sábado, julio 10, 2010

Flash!!! El movimiento congelado

Efectivamente, la exposición dedicada a la obra de Harold Edgerton es todo un acontecimiento. Uno de los platos fuertes de la presente edición de PhotoEspaña no defrauda por la cantidad ni por la calidad. La emblemática sede del BBVA en el complejo madrileño de Azca acoge hasta finales de mes una retrospectiva de las fotografías más célebres del fotógrafo y científico bajo el título de Anatomía del movimiento: fotografías de Harold Edgerton. Además de sus impactantes fotos, se pueden ver algunos de sus cacharros inventados por él así como cuadernos técnicos con anotaciones de sus experimentos. Obsesionado con capturar el movimiento en todas sus dimensiones, Edgerton pasó toda su longeva existencia dándole al tarro. Retomó la inspiración de pioneros como Muybridge, se sacó de la manga la luz estroboscópica, colaboró con gente como Cousteau, participó en un documental sobre sus propios hallazgos (Más rápido que un parpadeo) que fue merecedor del Oscar en 1940 -la película se proyecta en la exposición y no tiene el más mínimo desperdicio-, murió con el resquemor de no haber logrado captar la máxima perfección geométrica de una gota o de una manzana atravesada por un balazo, dos de sus series más repetidas y famosas. Un tipo que retomó la idea de un señor como Zenón de Elea, filósofo griego de la antigüedad, que sostenía que el movimiento en realidad no existe como continuidad sino que debe entenderse como el producto de múltiples paradas en el espacio. Un movidón, vamos. Edgerton fue un revolucionario, un hombre de ciencia que cambió para siempre el concepto de un arte que en sus inicios eludía el rastro del movimiento obligado por la incapacidad material y exigiendo posados eternos, que en su desarrollo jugó con sus estelas y ráfagas y que, paradójicamente, gracias a este entrañable freak, le condenó de nuevo a la quietud, esta vez congelando su expresión más invisible al ojo humano. El instante de Cartier-Bresson adquiría así un significado de imagen resumen del antes y el después.



Por fin, 25 años después, Edgerton captaba la belleza pefecta de la corona de leche.






Fotos absolutamente pop.

Fotos sin cámara. La bala formando una punta de flecha... Increíble

Coqueteando con la energía atómica. Foto tomada a 15 kilómetros de distancia

martes, julio 06, 2010

El fútbol es la p...

Sí, queridos y queridas mías. No hay nada como el fútbol, el deporte rey. Una de las cosas más importantes de la vida, para muchos, la más importante de las menos importantes. Un deporte absurdo, troglodita, primario, ridículo, pero repleto de emociones, de belleza, de vida envasada en noventa minutos. No hay un deporte igual. Ninguna disciplina es tan injusta y tan gratificante al mismo tiempo. En ningún juego colectivo o individual, el peor, el inferior, el más rácano, el mezquino, el débil puede alcanzar la gloria en décimas de segundo. En el fútbol eso pasa. Y pasa bastante. El infarto siempre ronda aunque la mayoría de las veces se trata de un deporte soporífero y vulgar.
Estamos a horas de vivir uno de los momentos más extraños de la historia del deporte de nuestra patria. Vivir unas semifinales de un Mundial de fútbol. Momento extraño porque nadie lo ha vivido. Era ciencia-ficción y ahora es pura realidad gracias a la mejor generación de futbolistas que este futbolero pero históricamente aspirante y perdedor país ha dado nunca. Pase lo que pase, ya es algo, algo muy bonito porque ya lo saben, el fútbol es la p...



Un gran recuerdo. Maceda entra con todo y clasifica a España ante la bestia teutona: Schumacher, Brehme, Briegel, Rummenige, Mattheus, Voeller, Stielike... Pero Maceda acabó levantando el puño con su habitual estilo desgarbado

lunes, julio 05, 2010

Tomarse un tiempo

Uno de los autocines de Sugimoto (la pantalla en blanco tras una exposición que dura todo el metraje de la película)

