martes, abril 27, 2010
Pelillos a la mar
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martes, abril 20, 2010
4/20/02
Seguimos con nuestra perversa tradición de rendir culto a los muertos. Hoy le toca turno a Layne Staley, cantante de Alice in Chains. Perdido en su espectral mundo, llevaba semanas sin dar señales de vida, mucho más sin aparecer en público. Un día como ayer, hace ocho años, alguien dio la patada en su puerta y encontraba el cuerpo sin vida de Staley, en un estado que fechaba su muerte muchos días antes. La noticia se difundió al día siguiente, el 20 de abril. El grunge y su generación X se había cobrado una nueva víctima, otro mártir para la colección. Casual o no, ocho años atrás, el mismo número en el calendario -se fijó la muerte de Staley el 5 de abril-, el líder de aquella generación también firmó su epitafio. Kurt Cobain se había suicidado. Para no entrar en crónicas truculentas, detalles escabrosos ni anécdotas personales sin mayor trascendencia, mejor será que demos paso a una pequeña muestra de la que para mí fue la voz con más carisma de todas cuantas se aglutinaron en torno al sonido Seattle. Eso sí, un repaso como este siempre es ideal para un día de pesadilla, si quieres hundirte en las sombras y odiar la vida. En fin, los pollos de pelos. La voz de Layne Staley suena por fin en Repámpanos, aunque sea desde las tinieblas.
ay, esos pitiditos...
Eddie Vedder compuso y grabó con su ukelele este homenaje, 4/20/02, en cuanto escuchó la noticia de la muerte de su amigo.
Una de las canciones más estremecedoras de Alice in Chains, fiel espejo de la personalidad y estado mental de Layne. Aquel unplugged, como todos los firmados por las bandas grungeras, fue tremendo.
Una de las alegres tonadillas de Mad Season: Layne junto a Mike McCready (Pearl Jam), Barrett Martin (Screaming Trees) y John Baker Saunders (The Walkabouts), también finado por una sobredosis.
ay, esos pitiditos...
Eddie Vedder compuso y grabó con su ukelele este homenaje, 4/20/02, en cuanto escuchó la noticia de la muerte de su amigo.
Una de las canciones más estremecedoras de Alice in Chains, fiel espejo de la personalidad y estado mental de Layne. Aquel unplugged, como todos los firmados por las bandas grungeras, fue tremendo.
Una de las alegres tonadillas de Mad Season: Layne junto a Mike McCready (Pearl Jam), Barrett Martin (Screaming Trees) y John Baker Saunders (The Walkabouts), también finado por una sobredosis.
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viernes, abril 16, 2010
Dedicado a Alex Chilton
Ayer concilié el sueño a las tantas después de una horita radiofónica dedicada a la figura de Alex Chilton, fallecido hace un mes. Fue en El Sótano de Radio 3, que para la ocasión contó con una clase maestra de Iñigo Munster, personaje de saber enciclopédico y capo del underground patrio. No es plan de hacer a estas alturas un obituario ni voy a resumir en unas líneas lo que es casi imposible de meter en la biografía de un mortal que a los 16 añitos ya componía para sus Box Tops canciones de pop pluscuamperfecto. Sus primeros años de carrera en plena pubertad, sus discos con Big Star, su "década perdida", sus correrías en el Nueva York más punk y nuevaolero, sus hallazgos como productor, su legado, su sonido, las decenas de bandas que le deben casi todo, el homenaje de Los Replacements... Pfff, casi ná. Por lo tanto, les dejo con algunas gemas que exhiben su maestría en el power pop pero, sobre todo, la fragilidad de un tipo que transmitía magia incluso desde un desafinado. Canciones perfectas en su concepción y composición pero bellamente imperfectas en muchas de sus ejecuciones, a pesar de que la mayoría estemos acostumbrados a paladear los tres primeros discos de Big Star, grabados en Memphis, como ejemplo para muchos de la mejor innovación y genialidad acústica.
Dedicado a los sotaneros, a Alex Chilton y a todos sus fans:
Unos 16 años muy bien llevados...
Una de las canciones más bonitas jamás compuestas...
Uno de sus temas más representativos de su fase experimental...
La maravillosa canción que Paul Westerberg y compañia escribieron en homenaje a su ídolo...
If he was from Venus, would he meet us on the moon?
If he died in Memphis, then that'd be cool, babe.
Dedicado a los sotaneros, a Alex Chilton y a todos sus fans:
Unos 16 años muy bien llevados...
Una de las canciones más bonitas jamás compuestas...
Uno de sus temas más representativos de su fase experimental...
La maravillosa canción que Paul Westerberg y compañia escribieron en homenaje a su ídolo...
If he was from Venus, would he meet us on the moon?
If he died in Memphis, then that'd be cool, babe.
