miércoles, octubre 08, 2008

Diálogos y tontás

Ayer asistí a una charla con motivo de la Semana de la Arquitectura de Madrid. Bajo el título de Diálogos Contemporáneos, el tema de la mesa redonda giró en torno a la arquitectura y el diseño de los hoteles boutique. Pues vaya puto coñazo, pensarán ustedes. No les falta razón, podría decir yo, pero en realidad mentiría si no aprovechara la ocasión de pontificar al respecto. Una audiencia formada básicamente por estudiantes de diseño, además de por el sociologuísimo Amando de Miguel, escuchó atenta las palabras de arquitectos y responsables del sector. Con estupor recibí el discurso balbuceante del director de comunicación de una conocida cadena hotelera, articulado puerilmente. Oigan, chatos, ¿todos sus colegís sienten fervor por el diseño y se pirran por vivir junto a las coctelerías de moda? Pues eso. Menos mal que una voz autorizada (no daré nombres, que eso es de valientes) advirtió desde la sensatez de los peligros del esnobismo, tan apegados a los hoteles boutique, esos que nacen, crecen y se reproducen en serie sin tener en cuenta elementos tan asumidos pero al mismo tiempo tan olvidados como la insonorización de una habitación, la comodidad de una cama o la presión de una ducha. El exceso de diseño es contraproducente, pero sobre todo el exceso de diseño ornamental. En mi caso, me gusta esta modalidad del que se ve, pero me pasmo mucho más con el que se siente, el que de verdad funciona. Pasa un poco igual con la tecnología. Hay gente que huye de ella, que tiene alergia al ordenador, al GPS, al iPod o al móvil de última generación. O que se opone a la fotografía digital. Sus principios son entrañables, pero no deben olvidar que la tecnología lo es todo y que gracias a ella directamente sobrevivimos como especie. La era analógica no estaba exenta de tecnología. Confundir fuegos de artificio con una silla de puta madre lleva a rechazar por sistema la misma evolución.
Con los hotelitos de diseño se ha perdido la oportunidad de urbanizar del todo el paisaje asalvajado de muchas ciudades. Madrid es un ejemplo. La función subsidiaria de la figura del arquitecto es el modelo de urbanismo llevado a cabo durante décadas. Hoy en día, o se está instalado en ese sistema o se es un arquitecto estrella. No hay mucho término medio. Por eso, o se homogeneiza o se rompe con todo. Y, claro, Madrid es caos.

lunes, octubre 06, 2008

Tengo que escribir algo en el blog

Tengo que escribir algo en el blog, tengo que escribir algo en el blog, tengo que escribir algo en el blog. Puaj, qué coñazo, no se me ocurre nada, estoy trabajando y tengo que escribir algo en el blog, tengo que escribir algo en el blog. Así me las paso un lunes por la tarde mientras la crisis es otra semana más un dale que te pego y mientras... No, borren lo de la crisis, no quiero hablar más de la crisis. Hasta que se me ocurra algo tonto que tenga que ver con la crisis, claro. Vaya, ya he escrito cuatro veces la palabra crisis. Cinco.
Lo bueno de tener un blog es que te hace estar alerta y agudizar el sentido de la oportunidad. Vaya tontería. Lo bueno de tener un blog que no lee ni dios es que puedes escribir lo que te de la gana y cuando te de la gana. Sí, pero no. Hace casi una semana que no actualizo el blog. Pues vaya cosa. ¿Qué más dará si no lo lee nadie y nadie puede meterme presión? Ya, pero hay que actualizarlo, tengo que escribir algo en el blog.
Por cierto, ¿se han fijado en las gilipolleces que se escriben en los blogs?

martes, septiembre 30, 2008

Hoteles boutique en México

A la espera de nuevos informes sobre el país de José Alfredo Jiménez y Pedro Infante, aquí les traigo una bonita muestra de los interesantes derroteros que México está siguiendo respecto a la evolución de su diseño y su hotelería.