A la espera de visitar los platos fuertes de la presente edición de PhotoEspaña, véase las exposiciones de Moholy-Nagy, de Helen Levitt, de Martin Parr, de Isabel Muñoz o de Edgerton, asistimos al popurrí que se da cita en la sala del Teatro Fernán Gómez y que lleva por título Entretiempos. Instantes, intervalos, duraciones, una exposición colectiva dentro de la sección oficial del festival que centra su temario en el leitmotiv de este año: el tiempo. Así, el tiempo como elemento paradójico sobrevuela esta colección más conceptual, experimental y hasta intelectual que casi artística. Las imágenes del tiempo y el tiempo de las imágenes se entrecruzan para suscitar reflexión, sorpresa o simple sugestión. Los formatos son dispares en técnicas y tamaños. ¿Quieren ver durante 52 minutos cómo se destinta un rotulador? Pues vayan, vayan. Acción total. Incluso podrán contemplar los 62 poéticos minutos que Michael Snow grabó en plano fijo de una fantasmagórica cortina azuzada por una extraña brisa.
Nos encantó la pequeña muestra de claroscuros a lo Caravaggio de Daniel Blaufuks. O las naturalezas casi a lápiz de Jochen Lempert. Los horizontes de Iñaki Bonillas, los autocines de Sugimoto y los macabros fotograbados de Tacita Dean. Y, por supuesto, el trabajo de Postdamer Platz del señor Wesely, ese tipo que combatió el estrés y la inmediatez de la fotografía plantando sus misteriosas cámaras durante… ¡dos años! Sí, amigos, dos añitos de exposición, fotos de dos años de vida encerrados en una superficie bidimensional. Por último, mención aparte para otro cachondo: Jeff Wall y sus puestas en escena cotidianas. Pura paradoja. Enormes imágenes de títulos descriptivos que reflejan episodios aparentemente triviales, insípidos de la vida corriente de gente muy corriente pero que encierran la teatralidad de un fotógrafo que transgrede estereotipos y reglas para disparar instantes completamente diseñados.


Wesely y una de sus fotos que dura dos años.

Unos tipos sostienen un motor. Dos actores posan ante las órdenes de Jeff Wall

jueves, julio 01, 2010

El rock de la caravana

Un pobre diablo agarrado a un altavoz a las tantas de la mañana...

Sí amigos, el rock se vive a tope si se lleva la casa a cuestas. El asfalto de la carretera tiene ese magnetismo. Una vez te pegas a él, te quedas imantado. Como la roña que se te adhiere según este rockandroll way of life. Nada más levantarte, unos estiramientos matutinos –a eso de la hora de comer-, arrascarse la legaña y otra vez listo para bailar, pegar saltos, sacar la mano cornuda a pasear, berrear afónico, beber, fumar, y volver a bailar. Así hemos vivido el Azkena Rock Festival 2010, una edición que nunca olvidaremos, y eso que no es ni mucho menos la primera. Juramos que no será la última. Cuesta creer que haya un festival diseñado a la medida de uno, pero parece que el de Vitoria lo sigue siendo. A nuestra edad, se agradece. Precios razonables, bebida digna, ambiente agradable. Sonido más que decente (casi perfecto en algunas ocasiones), ocio y esparcimiento asegurado. Superficie homologada en varios materiales, formato minicésped y formato alquitranado. A cubierto y al aire libre. Ah, y la oportunidad de ver a dios. Porque Bob Dylan acudió puntual a la cita y demostró quién es el que todavía manda en esto. Manda dios, manda Dylan con levita y bigotito de mosquetero. Aquí un swing, aquí un blues sombrío, aquí una revisión de… ¡hop! Un puñadito de algunas de las mejores canciones jamás compuestas. Aquí una Highway 61 Revisited, aquí una Rainy Day Women #12 & 35 para que podamos chillar eso de “¡todo el mundo debe estar colocado!”, aquí una interpretación de Ballad of a Thin Man que consigue enmudecer al respetable y hacer que la noche no tenga demasiado sentido en su continuación. Pero lo tiene, porque aparece en escena un crooner enfundado en azul dañino y hasta en traje de espejos que, bajo la lluvia, ejerce de Elvis contemporáneo. La presencia, la simpatía, el encanto y la voz de Chris Isaak aportan ese sentido. Con estos dos conciertos hemos tenido suficiente. El resto estuvo bien, y hasta muy bien, pero no merece la pena ser añadido.
PD. Perdón, no podemos obviar el pasaje en el que sufrimos un accidente espacio-temporal. Ver a Kiss en directo nos supuso volver a la adolescencia y recordar lo emocionante que sigue siendo el circo.

martes, junio 22, 2010

Retomando el pulso...

Toda vez que os hemos dejado suficiente tiempo para que os empapéis del espíritu de Hijadeputa del mal, ya va siendo hora de introducir novedades. Varias semanas de intenso trabajo dedicado a Solar Decathlon Europe (de la mano de PhotoEspaña y sus talleres), el concurso de casas solares que aterrizó a orillas del Manzanares y que finaliza esta misma semana, nos ha enclaustrado sin oportunidad de encender la luz virtual. Hoy compartimos parte de ese material pero ya preparamos el desembarco en tierras vitorianas. Una nueva edición del Azkena Rock 2010 nos obliga a dejar incluso la concentración del Mundial para hacer acto de presencia ante Bob Dylan, Chris Isaak, The Damned, El Vez, Bad Religion, The Saints, NRBQ o Robert Gordon. De Kiss, ni hablamos, aunque daremos cuenta de su circo y no descartamos tirar de rimel y sombra de ojos. Por lo demás, tendrán su informe correspondiente. Esperamos sobrevivir a la tormenta de sonido.


viernes, junio 04, 2010

Hijadeputa del mal


Repámpanos desea a todos sus lectores un buen fin de semana con una cancioncilla que, de verdad, nos emociona y nos tiene embelesados. El tema en cuestión se llama Hijadeputa del mal, y está compuesto e interpretado por Wicked Wanda, un grupillo de madrileños algo marranos que perpetran un sonido tosco y acelerado pero no exento de dulces rimas y prosa elegante. Vamos, unos Siniestro Total de nuestros días.