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miércoles, abril 14, 2010
Ciudad de vida y muerte
Pfff, menudo trago. Te has comido la pantalla a pesar de la incomodidad de la historia contada. Has sufrido toda una experiencia cinematográfica de primer orden y sales tambaleándote. Durante las más de dos horas de película, te han venido a la mente pelis como Senderos de Gloria, El Pianista, La Lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan. El responsable de ello es el prometedor Lu Chuan, director que no llega a los cuarenta y que pudo tirarse unos cuatro añitos para conseguir parir esta inmensa obra bélica cuyo escenario es la antigua capital china Nanjing en el momento de ser arrasada por los japoneses (1937, inicio de la segunda guerra chino-japonesa). La sorpresa por lo que las imágenes cuentan es relativa (los japoneses entrando a saco y el genocidio chino resultante), incluso el clasicismo que desprende la narración forma parte de las previsiones. Un bien elegido blanco y negro -el director reconoce su aversión al color de la sangre-, sin embargo, contiene algo más de poesía de lo esperado y, en ocasiones, sus encuadres despiden cierto tufillo a manierismo. En cualquier caso, no adolecen de potencia ni de enorme belleza. Otros serán los que juzguen el resultado desde ángulos políticos, no olvidando que el tipo alumbra su trabajo desde el meollo del sistema, rozando el mismo aparato comunista chino. Otros tendrán que dictaminar si la mejor manera de romper el molde es hacerlo desde dentro.
lunes, abril 12, 2010
El pase
Llegó la victoria. No sólo sobrevivimos sino que nos superamos. Salimos de nuestro refugio. Nos congraciamos con la vida. Al menos, de momento.
Les dejo con una recopilación de todas las asistencias de gol de Xavi durante la pasada temporada. Otro día dará lecciones sobre el control, el quite y el disparo.
Les dejo con una recopilación de todas las asistencias de gol de Xavi durante la pasada temporada. Otro día dará lecciones sobre el control, el quite y el disparo.
viernes, abril 09, 2010
La penúltima gran batalla
Más allá de sumarios Gürtel, de colas de parados, de jueces enjuiciados y de curas tocones, lo que hoy de verdad importa en el mundo es el clásico. Nada más. Que Obama y su gran país no se paralicen mañana ante este Madrid-Barça me parece un ultraje, una desfachatez, una osadía imperialista. El planeta entero debería rendirse al espectáculo más grande del mundo, del milenio, de la humanidad. Porque lo que mañana sucederá a partir de las diez de la noche, hora peninsular, representa una lucha de dos megapoderes metafísicos, dos maneras de entender la vida y dos maneras de morir peleando. No se puede quedar uno indiferente. Tampoco habrá prisioneros. O estás con unos o estás con otros. Quedarse fuera es de cobardes. Más que eso. Es imposible. Quién vea esto como una exageración, quién malinterprete mis palabras y entienda que mi lenguaje es una coña marinera y qué graciosillo está hoy el de Repámpanos, no se habrá enterado de nada y merecerá mi desprecio, años de apagón digital sumidos en una condena insufrible destinada a ser carne de derbis regionales de tercera. O de retransmisiones eternas enganchadas a Tele 5. Un JJ Santos infinito. Desde aquí y ahora, a esos les maldigo. Lo dicho, mañana al filo de la medianoche, nuestras vidas continuarán y se sumirán de nuevo en la rutina cotidiana de cada fin de semana, empuñaremos nuestros cubatas y nos refrescaremos las heridas en alcohol. Pero en el fondo, queridos, ya no seremos los mismos. Nos miraremos a los ojos y nuestro destino habrá cambiado. Tal vez no lo diremos, tal vez algunos no se darán cuenta, pero todo cuanto habíamos conocido nunca volverá a ser igual. Velen armas. Recen lo que sepan. Mañana... Mañana... Mañana es un movidón.
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martes, abril 06, 2010
Los surferos del agujero del c...
Hacía tiempo que no me limitaba a pinchar vídeos de clips musicales. Bien, rellenamos espacio en un nuevo post de Repámpanos con mis amados Butthole Surfers. Un grupo que se llama Los surferos del agujero del culo nunca será suficientemente reivindicado. Un grupo que siempre sonó como unos REM pasados de ácido. Un grupo con un cantante inmenso, Gibby Haynes. Un grupo con un particular sentido del humor, como lo demuestran discos así titulados: Hairway to Steven, Electriclarryland o Rembrandt Pussyhorse. Lástima no encontrar un vídeo del temazo Ah Ha. En su defecto, les dejo con otras perlas de rock deliciosamente psicótico.
Por cierto, no dejen de escuchar la radio de Butthole Surfers.
Con algún invitado especial…
Su oportunidad de formar parte del mainstream
Qué formalitos...
Raritos son, oyes (no hace mucho)
Por cierto, no dejen de escuchar la radio de Butthole Surfers.
Con algún invitado especial…
Su oportunidad de formar parte del mainstream
Qué formalitos...