Notodohoteles se lo ha currado. Esta gente sí que sabe. Pinchen la foto y vean ¡Ayayayyyyyyyy! (interjección mexicana por excelencia)

domingo, septiembre 28, 2008

La vida quita a unos y a otros, pero cómo será que parece que sólo se van los mejores.

miércoles, septiembre 24, 2008

¡Viva Quini!

Hoy a Quini le dan un homenaje en el Bernabéu.
En principio no me mola demasiado el escenario, pero qué le vamos a hacer, cualquier sitio es bueno para recordar a uno de los mejores delanteros que ha tenido nunca el fútbol español. Sus problemas de salud parece que han acelerado este reconocimiento pero, por lo menos, han servido para acercarle un poco a la gente, devolverle a la esfera pública y desempolvarlo del recuerdo en color sepia. ¿Conservan algún cromo de El Brujo? Yo sí. Y es que para mí siempre será uno de los elegidos, uno de los tipos a los que más he admirado y de esos a los que te apegas sin demasiada racionalidad, porque cuando eres un enano te gustan las cosas por narices y se acabó. Me gustó el Barça y me gustó Quini. Punto. Porque sí. Como me gustaron Marquitos Alonso o, claro, Maradona. Aunque con Maradona te dabas cuenta de la razón. Era diferente, saltaba a la vista, aún para un chaval de siete años.
Con Quini debía pasar que metía mogollón de goles –siete trofeos Pichichi son muchos goles uno detrás de otro- pero también que el tipo me caía bien. Desprendía honestidad, curro, verdad. Me acuerdo de sus cabezazos, de cómo se tiraba por los suelos para alcanzar el balón, de cómo celebraba los goles. Qué tiempos, de cuando el fútbol se mezclaba con el barro.
Ya con anterioridad hemos traído a este blog la figura de Quini, mostrando una pancarta que pedía su libertad en momentos de su secuestro, pero esta vez es diferente. Hoy vuelve al campo.

jueves, septiembre 18, 2008

Un lío: golpe al sistema

La bolsa hace crack. Los bancos se van al carajo. Los inversores van al psiquiatra.
Yo no apuesto. Estoy salvado. De momento, amiguito.

Los adalides del capitalismo llevan 19 años jactándose de que el comunismo no funcionó. Ahora, nadie sale a la palestra a excusarse porque su sistema tampoco es precisamente infalible. Tal vez no lo hacen porque en realidad el sistema se mantiene en pie, incólume, a pesar de que lo que realmente se desploma son parte de sus cimientos. El sistema nunca pierde. Menuda novedad.

Los empresarios piden al gobierno que cambie el modelo. El mundo al revés. Cuando todo marcha, los representantes del capital no quieren saber nada de controles. Que el estado ni les toque, ni les mire, ni les eche el aliento. Cuando la cosa se tuerce, entonan el “jefe, algo habrá que hacer”. Ahora se dirigen a Zapatero y le solicitan un cambio circunstancial. Zapatero les responde que cree firmemente en el modelo implantado, el de la libertad de empresa. Pues estamos apañados.

La paradoja de este bonito sistema de ecuaciones consiste en la privatización de los beneficios y en la socialización de las pérdidas. Los agentes sociales se reúnen para estudiar la peliaguda situación. Malo. Habrá recortes en gastos. ¿Para cuándo recortes en beneficios? Lo dicho, mi fajo, a buen recaudo bajo el colchón o detrás del cuadro del pasillo.