"Dame un masaje en la zona inginal, eres una hijadeputa del mal, te haré un bukake unilateral, eres una hijadeputa del mal". ¿Qué más se puede pedir a una canción? En fin, Wicked Wanda, dignos herederos de Rubén Darío.

martes, junio 01, 2010

Éxtasis indie, réditos comerciales

The Charlatans interpretando de pé a pá su Some Friendly. Hay quien afirma que Tim Burgess usa peluca. No seremos nosotros quienes lo desmintamos.

18.342… 60.190… 100.221 Ray-Ban… Ya, por fin, se acabó el recuento de gafas negras, rojas o de espejo. Se acabó el Primavera Sound 2010. Y nosotros que sobrevivimos a él, oigan. Bueno, tras el chascarrillo alusivo al principal complemento que uniformaba a la masa indie y que tan bien representaba el empacho de patrocinios y esponsorizaciones del evento –por lo menos se es coherente al reservar uno de los principales escenarios para que sea la famosa marca de lentes quien lo comisione-, vayamos al tema. Partimos de la base de que nos perdimos el que según muchos fue el momento más estelar del fin de semana: la actuación de Van Dyke Parks, a hora temprana en el Auditori. Partimos de la base de que no coincidimos en uno de los conciertos más aplaudidos de entre las bandas aspirantes a grandes: Beach House (aunque a un servidor su primer trabajo le aburra de manera notable). Sigamos partiendo de otras bases como la de apenas contar casi ninguna noche para el bailoteo chunda-chunda y el desenfreno zombie de fin de fiesta. Entre tantas bases sentadas, ¿qué nos queda, amigos de Repámpanos? Pues nos queda un mejor sabor de boca que el experimentado el año anterior, aunque aquella edición fuera para nosotros un breve encontronazo con el festival y este que coleó hasta el domingo con Kin Khan o Black Lips nos cundiera los tres días centrales prácticamente enteritos.
De entre los recuerdos aún sin evaporar: los chillidos esquizoides de Daniel Alonso al frente de sus inclasificables Pony Bravo –con un Curro de la Expo sevillana presidiendo el escenario!!!-, la contundencia de unos siempre efectivos Shellac, el ensimismamiento de un Mark E. Smith a medio consumir, el hit tras hit de Pavement, el sonido siempre excelente de Pixies, la puesta en escena (¿y la elegancia?) de Pet Shop Boys, los ritmos experimentales e hipernoises de Michael Rother (Neu) y su nuevo combo, algunos pasajes de Spoon, el concierto íntegro de Charlatans
No está mal para una edición más que multitudinaria -y millonaria- que sirvió de nostálgico homenaje a una generación que vivió como tiernos fans la plenitud de algunas bandas cabezas de cartel y que supera con bastante o con mucho la treintena. No ha llovido ni ná desde que Pavement empezara a apuntar maneras con su Slanted and Enchanted y se pusiera al frente del amateurismo garagero yanki. Más todavía desde el Come on Pilgrim, aquel mítico Ep de cuando Charles Thompson, luego Black Francis, estaba fino, antes de convertirse en el buda antipático que lideraría The Pixies. Por no hablar de The Fall o Wire, padres de casi todo esto, curiosamente ambos ingleses.
Muy indies todos, se entiende, por pertenecer a una batalla librada desde la libertad, aunque fuera dentro de mayors. Pero claro, la frescura se agota, el discurso se apolilla, las canas sustituyen a las melenas (los indies no suelen llevarlas, que conste), las carnes se aflojan y el carácter se agria aún más (todos sabemos de quienes hablamos). Se aguantan peor las críticas, la presión, las amistades se corrompen por la pasta y los egos. Y parece que se acaba todo. Hasta que, años después, unos avezados y pesados promotores consiguen recuperar el espíritu de rebeldía y aquella chavalería, ahora más talludita, vuelve a girar gracias a un sustancioso cheque. Y a girar y a girar. Pero claro, ya hay menos discos brillantes -a veces ni siquiera hay discos nuevos- y los grupos y su público se empiezan a conformar con los maravillosos rescoldos del pasado. Bueno, es lo que tiene el rock, y el indie. Ya ninguno somos unos niños.