Raritos son, oyes (no hace mucho)
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martes, marzo 30, 2010
L.A. Arquitectura: la mala de la película (y con Polanski más)
La última película de Roman Polanski me recuerda algo que siempre me ha hecho gracia y con lo que casualmente me topé hace poco en YouTube. Se trata de la utilización de la mejor arquitectura del siglo XX como un personaje más del reparto cinematográfico, pero concreta y curiosamente como un villano. La demonización de algunas de las casas más revolucionarias de nuestro tiempo al servir de misteriosas residencias de malos malísimos en pelis de cine negro no es un hecho casual. El vídeo que enlazamos a continuación forma parte del documental de Thom Andersen Los Angeles Plays Itself en el que trata de posicionar la visión de Hollywood frente a la ciudad negra y pulp por excelencia. Aquellas maravillosas casas fotografiadas por la estilizada mirada de Julius Shulman –y que hace unos días incluimos en un post- sirven de cuartel general de tipos muy chungos de vida oscura pero que, ay amigo, tenían pasta y muy buen gusto. Así vemos la Lovell House de Richard Neutra en L.A. Confidential, la Casa Malin (Chemosphere) en Body Doble, la Casa Reiner en Less than zero, la Casa Elrod en Diamantes para la eternidad –todas de John Lautner-, o la mansión de Palm Springs de Stewart Williams o las casas de Pierre Koening y Frank Lloyd Wright en El gran Lebowski, Blade Runner, Ella siempre dice sí, Twilight… Y hasta podemos ver en Alta Letal 2 al machote de Mel Gibson tirar abajo con su 4x4 la mismísima Casa García, también de John Lautner. Qué tacto, madre.
Cómo olvidar la mansión de James Mason en Con la muerte en los talones, aunque la maqueta de una casa de Frank Lloyd Wright nos situase junto al Monte Rushmore en Dakota del Sur y no en Los Angeles. Pues con The Ghost Writer, Polanski ha querido estar otra vez un poquito más cerca de Hitchcock, además de por múltiples referencias y similitudes –un protagonista sin nombre, una música asfixiante a lo Bernard Hermann, unos personajes con pasados alambicados, una atmósfera desasosegante…- por presentarnos una casa que cumple, como muchas de las anteriormente citadas, un papel protagonista, en este caso, una casa que esconde importantes secretos. La casa-oficina del ex-primer ministro es un fortín de corte industrial anclado en una playa de una isla de un Boston ficticio que en realidad se localiza en una isla alemana del Báltico, casualmente la misma donde Murnau rodó su Nosferatu. Otro aliciente de esta película, rodada con la mejor sobriedad del director de La muerte y la doncella o El quimérico inquilino, por citar dos películas que me recuerdan a El Escritor, es poder ver de nuevo a Eli Wallach a sus casi 95 castañas. Tremendo.
Cómo olvidar la mansión de James Mason en Con la muerte en los talones, aunque la maqueta de una casa de Frank Lloyd Wright nos situase junto al Monte Rushmore en Dakota del Sur y no en Los Angeles. Pues con The Ghost Writer, Polanski ha querido estar otra vez un poquito más cerca de Hitchcock, además de por múltiples referencias y similitudes –un protagonista sin nombre, una música asfixiante a lo Bernard Hermann, unos personajes con pasados alambicados, una atmósfera desasosegante…- por presentarnos una casa que cumple, como muchas de las anteriormente citadas, un papel protagonista, en este caso, una casa que esconde importantes secretos. La casa-oficina del ex-primer ministro es un fortín de corte industrial anclado en una playa de una isla de un Boston ficticio que en realidad se localiza en una isla alemana del Báltico, casualmente la misma donde Murnau rodó su Nosferatu. Otro aliciente de esta película, rodada con la mejor sobriedad del director de La muerte y la doncella o El quimérico inquilino, por citar dos películas que me recuerdan a El Escritor, es poder ver de nuevo a Eli Wallach a sus casi 95 castañas. Tremendo.
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jueves, marzo 25, 2010
¡Urruti, t'estimo!
Ayer se cumplieron 25 años de la liga de Terry Venables con el Barça. Los jugadores de aquel año salieron al Camp Nou a recibir aplausos y homenajes. Carrasco, Víctor, Moratalla, Rojo, Schuster, Alexanco, Pedraza, Archibald, "Pichi" Alonso, Marcos... Entre todos, faltaba Javier Urruticoechea, aquel gran Urruti que yo tenía en los cromos junto con Artola y que murió en accidente de coche hace nueve años. El mismo del que me vestía con su traje azul cuando yo era pequeño, el eterno portero suplente de Arconada en la selección (tres mundiales sin rascar bola, el de México ya bajo la sombra de Zubi), un hombre bueno que en aquel marzo del 85 paró un penalti que significó la consecución de un título de liga que el Barça no alcanzaba desde mediados de los setenta. Casi nada. Para siempre quedará la narración de Joaquim Maria Puyal y su ya mítico ¡Urruti, t'estimo! Pues eso, portero.
miércoles, marzo 24, 2010
Y dale...