Sesión drogota: nuevo volumen de Muuu Dj Compilations

Lo estabais deseando. Se notaba en el ambiente. Tufillo de ansiedad porque vuestro pinchadiscos favorito no se ocupaba de vosotros. Soooo, que no cunda la desazón.
El alquimista se encierra en su laboratorio y ya prepara el que será el sexto volumen de la serie Muuu Dj Compilations. Su título: Freakout. Música en espiral: sesión drogota. Temas embriagadores, sonidos ondulantes, atmósferas hipnóticas, ritmos triperos. Bandas como Suicide, Happy Mondays, Velvet Underground, Spacemen 3 o Mercury Rev se agolpan para conformar una recopilación que en pocos días estará disponible en este blog. ¡No se la pierdan! No les defraudará. Ideal para darse un buen viaje.

lunes, septiembre 15, 2008

Los días mugrientos

Los fastos del 20 aniversario del sello Sub Pop sirve para recordar el nacimiento del grounge. Sí, aquel apestoso bulle bulle de melenudos pestilentes que convirtió a Seattle en la capital mundial del victimismo, la drogaina depre y los sonidos pesadotes. No puedo evitar sentir nostalgia no ya por unos ecos que ni siquiera puede notar –hablamos de 1988, yo aún escuchaba a Parchís- sino por la metralla que su explosión desperdigó durante los años venideros. Recuperar los primeros discos de Alice in Chains, de Tad o de Mother Love Bone consiste en una labor de arqueología musical, pues el carácter circunstancial de los recuerdos y de la propia esencia del género provoca pereza. Sin embargo, desempolvar a Mudhoney, Green River o Afghan Whigs no cuesta nada. Sus temas siguen sonando frescos, crudos y apetecibles, mostrando la viveza de buena parte de la banda sonora de mi vida. Pearl Jam o Soundgarden también pertenecen a este gran recopilatorio emocional, pero su sonido no ha envejecido tan bien.

Hace tiempo, la MTV sacaba su propia lista de los mejores discos de estos 20 años de historia de Sub Pop. Aquí hacemos lo propio. (Pongan “queridos discos” en vez de “mejores discos")

Mudhoney - Superfuzz Bigmuff EP (1988)
Mark Lanegan – I’ll Take Care of You (1999)

Nirvana – Bleach (1989)
Afghan Whigs – Congregation (1991)

Green River - Dry as a Bone (1986)
Radio Birdman - The Essential Radio Birdman: 1974-1978 (2001)
Supersuckers - The Sacrilicious Sounds of the Supersuckers (1996)

Dwarves - Blood Guts & Pussy (1990)

The Monkeywrench - Clean as a Broke-Dick Dog (1992)
Zen Guerrilla - Trance States in Tongues (1999)




viernes, septiembre 12, 2008

Los abdominales de José

Desayuno hoy con la noticia del día: Aznar hace todos los días 2.000 abdominales. No dos mil, sino 2.000, con número, para que así sea más flipante la cosa. Mientras mojo la rosquilla en el Cola-Cao, el estupor se apodera de mi y no son ni las diez de la mañana. Empezamos bien. ¿Qué le pasa a este hombre? Una cosa es hacer deporte y otra cosa es que un cincuentón se convierta en vigoréxico de la noche a la mañana. ¿Dónde quedó el pádel y las carreritas por Moncloa? Ahora José se deja melenón y se pone como un toro.

Como este no es un espacio obligadamente pegado a la actualidad, y porque siempre hay alguien que supera la pluma de este cronista –aunque parezca mentira y no, no hablo de ese tipo de pluma-, recupero la columna de Enric González dedicada precisamente a este tema y que fue publicada en El País el pasado 4 de septiembre. Decía así:

Aznar
Creo que José María Aznar no se lleva demasiado bien con la empresa para la que trabajo. Mi mujer no le soporta: en cuanto aparece en televisión, cambia de canal o abre un libro. Deduzco que buena parte de los lectores de este diario tampoco son devotos de Aznar. Tengo todo eso muy en cuenta. Debo confesar, sin embargo, que a mí no me dispara la úlcera. Entiendo que Aznar confundió la invasión de Irak con el desembarco en Normandía y acabó haciendo el mequetrefe en la foto de las Azores, pero también puedo entender algunas de las razones que le llevaron hasta ese disparate. Recuerdo perfectamente la manipulación posterior a los atentados del 11-M (las instrucciones a las embajadas, la condena a ETA en la ONU), pero me repugnaron los gritos de "asesino, asesino". El tipo se empecina hasta el asco en justificar sus errores, pero sé de otros ex presidentes que también lo hacen. Más que el Aznar político, ya amortizado, me interesa el personaje que ha creado. No tanto el que se creyó Felipe II en la boda de su niña, como el tipo disparatado y políticamente incorrecto que se mofa de las campañas contra la mezcla de alcohol y volante, que llega a los congresos de su partido como si llegara a la fiesta de Blas, que luce abdominales en el yate de Briatore y, en general, se pone el mundo por montera. Yo creía que un hombre de sus características (cejijunto y hermético, digamos) no resultaría exportable. Pero ahí le tienen, convertido en un "international man of mistery". Me permito hablar de esto porque ya lo ha hecho él mismo y lo han hecho televisiones, radios y digitales: ayer sentí un pinchazo de decepción cuando negó ser el padre del hijo de Rachida Dati, la ministra francesa de Justicia. Ésa sí habría sido una foto, y no la de las Azores. Desde el Tratado de los Pirineos, España estaba esperando algo así. Con todo el respeto a la familia Aznar, quizá desconcertada, deploro el desmentido. Lástima.

Lo dicho. Yo no lo hubiera expresado mejor.

martes, septiembre 09, 2008

Buen cine de mal rollo

Sidney Lumet está fatal. Nadie que sea inmensamente feliz puede parir una obra tan amarga y jodida como Antes que el diablo sepa que has muerto. Por fin pude ir a verla y salí encogido, turbado. La familia es lo que tiene, si ya lo decía yo. El octogenario director, responsable de un buen número de películas mediocres y un puñado de casi obras maestras –Doce hombres sin piedad lo es sin paliativos- irrumpe en escena cuando ya nadie dábamos un duro por él y lo hace para brindarnos su penúltima lección: los viejos pellejos saben de esto. Por cierto, un tal Mike Booth me dio hace tiempo un consejo: “toma, si alguna vez quieres hacer una película, léete este libro”. El libro en cuestión era Así se hacen las películas, de Sydney Lumet. Me lo regaló el buen chaval y no le faltaba razón. Pocos construyen narraciones tan simples y certeras como el autor de Serpico y La noche cae sobre Manhattan, aunque en su última obra elija fragmentar el discurso haciendo una concesión a la modernidad. No lo necesitaba, pero en fin.
No suele importarme la vida privada de según qué personas pero reconozco interés en la de Lumet, precisamente por descubrir en qué hondo pozo vital se haya sumido para querer afrontar la creación de un relato tan desolador. Los personajes –geniales los tres, aunque Philip Seymour Hoffman se eleva un cuerpo por encima del resto- acumulan miserias y rencores, inseguridades y mala conciencia. El sentimiento de culpa, la fatalidad de un destino tan trágico como seguro, no son temas novedosos en la filmografía de este gran tipo, pero aquí es capaz de ahogarnos un poco más si cabe en la desesperanza. Menos mal que Marisa Tomei luce palmito. ¿Saben que esta chavalita tiene ya 44 primaveras? Hace el mismo papel de siempre, pero qué quieren que les diga, la tengo aprecio y ternura. Está como un queso, vaya.
Si todavía no la han visto, vayan a ver Antes que el diablo sepa que has muerto. Le cogerán un poquito más de asco a la vida. Pero seguirán amando el cine.