Pony Bravo desplegando en el escenario Vice todo su arsenal de sonidos sureños, rítmicos y hasta folclóricos. Bueno, y sacando a escena a Curro, la mascota olvidada de aquel 92 que Barcelona absorbiera para sí. Larga vida a Curro!!

miércoles, mayo 26, 2010

Hotel itinerante y planes de futuro

Esta mañana hemos sido testigos de la llegada del primer hotel ambulante de Europa. Como parte de la estrategia promocional del grupo Accor para lanzar su marca de hoteles urbanos y económicos All Seasons, ha comprimido en la caja de un trailer una habitación tipo de este tipo de establecimientos y lo ha embarcado en el All Seasons Tour, una gira que comenzó el 17 de mayo en París y que finalizará el 24 de junio en Bruselas. Entre medias, el camión repostará junto al Castillo Sforza de Milán o en el Centro Sony de Berlín. Tras su paso por Los Campos Elíseos y el corazón de Toulouse, el hotel sobre ruedas ha echado el freno en Madrid. Próxima parada: Roma. Además, un concurso organizado por la cadena da la posibilidad de pernoctar una noche en esta habitación y amanecer en su escaparate.



Por otra parte, informar que Repámpanos cubrirá -como participante en los talleres fotográficos organizados por PhotoEspaña- la primera edición de Solar Decathlon Europe 2010, una competición universitaria internacional en el que se valora la puesta en práctica de proyectos de Arquitectura Sostenible. En esta ocasion, 20 viviendas solares se instalarán entre el 17 y el 27 de junio junto al río Manzanares.

Pero antes, la bitácora huirá un año más al Primavera Sound porque no quiere perderse a bandas como The Fall, Wire, Pavement, Shellac, Pixies o Titus Andronicus. De hecho, ya he metido en la maleta mi disfraz de indie profesional. Saludos anticipados desde Barcelona.

jueves, mayo 20, 2010

Exilio en la dolce vita

Feliz en el exilio

Escucho los temas extras de la reedición del Exile On Main Street, el mítico disco de los Rolling Stones que motivó un documental que hace un par de días se pasó por primera vez en nuestra televisión coincidiendo con su presentación en el festival de Cannes. Yo lo ví ayer y, a pesar de que no me conmocionó, todavía resuena en mi cabeza la pegajosa música de aquella grabación. Para empezar, el resultado del doble álbum lanzado en 1972 como una colección algo inconexa de canciones grabadas principalmente un año antes en la mansión de Nellcôte, en la Costa Azul, sigue sonando con toda su vigencia. La que fue vituperada obra de una banda excesivamente relajada en sus excesos, con el tiempo pasó a convertirse en pieza de culto para muchos que al principio sólo adivinaban un collage torpemente dirigido por un Keith Richards pasado de caballo. Como afirma de manera ácida Jack White en la película, se trata de un disco con temas inetiquetables, algo que críticos y periodistas odian.

Más allá del poder de la música contenida en aquel artefacto infeccioso, sucio, desordenado e inmortal, Stones in exile aparece en un formato demasiado comprimido para poder reflejar la intensa y publicitada convivencia del grupo en la villa francesa. No puede centrarse en la leyenda, no puede echar mano de documentos filmados porque casi no se produjeron, no se adentra en el morbo de las pantagruélicas dietas a base de drogas y alcohol, no hay demasiados testigos de aquella Sodoma y Gomorra que den la cara, no hay excesiva chicha. Tan sólo, que no es poco, se medio comprenden las (precarias) condiciones en las que se dieron unas maratonianas jornadas de grabación sometidas al peculiar biorritmo de Keef. Sus declaraciones más expresivas de lo feliz que llegó a ser ejerciendo de anfitrión de decenas de músicos, estrellas del cine, gorrones, colgados, yonquis y desconocidos que pasaban por allí: "era el sitio perfecto. A un lado, Marsella y su facilidad para encontrar sustancias prohibidas; al otro, Italia y la mafia". Sí, el paraíso. Un niño de ocho años encargado de liar porros en serie. Un tipo que confiesa el haber entrado en la casa a pasar una tarde y quedarse seis meses. Cosas de esta troupe de gitanos del rock. Por lo menos queda clara la confrontación Jagger-Richards ("Mick es rock, yo soy roll", dice el guitarrista), la influencia bluesera a la hora de pergeñar el disco, así como el ambiente de decadencia en el que se convirtió la fiesta de pijamas, entre muebles dieciochescos y mujeres con las tetas al aire.

Dos enamorados... Ah, no, que es Gram Parsons

Pues vaya aburrimiento...