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miércoles, marzo 17, 2010
Los sesenta son moda
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Hace unas semanas esta bitácora sacaba su lado más homo al rendirse a las gracias de George Clooney (por cierto, impagable verlo con bigotito y pelo largo haciendo de joven aprendiz de soldado hippie en Los hombres que miraban fijamente a las cabras). Pues bien, hoy este espacio tan machote y varonil vuelve a ponerse fino. Pero así nos las gastamos, somos capaces de destacar el nuevo álbum de Los Chicos (el mejor grupo cutre de la actualidad garagera) como el disco de la semana y al mismo tiempo hablar de algo tan opuesto como el look de una peli gayer tipo A single man. Que conste que cuando digo gayer es con todo el cariño, entendiendo que la historia que cuenta Tom Ford a partir de la novela de Christopher Isherwood es universal y no sólo afecta a una minoría concreta. Con todo, la minoría –descrita como aquella que produce temor en la mayoría- es parte esencial del relato, tanto intelectual como estéticamente. Pero más que destripar el argumento y las claves del guión de la película, prefiero centrarme en las apariencias. El esteta que llevo dentro (sin risas, por favor, que esto es muy serio) me atrajo a la sala de cine de la misma manera que me engancha a la pantalla de mi tele cuando echan Gilda (ayer mismo, sin ir más lejos) o cuando dan Mad Men, tramas aparte. Precisamente la serie de la HBO comparte tiempo con la peli del estrábico diseñador, aunque no espacio. Los primeros sesenta, en un caso en Manhattan y alrededores, en el otro en la soleada Los Angeles. Si en Mad Men podemos hablar de cierta atmósfera opresiva dibujada a través de claroscuros, de casas unifamiliares de suburbio de clase media, en A Single Man la atmósfera se tiñe en ocasiones de cálidos y favorecedores atardeceres al tiempo que los instantes más sombríos se dibujan con una exquisita sofisticación. Encuadres perfectos, vestuario a medida, viviendas de revista, belleza estomagante... No es lo mismo prepararse una copa en la cocina de Don Draper que hacerlo en el salón multicolor de Charley (Julianne Moore). No es lo mismo un revolcón en el camastro de alguna de las queridas ocasionales del héroe publicista que un revolcón en el dormitorio del profesor George Falconer (Colin Firth), practiquemos el sexo con quien lo practiquemos. Cada uno tendrá sus preferencias (visuales, me refiero). El caso es que ambos responden a dos ejercicios de virtuosismo escenográfico. Pero claro, entre ambas orillas, el abismo polvoriento, todo hay que decirlo, salvando las consiguientes excepciones metropolitanas de un país-continente. En cualquier caso, aquellos cincuenta y sesenta fueron aquellos maravillosos años. Recordémoslos escuchando el Manhattan de Ella Fitzgerald mientras nos servimos un dry martini y fumamos lucky strikes. Si no, siempre nos quedarán Los Chicos y su sonido apestoso y adictivo.
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lunes, marzo 08, 2010
La vigencia de los mitos
La casualidad quiere que días después de asistir en El Matadero de Madrid a la obra de Tom Stoppard, Rock ’n’ Roll, el diario El País refleje la publicación del libro Bandera Roja en el que David Priestland reflexiona sobre las causas del fracaso del comunismo. Las contradicciones del sistema, la distancia entre teoría y puesta en práctica, la rigidez del dogma, la grisura de un mundo incapaz de imponer realidad moderna y, sobre todo, la cruenta aplicación de métodos depurativos de la doctrina en las visiones más radicales del catecismo marxista terminó por estrangular su futuro y por sepultar la aspiración de gran parte de aquellos ideales. Estas y otras muchas cuestiones parece abordar el libro de Priestland, al igual que el texto de Stoppard, auténtico renovador de la escena contemporánea y brillante guionista cinematográfico, entre otras muchas facetas de su vida laboral. Y es que al menos el libro, cuyo subtítulo reza Historia política y cultural del comunismo, irrumpe a colación de una ingenua tendencia a pensar que en estos tiempos de crisis global en los que el capitalismo parece tambalearse, tal vez haya espacio y oportunidad para un cambio de estructura, de valores, de sistema. No digo que sea el comunismo la alternativa elegida por esos incautos que creen ver luz en tanto drama financiero, pero sí que es el capitalismo el modelo que creen ver ajusticiado. Pobres. Bien claro lo deja Max, el personaje creado por Tom Stoppard para servir de eje dialéctico de la ortodoxia revolucionaria, en un momento de lucidez ya apartado del partido con mayúsculas y cargado de todo el cinismo que proporciona su experiencia: “el capitalismo, como la energía, no se destruye nunca, sólo se transforma”. Es también Max, desde su (des)enfoque pero desde el compromiso con su causa, el que se lamenta del inocuo manejo de la libertad por parte del estrato más bisoño de las sociedades actuales. Esa libertad que ni siquiera se la daba para sí mismo no es nada, a su juicio, en manos de perezosos e ignorantes que se hunden en la molicie frente al televisor. Algo desolador contiene esta reflexión si no fuera porque para muchos la libertad no se sujeta a condiciones por lo que precisamente uno de esos usos tiene que ver con el derecho a no cambiar el mundo, opción imposible de haber marcado en el formulario ministerial al otro lado del muro. Ello no resta significado a la paradoja de los últimos días del viejo Max, tan alejado –es un decir- ya del mito comunista, acomodado –es un decir, también- en tierras británicas recién consagradas al tatcherismo: el “después de tanto, ¿para qué?” frente al orgullo de haber consagrado su vida a algo. Pese a todo, Stoppard fue inmensamente feliz en la Inglaterra de la Swinging London, y el símbolo de aquel grupo de Praga, los Plastic People of the Universe, encarcelado por el régimen al identificar desideologización con subversión, todavía tiene vigencia. El mito de Syd Barrett –una de las inspiraciones de la obra teatral-, más que el de Lenin, también.