lunes, septiembre 01, 2008

Entre col y col

De nuevo en casa, en los secos madriles de operación llegada. Atrás hemos dejado un viaje de esos que algunos llaman de experiencia multisensorial. Nuestro periplo por Girona comenzó en la tierra volcánica de La Garrotxa, donde Olot alberga un santuario tachado en rojo con una gran equis sobre el mapa del tesoro. Cuatro años después, por fin lo descubrimos. Les Cols no es un hotel, como mucho es la pensión más cara del mundo. Cosas de la burocracia hostelera. Encarar cada uno de sus cinco pabellones de cristal parapetados por empalizadas reflectantes supone un choque cultural. Se impone cambiar los hábitos domésticos. Y sociales. Un camastro formado por ocho tiras independientes es el único cuerpo reconocible en la no-habitación. Por la noche, toma forma de cama al estilo japonés. No hay armarios. ¿No hay? Varias falsas paredes ocultan una nevera con agua, un armario con toallas y otro con albornoz y zapatillas. Es el maletero, porque todavía no se ha inventado el equipaje invisible y la Samsonite no debe entorpecer el vacío.
Tampoco hay grifo en el lavabo, oculto tras puertas correderas opacas, pero el agua corre en la pila cuando detecta la presencia del huésped. Una ducha de cantos rodados y una poza de agua caliente hasta la madrugada completan un cuarto de baño de lo más acústico.


Sombras humanas recorren las pasarelas metálicas, al otro lado de la trinchera verde. Los aspersores riegan los churretes de lava negra, coloreada por las hojas naranjas caídas del nogal. Sale el sol, un destello. Cae la noche, un desfile de penumbras espectrales. No hay temporadas, aquí la tarifa es única todo el año. Llueve. Casi mejor. Nieva. Cielo estrellado, luna llena sobre las cabezas.

Les Cols no es sólo ejemplo de un hotel que hace las cosas distintas, sino que marca la pauta para que todos podamos hacerlas. No tenemos que vivir por norma a media luz, no tenemos que tener en nuestras casas mil y un reflejos de sofisticada arquitectura, pero sí podemos vivir nuestra cotidianeidad con más imaginación y menos complejos. Vivimos sin encontrar la total comodidad, necesitamos demasiadas cosas y no sabemos despojarnos de lo prescindible. No guardamos ningún ritual sagrado, todo lo hacemos sin consciencia y no tenemos conciencia del entorno, vivimos hacía lo estrecho y no hacia lo abierto. Todo esto y más ocupa nuestra conversación con Judit, verdadera psicóloga del zen, experta en recibir con la mejor sonrisa al despistado y ansioso viajero. Arte de la instrucción espiritual. Seguimos en un hotel. O lo que sea.

Desayunamos tumbados al borde del engawa placeres nada minimalistas. Un queso y una longaniza de Olot. Un tomate a mordiscos. Ya ni nos acordamos de los 17 platos del menú degustación de la cena de la noche anterior, servidos en varios espacios del restaurante, incluido el jardín frente a la masía originaria. ¿Me rebocé en el césped mientras engullía una tableta de chocolate acompañado de pan de coca y cava? Por si no hemos tenido bastante, Judit nos obsequia con un pic-nic playero, para después de la ruta que nos llevó al volcán Crossat. Una hogaza de pan, dos huevos duros, una ensalada verde, un puñado de ciruelas y una botella de Sinols negre.
Camino del mar, Franz, Regina y su perro Max nos reciben en su casa de Fortiá, a pocos kilómetros de Castelló D'Empúries. Risas, conciertos de jazz en un garito de la playa, cenas de fusión tailandesa en el pueblo, calas a un paso de El Bulli... Y golondrinas que pernoctan fuera de su nido en cualquier lugar del jardín. Así dan nombre al Ave de Paso, el hotelito de esta simpática pareja suiza. Jamás olvidaré su yogur casero con muesli y fruta. ¡Mil gracias a todos!

miércoles, agosto 27, 2008

A la búsqueda del santuario

El lunes os daré cuenta de una experiencia nueva: dormir en un pabellón de cristal sobre un lecho de roca volcánica y con el paisaje ensoñador y magnético de La Garrotxa de fondo. Esta marcianada de nombre Les Cols es lo que me espera este fin de semana, amén de un buen surtido de embutidos, calas bajo acantilados, pueblecitos de pescadores y mucha carretera mediterránea.

