década de moda. Se trata de An Education, una buena película cuyo principal aliciente es la firma de su guión, a cargo de Nick Hornby, amén de los magníficos trabajos de Carey Mulligan y de Alfred Molina. La Inglaterra en tonos grises antes de la explosión del Swinging London es el contexto en el que se desenvuelve una atractiva y perturbadora historia de seducción que funciona como lejano recuerdo de la adolescencia de la escritora Lynn Barber. La adaptación de esta memoria a cargo del autor de Alta fidelidad o Fiebre en las gradas da sus frutos y la narración cinematográfica y su puesta en escena por parte de la directora Lone Scherfig, a pesar de algunas críticas, también da el pego ofreciendo las dos caras materiales de aquella moneda: la de los suburbios y la de las fiestas sofisticadas, la de la educación victoriana y la de los conciertos de jazz, la del encorsetamiento y la del gamberrismo. Un barrio vulgar de Twickenham frente a París como símbolo de la libertad y la rebeldía. Trajes tweed, moños perfectos, carreras de galgos, deportivos, música de cámara, antigüedades, arte prerrafaelista y, claro, una reflexión sobre la vida y la verdadera educación. Definitivamente, se la recomiendo a mi madre. Ah, París, París…

miércoles, marzo 17, 2010

Los sesenta son moda



Hace unas semanas esta bitácora sacaba su lado más homo al rendirse a las gracias de George Clooney (por cierto, impagable verlo con bigotito y pelo largo haciendo de joven aprendiz de soldado hippie en Los hombres que miraban fijamente a las cabras). Pues bien, hoy este espacio tan machote y varonil vuelve a ponerse fino. Pero así nos las gastamos, somos capaces de destacar el nuevo álbum de Los Chicos (el mejor grupo cutre de la actualidad garagera) como el disco de la semana y al mismo tiempo hablar de algo tan opuesto como el look de una peli gayer tipo A single man. Que conste que cuando digo gayer es con todo el cariño, entendiendo que la historia que cuenta Tom Ford a partir de la novela de Christopher Isherwood es universal y no sólo afecta a una minoría concreta. Con todo, la minoría –descrita como aquella que produce temor en la mayoría- es parte esencial del relato, tanto intelectual como estéticamente. Pero más que destripar el argumento y las claves del guión de la película, prefiero centrarme en las apariencias. El esteta que llevo dentro (sin risas, por favor, que esto es muy serio) me atrajo a la sala de cine de la misma manera que me engancha a la pantalla de mi tele cuando echan Gilda (ayer mismo, sin ir más lejos) o cuando dan Mad Men, tramas aparte. Precisamente la serie de la HBO comparte tiempo con la peli del estrábico diseñador, aunque no espacio. Los primeros sesenta, en un caso en Manhattan y alrededores, en el otro en la soleada Los Angeles. Si en Mad Men podemos hablar de cierta atmósfera opresiva dibujada a través de claroscuros, de casas unifamiliares de suburbio de clase media, en A Single Man la atmósfera se tiñe en ocasiones de cálidos y favorecedores atardeceres al tiempo que los instantes más sombríos se dibujan con una exquisita sofisticación. Encuadres perfectos, vestuario a medida, viviendas de revista, belleza estomagante... No es lo mismo prepararse una copa en la cocina de Don Draper que hacerlo en el salón multicolor de Charley (Julianne Moore). No es lo mismo un revolcón en el camastro de alguna de las queridas ocasionales del héroe publicista que un revolcón en el dormitorio del profesor George Falconer (Colin Firth), practiquemos el sexo con quien lo practiquemos. Cada uno tendrá sus preferencias (visuales, me refiero). El caso es que ambos responden a dos ejercicios de virtuosismo escenográfico. Pero claro, entre ambas orillas, el abismo polvoriento, todo hay que decirlo, salvando las consiguientes excepciones metropolitanas de un país-continente. En cualquier caso, aquellos cincuenta y sesenta fueron aquellos maravillosos años. Recordémoslos escuchando el Manhattan de Ella Fitzgerald mientras nos servimos un dry martini y fumamos lucky strikes. Si no, siempre nos quedarán Los Chicos y su sonido apestoso y adictivo.








A continuación, las casas estudio fotografiadas por el gran Julius Shulman, fallecido el año pasado:




lunes, marzo 08, 2010

La vigencia de los mitos

La casualidad quiere que días después de asistir en El Matadero de Madrid a la obra de Tom Stoppard, Rock ’n’ Roll, el diario El País refleje la publicación del libro Bandera Roja en el que David Priestland reflexiona sobre las causas del fracaso del comunismo. Las contradicciones del sistema, la distancia entre teoría y puesta en práctica, la rigidez del dogma, la grisura de un mundo incapaz de imponer realidad moderna y, sobre todo, la cruenta aplicación de métodos depurativos de la doctrina en las visiones más radicales del catecismo marxista terminó por estrangular su futuro y por sepultar la aspiración de gran parte de aquellos ideales. Estas y otras muchas cuestiones parece abordar el libro de Priestland, al igual que el texto de Stoppard, auténtico renovador de la escena contemporánea y brillante guionista cinematográfico, entre otras muchas facetas de su vida laboral. Y es que al menos el libro, cuyo subtítulo reza Historia política y cultural del comunismo, irrumpe a colación de una ingenua tendencia a pensar que en estos tiempos de crisis global en los que el capitalismo parece tambalearse, tal vez haya espacio y oportunidad para un cambio de estructura, de valores, de sistema. No digo que sea el comunismo la alternativa elegida por esos incautos que creen ver luz en tanto drama financiero, pero sí que es el capitalismo el modelo que creen ver ajusticiado. Pobres. Bien claro lo deja Max, el personaje creado por Tom Stoppard para servir de eje dialéctico de la ortodoxia revolucionaria, en un momento de lucidez ya apartado del partido con mayúsculas y cargado de todo el cinismo que proporciona su experiencia: “el capitalismo, como la energía, no se destruye nunca, sólo se transforma”. Es también Max, desde su (des)enfoque pero desde el compromiso con su causa, el que se lamenta del inocuo manejo de la libertad por parte del estrato más bisoño de las sociedades actuales. Esa libertad que ni siquiera se la daba para sí mismo no es nada, a su juicio, en manos de perezosos e ignorantes que se hunden en la molicie frente al televisor. Algo desolador contiene esta reflexión si no fuera porque para muchos la libertad no se sujeta a condiciones por lo que precisamente uno de esos usos tiene que ver con el derecho a no cambiar el mundo, opción imposible de haber marcado en el formulario ministerial al otro lado del muro. Ello no resta significado a la paradoja de los últimos días del viejo Max, tan alejado –es un decir- ya del mito comunista, acomodado –es un decir, también- en tierras británicas recién consagradas al tatcherismo: el “después de tanto, ¿para qué?” frente al orgullo de haber consagrado su vida a algo. Pese a todo, Stoppard fue inmensamente feliz en la Inglaterra de la Swinging London, y el símbolo de aquel grupo de Praga, los Plastic People of the Universe, encarcelado por el régimen al identificar desideologización con subversión, todavía tiene vigencia. El mito de Syd Barrett –una de las inspiraciones de la obra teatral-, más que el de Lenin, también.

miércoles, marzo 03, 2010

Johnny Cash en espíritu

Si en el último post hablábamos precisamente del pasado viernes, resulta que también el pasado viernes un tan Johnny Cash hubiera soplado 78 velas. Un buen día, a pesar de su ausencia, para publicar su disco póstumo, la colaboración definitiva con Rick Rubin, American VI: Ain't No Grave. Escribimos esto mientras lo escuchamos. Otra vez su voz anciana de plegaria sureña. Otra vez su voz palpitando en primer plano y otra vez un torrente de imágenes cuarteadas en blanco y negro y sepia. Paso directamente de las primeras canciones a la última, Aloha Oe, una balada hawaiana estremecedora en su garganta. Vuelvo a For The Good Times, de Kris Kristofferson, a un paso del gigante, y parece como si Cash nos hablara desde el otro lado, sonriente en su dignidad, relativizando su pérdida. Qué más le podemos pedir. Sólo nos queda agradecer una vez más a Rubin su perseverancia y al hombre de negro su mera existencia. ¡Salud!


Aprovechamos la ocasión e incluimos como ya hizo el blog del programa de Radio 3, 180 Grados, el vídeo de Snoop Dogg, My Medicine, un temazo en honor de Johnny Cash publicado en su disco Ego Trippin'. Sí, el viejuno es Willie Nelson. Cosas de Snoop y del country.

lunes, marzo 01, 2010

La memoria de Castro Prieto


El viernes pasado me pasé por el salón de actos del antiguo hospital de Santa María la Rica para asistir a una clase maestra con uno de los popes de la fotografía española, Juan Manuel Castro Prieto. El visionado de un videomontaje con algunas de sus mejores imágenes pasó a una interesante charla en la que este madrileño con más de 30 años de callo reconoció estar desde hace cinco desarrollándose en su verdadera madurez. Enfrascado en varios proyectos con el denominador común de la memoria (fotografía compulsivamente el pueblo de sus padres, fotografía museos...), explicó su paso radical y obligado del blanco y negro al color. Resulta que el hombre ya no ve el mundo en blanco y negro, sencillamente. Durante el coloquio, además de filosofar sobre lo humano y lo divino, también dio tiempo para confesar su protocolo de trabajo (tira en analógico, escanea el negativo y retoca digitalmente el resultado; la utilización de todos los formatos, desde el 35 mm a las placas de 20x25 -este último cacharo le sirve para sus famosos desenfoques selectivos como recursos narrativos relacionados con lo onírico y lo irreal; su rutina es esperar a que pase algo, él no construye puesta en escena...), así como para aligerar la conversación con determinados consejos técnicos. Estas revelaciones le valieron para desmitificar el papel de las cámaras e incluso se atreviera a dar valor a las fotos capturadas con teléfonos móviles. La cámara, en sus manos, no es más que una herramienta de traducción. Sin embargo, no puede evitar reconocer que sin ella él no sería nada. pues sin la fotografía no tendría manera de entablar relación con los demás, algo así como si a cualquier ser humano le extirparan la lengua y le incapacitaran para el lenguaje. Es su defensa de la fotografía como lenguaje autónomo (nunca habló de arte). Dentro de ese lenguaje considera imprescindible la evolución, el cambio constante. Los grandes nunca se acomodan. En su trabajo, por ejemplo, contempla una pérdida de potencia visual en favor de un mayor calado narrativo. Además, en tiempos de la tiranía digital impuesta a golpe de Photoshop, él ha ido rebajando el umbral de dramatismo, algo que permite a sus trabajos más simbólicos y a los últimos proyectos con la memoria como obsesión recurrente atrapar durante más tiempo la mirada del público y, por lo tanto, su reflexión. ¿Prefiere hacer cosquillas que pegar un puñetazo en el estómago?
Les dejo con algunas de sus fotos de sus diarios de viaje por Perú o de su interpretación del hombre ancestral y sin contaminar en algunas tribus de Etiopía. Yo me pongo con los apuntes de Chema Madoz en el canal de televisión de PhotoEspaña.