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miércoles, marzo 03, 2010
Johnny Cash en espíritu
Si en el último post hablábamos precisamente del pasado viernes, resulta que también el pasado viernes un tan Johnny Cash hubiera soplado 78 velas. Un buen día, a pesar de su ausencia, para publicar su disco póstumo, la colaboración definitiva con Rick Rubin, American VI: Ain't No Grave. Escribimos esto mientras lo escuchamos. Otra vez su voz anciana de plegaria sureña. Otra vez su voz palpitando en primer plano y otra vez un torrente de imágenes cuarteadas en blanco y negro y sepia. Paso directamente de las primeras canciones a la última, Aloha Oe, una balada hawaiana estremecedora en su garganta. Vuelvo a For The Good Times, de Kris Kristofferson, a un paso del gigante, y parece como si Cash nos hablara desde el otro lado, sonriente en su dignidad, relativizando su pérdida. Qué más le podemos pedir. Sólo nos queda agradecer una vez más a Rubin su perseverancia y al hombre de negro su mera existencia. ¡Salud!
Aprovechamos la ocasión e incluimos como ya hizo el blog del programa de Radio 3, 180 Grados, el vídeo de Snoop Dogg, My Medicine, un temazo en honor de Johnny Cash publicado en su disco Ego Trippin'. Sí, el viejuno es Willie Nelson. Cosas de Snoop y del country.
Aprovechamos la ocasión e incluimos como ya hizo el blog del programa de Radio 3, 180 Grados, el vídeo de Snoop Dogg, My Medicine, un temazo en honor de Johnny Cash publicado en su disco Ego Trippin'. Sí, el viejuno es Willie Nelson. Cosas de Snoop y del country.
lunes, marzo 01, 2010
La memoria de Castro Prieto

El viernes pasado me pasé por el salón de actos del antiguo hospital de Santa María la Rica para asistir a una clase maestra con uno de los popes de la fotografía española, Juan Manuel Castro Prieto. El visionado de un videomontaje con algunas de sus mejores imágenes pasó a una interesante charla en la que este madrileño con más de 30 años de callo reconoció estar desde hace cinco desarrollándose en su verdadera madurez. Enfrascado en varios proyectos con el denominador común de la memoria (fotografía compulsivamente el pueblo de sus padres, fotografía museos...), explicó su paso radical y obligado del blanco y negro al color. Resulta que el hombre ya no ve el mundo en blanco y negro, sencillamente. Durante el coloquio, además de filosofar sobre lo humano y lo divino, también dio tiempo para confesar su protocolo de trabajo (tira en analógico, escanea el negativo y retoca digitalmente el resultado; la utilización de todos los formatos, desde el 35 mm a las placas de 20x25 -este último cacharo le sirve para sus famosos desenfoques selectivos como recursos narrativos relacionados con lo onírico y lo irreal; su rutina es esperar a que pase algo, él no construye puesta en escena...), así como para aligerar la conversación con determinados consejos técnicos. Estas revelaciones le valieron para desmitificar el papel de las cámaras e incluso se atreviera a dar valor a las fotos capturadas con teléfonos móviles. La cámara, en sus manos, no es más que una herramienta de traducción. Sin embargo, no puede evitar reconocer que sin ella él no sería nada. pues sin la fotografía no tendría manera de entablar relación con los demás, algo así como si a cualquier ser humano le extirparan la lengua y le incapacitaran para el lenguaje. Es su defensa de la fotografía como lenguaje autónomo (nunca habló de arte). Dentro de ese lenguaje considera imprescindible la evolución, el cambio constante. Los grandes nunca se acomodan. En su trabajo, por ejemplo, contempla una pérdida de potencia visual en favor de un mayor calado narrativo. Además, en tiempos de la tiranía digital impuesta a golpe de Photoshop, él ha ido rebajando el umbral de dramatismo, algo que permite a sus trabajos más simbólicos y a los últimos proyectos con la memoria como obsesión recurrente atrapar durante más tiempo la mirada del público y, por lo tanto, su reflexión. ¿Prefiere hacer cosquillas que pegar un puñetazo en el estómago?

Les dejo con algunas de sus fotos de sus diarios de viaje por Perú o de su interpretación del hombre ancestral y sin contaminar en algunas tribus de Etiopía. Yo me pongo con los apuntes de Chema Madoz en el canal de televisión de PhotoEspaña.


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Juan Manuel Castro Prieto
jueves, febrero 25, 2010
Ilumina a patadas
Ya no hay que cambiar una bombilla fundida o cuidarse de una descarga fatal por un mal casquillo. La Magic Light puede ser una realidad. Miren el vídeo y descubran una fuente de luz aplicable no sólo a una habitación de hotel sino a cualquiera de nuestros hogares. Limpia, segura... y juguetona. Antes de que incluya algunas fotos de las habitaciones zen de Arata Isozaki en el hotel Silken Puerta de América de Madrid, les dejo con este apertivo de iluminación inteligente.