Foto prestada por Iberimage

martes, agosto 26, 2008

Cumpleaños olímpico

Pinchen para agrandar la foto

El sábado celebré mi cumpleaños. Como en mi casa tenemos mucho espíritu olímpico, aprovechamos la ocasión para organizar un desfile de atletas en las últimas. Un motivo como cualquier otro para despedir de nuestras vidas la esgrima, la natación sincronizada o la halterofilia, disciplinas por las que sentimos verdadero furor. Tras los rostros pixelados de la foto se ocultan personalidades ilustres que, tal vez más adelante, iremos revelando. Hombres y mujeres de las letras, el periodismo, la cultura y la ciencia que, por una noche, se enfundaron en culotes y bañadores para, florete en ristre, dar buena cuenta de emparedados y copazos de ginebra. Todo a ritmo de Carros de Fuego. Qué emoción, madre, qué sentimiento más grande por el dopaje y las plusmarcas. Lástima, no estuvieron Samaranch ni las infantas.

viernes, agosto 22, 2008

Revista para buenos viajeros

La Fábrica Editorial ya tiene en los quiscos el segundo número de la revista Room, un proyecto en el que tengo la suerte de colaborar. Contenidos culturales, firmas de relumbrón, hoteles recomendables y una presentación cuidada. Háganse con ella, en este nuevo número trimestral, el gran fotógrafo Ramón Masats es el protagonista. Sus negativos y contactos publicados en el libro Los Sanfermines se recuperan para la ocasión. Fotazos de la fiesta en pleno franquismo mantienen toda su fuerza, ganan con los años. Un blanco y negro de época, elegante y directo, a la altura del reporterismo más certero.

lunes, agosto 18, 2008

La nueva y la vieja Valencia

Edificio en trampantojo en la Avenida del Puerto.

Me acerco estos días de fiesta –así somos los de nuestra estirpe, que no paramos- a la ciudad del Túria con la curiosidad de descubrir la nueva ciudad lanzada al estrellato de la modernidad y la vanguardia gracias al impulso de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias y a la Copa América de Vela. Tenía muchas ganas de comprobar el asalto de la ciudad al podio repartido entre Madrid y Barcelona, pero mis expectativas se vieron frustradas. Poco recordaba yo de una ciudad que no visitaba desde mi infancia, y de aquella permanece intacto su aireado sentido mediterráneo, su luminosidad, su amplitud de avenidas, sus plazas, sus puentes, sus relucientes edificios modernistas, por entero la ciudad marinera. No acudía yo a la caza de la lonja, el mercado, la catedral y la basílica, sino a la de la nueva urbanidad, el desafío tecnológico y arquitectónico, a la caza de la revolución valenciana. La Valencia historicista y fallera se aparta tras dar cuenta de horchata, helado, granizado, calamar y arroz meloso, y me apunto a recorrer el antiguo cauce del Túria hasta darme de bruces con los retoños de Santiago Calatrava –el Palau de les Arts, L'Hemisfèric, L'Oceanogràfic...-, la Ciudad preámbulo de la ruta de la Valencia del tercer milenio. Reconozco que me dejó frío como una sepia pero también reconozco que la observé de soslayo, sin adentrarme en el recinto. Ya veré los delfines cuando tenga prole y así podré juzgar con más garantías. El caso es que solo me quedaba enfilar el puerto y tantear la efervescencia provocada por el vuelco definitivo al mar desde un rediseño de la entrada a la Malvarrosa. Ná de ná. En honor a la verdad, no ayudaba a la clarificación de la estampa el follonaco de los preparativos para el circuito urbano de Fórmula 1 -más a la buchaca-, pero no es excusa. Las dársenas destinadas al ocio nocturno me parecen desaprovechadas y, aunque cumplen su papel con una buena funcionalidad de servicios, no deja de ser un apaño al estilo del Maremagnum barcelonés. Mucha silicona, mucho dj, mucho ambientazo, pero poca miga, poco estilo. Y poco mar. Mi estupor queda constatado al día siguiente cuando, casualidades de la vida, la edición valenciana de El País incluye un artículo dedicado precisamente a eso, al mucho nombre y marca de la última ciudad y a su escasa chicha. La sensación es palpable, aquí se ha invertido en marketing pero no en soluciones y audacia. Y a la gente le ha debido salir por un ojo de la cara, pues apenas tres días de garbeo me hacen colocar a Valencia como la ciudad más cara de España. Estar de visita en la ciudad cuesta lo suyo y no se ajusta a lo prometido. Además, doña Rita, si se dedica a recaudar en la hucha del parquímetro incluso en las tardes de agosto –insisto, ciudad desierta- es para que por lo menos perfume las calles pues apestan de lo lindo gracias, supongo, al calor, la humedad y a una deficiente red de alcantarillado y cañerías. Eso sí, una recomendación: restaurante Sangoreneta, en la calle Sorni, 31. Alta cocina en un local íntimo y bien atendido. No perderse su steak tartar con helado de torta del casar y crujiente de parmesano, ni sus texturas de chocolate, ni sus quesos artesanos, ni... Estupendo.