Una pena no poder comparar el documental de Stephen Kijak con el Cocksucker Blues, la peli semicensurada que dirigió el fotógrafo Robert Frank (el mismo que diseñó la portada del Exile On Main Street a partir de fotogramas de Super 8) sobre la gira de los Stones por Estados Unidos en 1972. Sus satánicas majestades ya habían dejado su exilio en la dolce vita y se habían lanzado de nuevo a propagar la palabra prohibida.

martes, mayo 18, 2010

Robin Flynn


Antes de nada, que conste en acta que se trata de una de mis historias preferidas de siempre. Además, no es la primera vez que en Repámpanos nos centramos en ella. Más que el tema de robar a los ricos para dárselo a los pobres, lo que me atrajo de la leyenda de Robin Hood fue que en realidad era Errol Flynn en leotardos de la Rana Gustavo. Hubo otros antes y muchos otros después, pero para un servidor aquel héroe tenía la sonrisa y los rulos del actor de aventuras por excelencia (con permiso de Douglas Fairbanks que además también lo interpretó más de una década antes): el pícaro de Tasmania. Evocar la vigorosa película dirigida por Michael Curtiz en 1938 significa retrotraerme al cine de verano de La Chopera y a las viejas teles en blanco y negro que por entonces se gastaban en mi casa y en la del pueblo familiar. The Adventures of Robin Hood, o mejor, Robin de los Bosques, siempre olerá a tierra mojada de fin de verano y siempre me hará sentir la calima nocturna de aquellas noches del Retiro. Es, sin duda, mi película más querida de todos los tiempos.

Pinchar aquí para ver el duelo final entre Robin Hood y sir Guy, una de las mejores escenas de espadachines de la historia del cine.

Alrededor de Robin de Locksley, de las pugnas entre sajones y normandos, entre Ricardo Corazón de León y su hermano Juan sin Tierra, también guardo recuerdos de la versión animada de Disney, de su aparición en el Ivanhoe de Robert Taylor y, sobre todo, de la cassette de los CuentaCuentos, aquella imborrable colección de cuentos y cintas habladas de Salvat que todavía conservo. Luego Richard Lester rodó Robin y Marian para años más tarde Sean Connery recliclarse de Robin maduro en perfecto rey Ricardo en el Príncipe de los Ladrones, con Kevin Costner de todos los santos en el papel del afeitado arquero y con un estupendo elenco de secundarios, al mismo tiempo que se lanzaba una tv movie mucho más cutre. Incluso Mel Brooks se atrevió con una parodia.



Y así llega el bueno de Ridley Scott, al que hace tiempo le perdí la fe, y se presenta en Cannes con una nueva versión del mito, mucho más veritè y en la que precisamente los franceses no quedan muy bien parados. El director de Blade Runner y Alien (me quedo con las ganas de ponerlo en duda) consigue que las dos horas y poco que dura su película se dilaten mentalmente mucho más aburriendo a las ovejas (perdón, a los corderos, que de ellos trata bastante). Desprovisto de toda picardía y sentido del humor, este Gladiator inglés se pasa a la épica que es donde Scott suele chapotear porque el hombre, hay que reconocerlo, sigue rodando como dios. Además, todo el rigor de una historia que pretende redescubrir queda aniquilado con detalles como los que abundan en su desenlace final, una batalla a lo desembarco de Normandia versión Soldado Ryan en la que unos niños desnutridos -la licencia poética con la que trata de enlazar a Robin con el bosque de Sherwood- se lanzan al combate a lomos de unos encantadores ponis y liderados por una Marian, antes granjera, ahora guerrera, de armas tomar. Todo un desperdicio que en ocasiones entretiene pero que no hace justicia a un personaje que siempre sonará a carcajada de Errol Flynn.

lunes, mayo 17, 2010

MadridFoto

Ayer finalizó la única feria española dedicada a la fotografía y el arte audiovisual: MadridFoto. Estuvimos en ella, entre stands y stands de galerías, entre la obra de jóvenes promesas, figuras consolidadas y mitos del siglo XX. Os dejo una pequeña muestra de lo que más nos llamó la atención, simplemente a modo de recordatorio visual.
(pinchar en las fotos para verlas en tamaño original)

The Shining del mexicano Arturo Zavala


La poética serie Granpa Goes to Heaven de Duane Michals


Las polaroids de Andrei Tarkovski, el director de cine ruso


Las bolsas de plástico de Huang Xu


El delicioso blanco y negro de Josef Hoflehner


Las fotos-teatro de Oswaldo Ruiz


El gorila de Mikel Uribetxeberria


Las estilizadas estructuras arquitectónicas de Aitor Ruiz



Las serie de pájaros de Carolyn Marks Blackwood


Los apocalipsis terrenales, bélicos y humanos, de Álvaro Ybarra Zavala



Las originales imágenes de sincro de Alinka Echeverria


Las 3D de Robert Morat


Las oníricas angulares de Israel Ariño


El perro saltarín de Álvaro Sánchez-Montañés



Además: Fernando Bayona, el Lachapelle español, las macro de Rafael Navarro, La España de los cincuenta de Christer Strömholm, la Barcelona de Colita, el retrato de Isabella Rossellini de Mapplethorpe, los 27.000 euros de uno de los paisajes perfectos de Ansel Adams...