Magic Light Prototype from adrian333 on Vimeo.
martes, febrero 16, 2010
Tony Soprano en el diván
"La prueba es lo que ocurre en el fenómeno de lo unheimlich. Cada vez que, repentinamente, por algún incidente fomentado por el Otro, su imagen en el Otro le parece al sujeto privada de su mirada, se deshace toda la trama de la cadena de la que el sujeto es cautivo en la pulsión escópica, y es el retorno a la angustia más basal."

Esta frase escrita por Jacques Lacan en una de sus obras dedicadas al psicoanálisis y otras muchas plasmadas por él y por los autores -o capos- de Los Soprano Forever, Antimanual de una serie de culto, dan forma a un librito que trata de servir al mismo tiempo de homenaje y enfoque a la serie protagonizada por el gánster gordinflón de Nueva Jersey que nos provoca esa simpatía por el diablo -Tony- que tan bien queda razonada por Noël Carroll, uno de los inquietantes plumillas de esta obra publicada por la editorial Errata Naturae. No podría darse otro acercamiento más recurrente al meollo de este producto televisivo que el que parte desde los significados del inconsciente, amplificando las sesiones a las que Tony Soprano acudía con la doctora Melfi. Lectura densa y complicada como todo volumen donde se destripa al Ello, al deseo, a las imágenes en el espejo o a lo simbólico en relación a lo real o a lo imaginado, Los Soprano Forever cuanto menos es una confirmación más de la hipnosis y adicción que ha provocado la historia de esta familia mafiosa en un buen número de personas y la certeza de que la televisión lleva ocupando los últimos años un lugar de jerarquía respecto al cine -"no pasa semana sin que algún intelectual de renombre diga eso de Si Cervantes/Shakespeare/Austen/Dickens/Dumas/Proust viviera, hoy estaría escribiendo guiones para la HBO"-. En Los Soprano parece encontrase todo: la familia, la religión, la violencia, la abulia, la obesidad, la depresión, el sexo, la política, el cine... Y sus adeptos, enfermos de necesidad, hacen cosas como este libro o, en su defecto, ejercicios tan delirantes como el que se puede encontrar en la web http://www.masterofsoprano.wordpress.com/ donde se analiza pormenorizadamente posibles pistas, indicios o teorías que llevan a la conclusión de un posible asesinato de Tony oculto en el magistral final de la serie. De El Padrino al 11-S, de las inocentes palabras de David Chase a la reconstrucción plano a plano de la última secuencia. Reconozco no haber leído ni la mitad de semejante pajote mental, pero no dudo de su valor testimonial. Pirados hay en todas partes, y Los Soprano generan ese efecto.

Esta frase escrita por Jacques Lacan en una de sus obras dedicadas al psicoanálisis y otras muchas plasmadas por él y por los autores -o capos- de Los Soprano Forever, Antimanual de una serie de culto, dan forma a un librito que trata de servir al mismo tiempo de homenaje y enfoque a la serie protagonizada por el gánster gordinflón de Nueva Jersey que nos provoca esa simpatía por el diablo -Tony- que tan bien queda razonada por Noël Carroll, uno de los inquietantes plumillas de esta obra publicada por la editorial Errata Naturae. No podría darse otro acercamiento más recurrente al meollo de este producto televisivo que el que parte desde los significados del inconsciente, amplificando las sesiones a las que Tony Soprano acudía con la doctora Melfi. Lectura densa y complicada como todo volumen donde se destripa al Ello, al deseo, a las imágenes en el espejo o a lo simbólico en relación a lo real o a lo imaginado, Los Soprano Forever cuanto menos es una confirmación más de la hipnosis y adicción que ha provocado la historia de esta familia mafiosa en un buen número de personas y la certeza de que la televisión lleva ocupando los últimos años un lugar de jerarquía respecto al cine -"no pasa semana sin que algún intelectual de renombre diga eso de Si Cervantes/Shakespeare/Austen/Dickens/Dumas/Proust viviera, hoy estaría escribiendo guiones para la HBO"-. En Los Soprano parece encontrase todo: la familia, la religión, la violencia, la abulia, la obesidad, la depresión, el sexo, la política, el cine... Y sus adeptos, enfermos de necesidad, hacen cosas como este libro o, en su defecto, ejercicios tan delirantes como el que se puede encontrar en la web http://www.masterofsoprano.wordpress.com/ donde se analiza pormenorizadamente posibles pistas, indicios o teorías que llevan a la conclusión de un posible asesinato de Tony oculto en el magistral final de la serie. De El Padrino al 11-S, de las inocentes palabras de David Chase a la reconstrucción plano a plano de la última secuencia. Reconozco no haber leído ni la mitad de semejante pajote mental, pero no dudo de su valor testimonial. Pirados hay en todas partes, y Los Soprano generan ese efecto.