Las almenas de La Lonja

lunes, agosto 11, 2008

Un Mundo Raro

Como sabemos que nos han echado de menos, no quiero dejar pasar ni un instante más sin levantar la barrera de clausura por vacaciones en este foro repampaguente. Resacoso y exhausto, uno afronta la vuelta al cole con poco ánimo y justita ilusión. ¿Qué hacemos aquí otra vez? Sentar cátedra, pensarán. Instruir y encauzar conciencias, se dirán otros. No les falta razón, pero es que no apetece ni gota, oigan.
En fin, con México perdido en lontananza, pero intacto en nuestro corazón, y también bien metidito en nuestro hígado, páncreas, estómago y conductos intestinales, aquí estamos de nuevo para dar cuenta de algunas desventuras, de historias propias y ajenas, de dislates comunes y pasiones variopintas. Y la primera en la frente, pues el lunes amanecía con la triste noticia de la muerte de Isaac Hayes, uno de nuestros padrinos en el arte amatorio y de la canción orquestada. El pobre nos deja a unos tiernos 65 años. No somos nada. Me acuerdo de su decepcionante show en el Via Jazz de Collado Villalba hace unos pocos veranos y me entristezco. Del fucker sedoso y del Moisés negrata quedaba ya bien poco.
Pero basta de desgracias –qué es una guerra de pelo en pecho como la de Osetia o qué es perder esperanzas de medalla en tiro con arco- porque todavía perdura el recuerdo de un mundo extraño y freak donde los haya, de licores de hombres y de melodías sentidas, de paisajes rotundos y clima hostil. México lindo y querido, les diré que llegué de un mundo raro, que no sé del dolor, que triunfé en el amor y que nunca he llorado (grito de mariachi de fondo). Pues eso, ahí queda.

miércoles, julio 16, 2008

Movidote del peyote

Esta bonita y entrañable expresión de nuestra adolescencia moratalazí me sirve para anticipar la próxima aventura. Destino: México lindo y querido.
Casi me despido de esta bitácora hasta primeros de agosto, con la esperanza de regresar más sabio, más viajado, más guapo y más feliz. Traeré conmigo los restos de la batalla, y no me refiero a nada relacionado con esta hermosa imagen de un pedazo de peyotón. No se apenen, en breve estaré de vuelta.