lunes, mayo 10, 2010

Un robo con nostalgia

Este fin de semana se volvía a la escena del crimen. Otra final y los fantasmas de un equipo perdedor. En 1996, París fue escenario de uno de esos atracos deportivos que hacen historia. Cuando faltaba menos de un minuto para que el Panathinaikos se alzara con el título de campeón de Europa, uno de sus jugadores más célebres, el insigne Giannakis, perdía un balón absurdo que botando, botando fue a parar a manos de Montero cuya reacción, iluso él, fue la de soltar una inocente baldejita que hubiera dado un vuelco al partido. Con cuatro segundos en el cronómetro, el bicharraco Vrankovic se alzó hasta contactar con el balón e impedir la canasta. Aquel balón tocó claramente el tablero pero el árbitro principal prefirió dejarlo correr y dejar que se esfumaran las esperanzas de un equipo que se había estrellado año a año contra su destino. De las finales memorables con Kukoc de verdugo a la paliza de un año después de ese fatídico tapón precisamente antes Olympiacos, el rival con el que se medio vengó ayer la afrenta pasada, hasta por fin ser campeones por primera vez en 2003. Un camino extraño y memorable que merece ser recordado.

Para siempre quedará este documento con Ramón Trecet en pleno ataque de histeria.



Curiosamente y casi sin precedentes en el deporte mundial, la FIBA envió una misiva en la que proclamaba al Barça "campeón moral" de la contienda. Esta carta se exhibe en el museo del club como una de las reliquias más codiciadas de su trayectoria llorona.

jueves, mayo 06, 2010

Consejos de viaje

Ayer volví a ver El Turista Accidental. Asistí a su estreno allá por los últimos años ochenta -sí, con un par mis papis me llevaron de la manita a ver una peli tan indescifrable para un mico todavía con los mocos colgando- y confieso que tenía ganas de verla otra vez. Lawrence Kasdan, la pareja William Hurt y Kathleen Turner que se reencontraba tras su fogoso encontronazo en Body Heat siete años antes, y el recuerdo de unas imágenes nubladas y sombrías que reconozco no me dejaron una huella definida. ¡Estaría bueno que con poco más de diez años me hubiera gustado El Turista Accidental! Menudo ser repelente estaría hecho, seguro que mi vida se habría convertido en una especie de triste existencia al estilo de la de Macon Leary, el personaje interpretado por Hurt, un actor que siempre me ha intrigado, tal vez por mi densa influencia del cine de aquella década en donde él brilló y tuvo su apogeo. El beso de la mujer araña (Oscar incluido), Hijos de un dios menor, Reencuentro y, mi favorita claro, Fuego en el cuerpo (ambas también con Kasdan).
Total, que aunque la persona con la que compartí el visionado de la peli se me desnucara sobre el hombro a mitad de metraje y a pesar de que no terminara de encajarme del todo ese tono excéntrico en el que a veces parece sumirse la historia y que llega a parecerse a una especie de parada de los monstruos versión vecinos de mediana edad, me sedujo el retrato del protagonista cuyo trabajo consiste en ser un peculiar escritor de guías de viaje. La descripción de su manera de proceder, con esa voz en off tan ausente, nos recuerda a las rutinas del personaje de George Clooney en Up in the air, película mucho más luminosa, por supuesto. En El Turista Accidental vemos al prescriptor Macon Leary inspeccionando grises hoteles y tomando notas sobre la comida local o, sin ir más lejos en el mismo arranque de la película, dando consejos sobre cómo debe ser la maleta del perfecto viajero, ese que lo mismo debe saber pasar la noche en la terminal de un aeropuerto que debe incluir en el maletín un traje que no desentone en un funeral. Porque nunca se sabe.

lunes, mayo 03, 2010

Cosmonauta


La Vostok 100 tiene una masa de 4.713 kg, una inclinación de 64,95°. Su Periodo orbital es de 88,30 min. El viaje arrancó a las 12:02, en posición inicial en la fecha requerida. La duración real de despegue fue de 357 segundos. La duración del viaje: Desconocida. La misión consiste en avanzar. Somos la misión humana que alcanzará los lugares más remotos que hasta ahora se hayan alcanzado. Nuestro objetivo es recapitular información y conocer el vasto universo.

Estas son las primeras líneas de presentación con las que Cosmonauta saluda al mundo desde su nave de pop espacial o, como también la han llegado a definir, de psicodelia soviética. Más atmosférico enlatado, más orgánico en vivo, el grupo tendrá tirón y futuro. El viernes pasado aterrizaron de nuevo en la sala madrileña Contraclub para presentar las canciones que formarán parte de su primer disco. Con las limitaciones de espacio y medios, sonaron frescas y trabajadas. Después de ganar la final del Rock is Record, Cosmonauta sobrepasará los límites de la velocidad absurda.