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jueves, febrero 11, 2010
Quiero ser George Clooney
... o su colega, lo que sea. Vale, es imposible, sobre todo lo de parecerme a él, pero es verdad, ¿por qué no soy capaz de odiar a este señor? Es la encarnación de la perfección y eso debería irritarme, pero ahí tenemos una cualidad más de su impecable paso por el mundo de los vivos. El hombre más atractivo del mundo debería ser otra cosa. Un tonto a las tres, un pringao, un bobo, un ideal consorte de la Spice pija. Pero no, resulta que el señor más atractivo del mundo es un actor genial, con un gran talento para la comedia, es también un buen director de cine, un hombre que sabe rodearse de personas interesantes, y para joder más la estadística, es un progre de tomo y lomo, uno de verdad, un tipo que combina sensatez y algo parecido a la solidaridad o a la sensibilidad por los más desfavorecidos, o algo así. Un asco. Pero nos cae bien.No hace más que asomar por la pantalla y ya me estoy partiendo. Da igual lo que haga, una media sonrisa de las suyas, un careto de clown, un susurro, un cortejo. Me hace reír, como a las chicas. Qué horror. ¿Dudas en mis sentimientos? No sé, creo que no porque -menos mal- sólo me pasa con él. Clooney, ¡te quiero! Perdón, lo decía en sentido muy machote. Pero es verdad, ayer ví Up in the air y la peli sin ser nada del otro jueves me encantó. ¿Por qué? Por él. Mira que hay herederos de Paul Newman, de Steve McQueen, reencarnaciones de Marlon Brando, imitadores de De Niro o de Pacino. Pero no hay nadie que nos recuerde a Cary Grant. Nadie excepto él. Alguien que no se tome en serio a sí mismo y que al mismo tiempo tenga una personalidad arrolladora, sea un conquistador nato y un tipo creíble. Clooney es todo eso, un actor capaz de salir indemne del ridículo, capaz de enamorar a ella y a él, un vividor al que el traje le sienta muy bien. Cary Grant era así. Eso es muy difícil de imitar.

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martes, febrero 09, 2010
Bienvenidos al zoo
La noche temática de La 2 siempre es un buen caladero de freakadas que ponen la palambrera del revés. Mi repentina senectud me permitió plantarme un sábado por la noche delante de su última edición, dedicada al culto a la fama. En una de sus piezas documentales el protagonismo corría a cargo de los reporteros de la prensa rosa norteamericana, en especial un capo de nombre Règis Navarre, ex-corresponsal de Le Monde en la costa oeste y hoy en día responsable de uno de los chiringuitos más rentables de la caza al famoso en Hollywood. Un tipo con un empleo más o menos interesante y respetado que decide abandonar para montar un emporio mucho más jugoso basado en la rapiña, la busca y captura de presas con gafas de sol, la venta de instantáneas capturadas mediante métodos de comando de fuerzas especiales pero cuyos objetos a retratar en vez de ser instalaciones enemigas o puestos estratégicos son celebrities, carne de quirófano deambulando por Sunset Boulevard, paseando el chucho por Melrose o saliendo de un salón de belleza de Rodeo Drive. A su cargo, el tal Navarre tiene un ejército de noventa paparazzi, incluidos videopaparazzi -una nueva raza con nuevas posibilidades- y hasta ¡mendigos a sueldo! Ya se sabe, los homeless son invisibles y resultan ideales para estas misiones. Claro, que una vez que cobran la pasta que su jefe les paga por sus servicios -unas cuantas fotos tiradas desde su puesto anónimo sin ningún conocimiento técnico, ni falta que hace- supongo que dejarán de estar tirados en la calle y abandonarán su condición de invisibilidad social. Bueno, el caso es que como empleador este tipo no tiene precio. Tipo inteligente, a buen seguro con inquietudes que van más allá del despiadado ejercicio de su ruin trabajo, consciente de la banalidad del contenido de su rutina diaria pero capacitado para montar un operativo tecnológico que consigue optimizar su pequeña gran industria. Cómo mola ser bueno en algo estúpido, me pregunto. Despojarse de todo escrúpulo y arrojarse a la selva que en este caso representa la ciudad de Los Ángeles, posiblemente la más hostil y deshumanizada del mundo libre. Persecuciones, accidentes, peleas entre los reporteros a guantazo limpio en plena calle... Todo vale, absolutamente todo por pescar la exclusiva. La primera foto de la calva de Britney Spears y adiós competencia. Precisamente una de las escenas más espeluznantes de lo visto en el programa tiene que ver con esta número uno del ranking, justo en el momento en el que se afeita la cabeza. Un chivatazo y uno de los mercenarios del teleobjetivo tira unos cuantos disparos. La gente se agolpa en la calle. Ahora la freak de las freaks se está haciendo un tatuaje. Los medios empiezan a lanzar sus flashes. Las teles enfocan a sus reporteras recauchutadas porque la noticia es una bomba. Decenas y decenas de personas esperan la salida de la cantante. Todos están pirados, los de dentro y los de fuera de la jaula. La presa sale y se introduce en su vehículo escoltado por gorilas. El episodio se convierte en un pelotazo para la agencia de Règis Navarre. Las revistas y programas de todo el mundo pagan cantidades millonarias por las imágenes. Esto se ha convertido en un LA Confidential con cero glamour. Una mirada oligofrénica de la mujer de Beckham y un par de balbuceos en un aeropuerto o a la entrada de una boutique valen un dineral. Un trote con las cachas al aire de Paris Hilton otro tanto.Como escribía el otro día en El País Barbara Celis acerca del misterioso Salinger, el raro no era él por querer huir de los horrores del mundo convencional, los raros son los otros, los que se apostaban delante de su casa para poder verle un segundo. Él no quería formar parte del zoo.