miércoles, julio 09, 2008

lunes, julio 07, 2008

Robert Capa

Sigo trapiñándome la biografía de Robert Capa, publicada en 1985 por Richard Whelan, y me asalta la necesidad de ver su vida trasladada a la gran pantalla. Se lo comento a un colega y barajamos un par de nombres para meterse en la piel de este auténtico personaje del siglo XX. Para mí sólo puede ser Michael Imperioli, nuestro Christopher Moltisanti de nuestras entretelas; a mi colega se le ocurre Adrien Brody. Premio para el caballero, pues al parecer el señorito a una nariz pegado –ahora también vale lo de “a una Pataki pegado”- está medio fichado para protagonizar un posible biopic escrito y dirigido por el cotizado guionista Menno Meyjes (Ricochet, Indiana Jones y la Última Crazada, El Corazón Púrpura, Manolete, El sueño del Mono Loco...), y con la también participación de Natalie Portman en el papel de la amada de Capa, la fotógrafa Gerda Taro. En realidad el proyecto lleva en nevera desde el año pasado. Veremos...

martes, julio 01, 2008

Admiración y envidia: la mística del deporte

Hacía calor. Aquel 24 de junio hacía calor. Yo era un enano de siete años y no podía más de los nervios. Recuerdo vivir de pie la tanda de penaltis a escaso medio metro del destartalado televisor en blanco y negro de nuestra salita de estar. En mi casa la tele en color no entró hasta los noventa, y ya del vídeo ni les cuento, por lo que mis recuerdos infantiles asomados al mundo –el 23-F, la tragedia de Heysel, la chufla de Malta, Barrio Sésamo y la Bola de Cristal, 3, 2, 1 contacto...- tienen algo de posguerra. Además, aquella salita empapelada con motivos setenteros y presidida por una mesa camilla se convirtió años después en mi habitación, una vez el niño se hizo mayor y necesitó más espacio e intimidad. El caso es que hacía calor, yo estaba nervioso y España se jugaba el pase a la final de la Eurocopa del 84. No me acuerdo del partido en sí, de que nos metieron un buen meneo ni de que Arconada hizo más que nunca de tigre del Igueldo. Únicamente el flash que lleva todo este tiempo encendido en mi memoria como si fuera ayer responde al momento en que Arconada se pilla un rebote mayúsculo porque el penalti que acababa de parar a Laudrup –por aquel entonces, para mí, un fulano más-, y que nos metía en la final, se tiene que repetir porque al árbitro se le pone en las narices. El portero zarandea al colegiado, lo que hoy hubiera significado cárcel segura, y se tiene que tragar el momento y el penalti repetido, que esta vez sí entra. De Lerby y Víctor no me acuerdo, ni siquiera de Elkjær mandando el balón al cielo de Lyon y, para qué os voy a engañar, tampoco de Sarabia cogiendo carrerilla para marcar el gol que nos clasificó. De lo que sí me acuerdo es de mí mismo asomado a la ventana de la sala berreando gol como un pirado. Y de mis padres felices porque yo era feliz. De la final me acuerdo menos, fíjense qué cosas.

Aquel equipo, para los de mi generación, tenía algo que no ha podido igualar ningún otro venidero. No ya por la furia, ni porque aquellos tipos tenían bastante carisma, sino porque rozaron la gloria y yo al menos les veía como si fueran inalcanzables, con aquellos rostros un tanto embrutecidos y aquellas pintazas entre escuálidas, contrahechas y todavía desarrollistas. Con sus pantaloncitos por las ingles y las pantorrillas como muslos de pollo. Yo quería ser Quini, Marcos Alonso o Arconada. Ya era culé pero no me hubiera importado ser Santillana. Parecía que tenían mil años y les admiraba.
Años después, vinieron otros jugadores, otros equipos y otros glamoures. Uno empezó a perder la inocencia del niño jurgolista –en cuanto se dio cuenta que de jurgolista, ná de ná, que igual fumeta o periodista-, y la ilusión se quedó por el camino. Las edades se fueron equilibrando y ya Zubi, aunque viejo y feote, no parecía tan inalcanzable. No digamos Salinas o Hierro. Más bien no querías alcanzarlos.
Y, de repente, sin esperarlo demasiado, un nuevo equipo te pone en una tesitura similar a la que viviste aquel 24 de junio. Y los golfos son más o menos de tu edad, la mayoría más jóvenes. Qué movida, qué alboroto. Ya no les admiras, ahora les envidias.