Cosmonauta son:

NIKOLAY PETROV: Batería y coros
LUDOVICH BOGDÁNOV: Guitarra, xilófono y coros
DAVIDOVICH KARENSKI: Bajo y coros
ILIA IGNATIEV: Guitarra, teclados y coros
MIJAIL VALÚEV: Voz y guitarra

martes, abril 27, 2010

Pelillos a la mar

Ondea la cabellera al viento. Los mechones se rebelan entre ellos. Se secan con el primer sol de primavera y se inflan como macarrones en la olla. La cabeza crece y se hace visible. Qué cabeza. Vaya cabeza. Anda y que te ondulen. ¿Más? Cuán rizado me he visto reflejado. Cuánto ensortijamiento castaño. Qué salud pilosa. Fortaleza de Sansón. Filamentos canosos que brillan y se retuercen como alambres. Todo, todo, casi todo, afeitado, rapado, cortado, tijereteado, rasurado, cepillado, esquilado, arrojado al frío suelo. Barrido poco después. Confundido entre otros pelos, juntado con adn desconocido, extraños mezclados en una masa informe de hebras a medio deshilachar, amontonado como una peluca de gigante cabezudo. Desaparecido para siempre. Pero surge un nuevo busto esculpido que nace a la vida en flor. Sopladas las últimas briznas negras y limpiados los restos de viruta sobrante, una cabeza olvidada reluce ante su propia imagen. He aquí una criatura medio desnuda. Saluda como si respirara por primera vez, como el renacuajo humano en su primera bocanada. Ya anda de nuevo. Se aleja. Todo vuelve a empezar. Volverá. Ni que hubiera tenido coleta. Jamás.

martes, abril 20, 2010

4/20/02

Seguimos con nuestra perversa tradición de rendir culto a los muertos. Hoy le toca turno a Layne Staley, cantante de Alice in Chains. Perdido en su espectral mundo, llevaba semanas sin dar señales de vida, mucho más sin aparecer en público. Un día como ayer, hace ocho años, alguien dio la patada en su puerta y encontraba el cuerpo sin vida de Staley, en un estado que fechaba su muerte muchos días antes. La noticia se difundió al día siguiente, el 20 de abril. El grunge y su generación X se había cobrado una nueva víctima, otro mártir para la colección. Casual o no, ocho años atrás, el mismo número en el calendario -se fijó la muerte de Staley el 5 de abril-, el líder de aquella generación también firmó su epitafio. Kurt Cobain se había suicidado. Para no entrar en crónicas truculentas, detalles escabrosos ni anécdotas personales sin mayor trascendencia, mejor será que demos paso a una pequeña muestra de la que para mí fue la voz con más carisma de todas cuantas se aglutinaron en torno al sonido Seattle. Eso sí, un repaso como este siempre es ideal para un día de pesadilla, si quieres hundirte en las sombras y odiar la vida. En fin, los pollos de pelos. La voz de Layne Staley suena por fin en Repámpanos, aunque sea desde las tinieblas.


ay, esos pitiditos...



Eddie Vedder compuso y grabó con su ukelele este homenaje, 4/20/02, en cuanto escuchó la noticia de la muerte de su amigo.


Una de las canciones más estremecedoras de Alice in Chains, fiel espejo de la personalidad y estado mental de Layne. Aquel unplugged, como todos los firmados por las bandas grungeras, fue tremendo.


Una de las alegres tonadillas de Mad Season: Layne junto a Mike McCready (Pearl Jam), Barrett Martin (Screaming Trees) y John Baker Saunders (The Walkabouts), también finado por una sobredosis.

viernes, abril 16, 2010

Dedicado a Alex Chilton

Ayer concilié el sueño a las tantas después de una horita radiofónica dedicada a la figura de Alex Chilton, fallecido hace un mes. Fue en El Sótano de Radio 3, que para la ocasión contó con una clase maestra de Iñigo Munster, personaje de saber enciclopédico y capo del underground patrio. No es plan de hacer a estas alturas un obituario ni voy a resumir en unas líneas lo que es casi imposible de meter en la biografía de un mortal que a los 16 añitos ya componía para sus Box Tops canciones de pop pluscuamperfecto. Sus primeros años de carrera en plena pubertad, sus discos con Big Star, su "década perdida", sus correrías en el Nueva York más punk y nuevaolero, sus hallazgos como productor, su legado, su sonido, las decenas de bandas que le deben casi todo, el homenaje de Los Replacements... Pfff, casi ná. Por lo tanto, les dejo con algunas gemas que exhiben su maestría en el power pop pero, sobre todo, la fragilidad de un tipo que transmitía magia incluso desde un desafinado. Canciones perfectas en su concepción y composición pero bellamente imperfectas en muchas de sus ejecuciones, a pesar de que la mayoría estemos acostumbrados a paladear los tres primeros discos de Big Star, grabados en Memphis, como ejemplo para muchos de la mejor innovación y genialidad acústica.
Dedicado a los sotaneros, a Alex Chilton y a todos sus fans:


Unos 16 años muy bien llevados...


Una de las canciones más bonitas jamás compuestas...