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viernes, febrero 05, 2010
Pecado mortal
Antes de nada, saludos y disculpas por el abandono al que he sometido a este foro durante los últimos días. La razón de peso es una razón viajera además de mis escasas ganas por conectarme a la red desde latitudes lejanas. Qué saludable es la desconexión total, ya sea virtual o real, el romper el hilo que te une con la información, con el día a día, con (glups!) las redes sociales, con los medios de comunicación que te dispensan la dosis rutinaria de datos y malos rollos, esos pildorazos que sacian nuestra sed de querer formar parte de un todo interconectado en forma de sociedad moderna. Qué coño, qué bien sienta no encender la televisión en diez días. Luego llegas a casa, abatido por un agotador periplo de aviones y escalas, y es lo primero que haces. Porque es tu instinto. La llamada de la selva catódica. La dronga hertziana. Y vuelves al mundo de siempre, despiertas del letargo. Los gilis de toda la vida no se han cogido vacaciones, siguen ahí al pie del cañón. Las noticias de siempre siguen ahí. Los males no cesan. En fin, que ya estamos listos para continuar con nuestro rol dentro de esta maquinaria dulce que nos hace ser fuertes en la gran ciudad. Qué fea es la gran ciudad, por cierto. Bueno, que seguimos en crisis, ¿no? Vale, que no me entere yo que ha cambiado algo.
Los niños en el parque
Tras este pequeño desahogo, el verdadero motivo de este post era el de reflexionar sobre un sentimiento que me asalta de vez en cuando. Es malo que te cagas y se llama envidia. Hace unas semanas me corroyó un poco cuando ví a algunos de mis colegas cuadrarse un conciertazo en la sala Boite de Madrid. Esta noche preveo sentir algo parecido cuando los niñatos de los Arctic Monkeys hagan de las suyas en el Palacio de Vistalegre. Porque no puedo evitar sangrar por dentro al ver cómo unos tipos con espinillas hacen musicota como el que lava, y me da en la nariz que una cosa es verlos y escucharlos enlatados y otra tenerlos enfrente. Nunca he sentido envidia de Elvis Presley. Ser como él sería insoportable, una auténtica movida. Pero ser un pelín como Alex Turner y ser capaz de hacer un disco como el que esta semana reseñamos en la columna derecha del blog debe ser la hostia. Desde luego, no le deseo todo el bien que quisiera para mí si estuviera en su lugar. Porque la envidia sólo puede ser así, asquerosa y sucia. Eso nos hace más humanos. Dicen.
Los niños quieren ir de guapos. ¡Pues no lo son! Hombre, por favor, sólo faltaba eso
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jueves, enero 21, 2010
La lista de la compra

-Hash afgano
-Galletas de hash con chocolate suministradas en paquetes etiquetados
-Cocaína peruana en copos, como esquirlas de coca nacarada. Con un gramo se llenaban dos frascos de un gramos.
-Cocaína boliviana en roca, dura y pura.
-Cocaína "chicle", una sustancia levemente rasácea que olía como el chicle.
-Marihuana colombiana, a 50 dólares la onza.
-Hierba thai: hojas de marihuana de Tailandia envuelta en palitos -la mejor hierba y la más de díficil de conseguir-, a 150 dólares la onza.
-Marihuana californiana sin semilla.
-Marihuana mexicana con semillitas.
-Marihuana hawaiana.
-Setas alucinógenas en bolsas grandes.
-Surtido de drogas en bolsitas de 10 dólares: una mezcla cuya composición desconocía el comprador.
Este es el listado de estupefacientes que se podían adquirir en una de las fiestas relatadas en Wired: The Short Life and Fast Times of John Belushi, editado en España el año pasado bajo el título Como una moto. La vida galopante de Jon Belushi. Está claro que ya no se hacen fiestas como las de antes.
-Galletas de hash con chocolate suministradas en paquetes etiquetados
-Cocaína peruana en copos, como esquirlas de coca nacarada. Con un gramo se llenaban dos frascos de un gramos.
-Cocaína boliviana en roca, dura y pura.
-Cocaína "chicle", una sustancia levemente rasácea que olía como el chicle.
-Marihuana colombiana, a 50 dólares la onza.
-Hierba thai: hojas de marihuana de Tailandia envuelta en palitos -la mejor hierba y la más de díficil de conseguir-, a 150 dólares la onza.
-Marihuana californiana sin semilla.
-Marihuana mexicana con semillitas.
-Marihuana hawaiana.
-Setas alucinógenas en bolsas grandes.
-Surtido de drogas en bolsitas de 10 dólares: una mezcla cuya composición desconocía el comprador.
Este es el listado de estupefacientes que se podían adquirir en una de las fiestas relatadas en Wired: The Short Life and Fast Times of John Belushi, editado en España el año pasado bajo el título Como una moto. La vida galopante de Jon Belushi. Está claro que ya no se hacen fiestas como las de antes.
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