Uno de sus temas más representativos de su fase experimental...


La maravillosa canción que Paul Westerberg y compañia escribieron en homenaje a su ídolo...
If he was from Venus, would he meet us on the moon?
If he died in Memphis, then that'd be cool, babe.

miércoles, abril 14, 2010

Ciudad de vida y muerte

Pfff, menudo trago. Te has comido la pantalla a pesar de la incomodidad de la historia contada. Has sufrido toda una experiencia cinematográfica de primer orden y sales tambaleándote. Durante las más de dos horas de película, te han venido a la mente pelis como Senderos de Gloria, El Pianista, La Lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan. El responsable de ello es el prometedor Lu Chuan, director que no llega a los cuarenta y que pudo tirarse unos cuatro añitos para conseguir parir esta inmensa obra bélica cuyo escenario es la antigua capital china Nanjing en el momento de ser arrasada por los japoneses (1937, inicio de la segunda guerra chino-japonesa). La sorpresa por lo que las imágenes cuentan es relativa (los japoneses entrando a saco y el genocidio chino resultante), incluso el clasicismo que desprende la narración forma parte de las previsiones. Un bien elegido blanco y negro -el director reconoce su aversión al color de la sangre-, sin embargo, contiene algo más de poesía de lo esperado y, en ocasiones, sus encuadres despiden cierto tufillo a manierismo. En cualquier caso, no adolecen de potencia ni de enorme belleza. Otros serán los que juzguen el resultado desde ángulos políticos, no olvidando que el tipo alumbra su trabajo desde el meollo del sistema, rozando el mismo aparato comunista chino. Otros tendrán que dictaminar si la mejor manera de romper el molde es hacerlo desde dentro.

lunes, abril 12, 2010

El pase

Llegó la victoria. No sólo sobrevivimos sino que nos superamos. Salimos de nuestro refugio. Nos congraciamos con la vida. Al menos, de momento.
Les dejo con una recopilación de todas las asistencias de gol de Xavi durante la pasada temporada. Otro día dará lecciones sobre el control, el quite y el disparo.

viernes, abril 09, 2010

La penúltima gran batalla

Más allá de sumarios Gürtel, de colas de parados, de jueces enjuiciados y de curas tocones, lo que hoy de verdad importa en el mundo es el clásico. Nada más. Que Obama y su gran país no se paralicen mañana ante este Madrid-Barça me parece un ultraje, una desfachatez, una osadía imperialista. El planeta entero debería rendirse al espectáculo más grande del mundo, del milenio, de la humanidad. Porque lo que mañana sucederá a partir de las diez de la noche, hora peninsular, representa una lucha de dos megapoderes metafísicos, dos maneras de entender la vida y dos maneras de morir peleando. No se puede quedar uno indiferente. Tampoco habrá prisioneros. O estás con unos o estás con otros. Quedarse fuera es de cobardes. Más que eso. Es imposible. Quién vea esto como una exageración, quién malinterprete mis palabras y entienda que mi lenguaje es una coña marinera y qué graciosillo está hoy el de Repámpanos, no se habrá enterado de nada y merecerá mi desprecio, años de apagón digital sumidos en una condena insufrible destinada a ser carne de derbis regionales de tercera. O de retransmisiones eternas enganchadas a Tele 5. Un JJ Santos infinito. Desde aquí y ahora, a esos les maldigo. Lo dicho, mañana al filo de la medianoche, nuestras vidas continuarán y se sumirán de nuevo en la rutina cotidiana de cada fin de semana, empuñaremos nuestros cubatas y nos refrescaremos las heridas en alcohol. Pero en el fondo, queridos, ya no seremos los mismos. Nos miraremos a los ojos y nuestro destino habrá cambiado. Tal vez no lo diremos, tal vez algunos no se darán cuenta, pero todo cuanto habíamos conocido nunca volverá a ser igual. Velen armas. Recen lo que sepan. Mañana... Mañana... Mañana es un movidón.

martes, abril 06, 2010

Los surferos del agujero del c...

Hacía tiempo que no me limitaba a pinchar vídeos de clips musicales. Bien, rellenamos espacio en un nuevo post de Repámpanos con mis amados Butthole Surfers. Un grupo que se llama Los surferos del agujero del culo nunca será suficientemente reivindicado. Un grupo que siempre sonó como unos REM pasados de ácido. Un grupo con un cantante inmenso, Gibby Haynes. Un grupo con un particular sentido del humor, como lo demuestran discos así titulados: Hairway to Steven, Electriclarryland o Rembrandt Pussyhorse. Lástima no encontrar un vídeo del temazo Ah Ha. En su defecto, les dejo con otras perlas de rock deliciosamente psicótico.

Por cierto, no dejen de escuchar la radio de Butthole Surfers.



Con algún invitado especial…



Su oportunidad de formar parte del mainstream



Qué formalitos...



Raritos son, oyes (no hace mucho)